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21 de septiembre de 2001

En una carta pastoral, el CMI insta a las iglesias de los Estados Unidos de América a que hagan uso de todo su discernimiento para responder a los atentados


Véase Comunicado de prensa del CMI, PR-01-32, 11 de septiembre de 2001

El secretario general del CMI, Dr. Konrad Raiser, envió, el jueves 20 de septiembre pasado, una carta pastoral a las iglesias miembros del CMI en los Estados Unidos de América, para expresarles el apoyo y la compasión de la comunidad ecuménica tras los atentados en Nueva York y Washington, e instarles a que den pruebas de discernimiento y de fidelidad a Dios en las reacciones a nivel local, nacional e internacional.

En la carta se hace referencia a la recomendación del Comité Ejecutivo del CMI de enviar una delegación de dirigentes de las iglesias de todo el mundo a los Estados Unidos como "'cartas vivasí de compasión para reflexionar con ustedes sobre la forma de dar un testimonio común al mundo en momentos de tanto desconcierto".

Transcribimos a continuación el texto de la carta:

Queridos hermanas y hermanos en Cristo:

¡Gracia y Paz sean a ustedes en nuestro único Señor y Salvador Jesucristo!

En el breve mensaje que les envié en nombre del Comité Ejecutivo del Consejo Mundial de Iglesias sobre la trágica mañana del 11 de septiembre, les daba la seguridad de que los acompañaban las oraciones de las iglesias hermanas de todo el mundo. Era una afirmación de fe. Sin embargo, la afluencia sin precedentes de mensajes de pésame, amor y solidaridad de las iglesias del Este, el Oeste, el Norte y el Sur ha sido una prueba de esas oraciones.

Esa expresión de unidad en estos tiempos de tribulación se encarna en las palabras que Pablo escribió a la Iglesia de Corinto: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Así como abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. (...)Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación" (II Co 1:3-7).

Al escribirles, diez días después de la tragedia, vuelven a mi mente las palabras del Apocalipsis de Juan dirigidas al ángel de la iglesia de Éfeso: "Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo y tu perseverancia (...) Has sufrido, has sido perseverante, has trabajado arduamente por amor de mi nombre y no has desmayado" (Ap 2:2-3).

Estos últimos días, ustedes han tratado de responder en la fe a muchas voces contradictorias. Algunos abogan por una forma de justicia en la que se dé un nombre al mal y se identifiquen los responsables para que sean juzgados ante tribunales de justicia competentes. Otros desean una acción militar contundente para demostrar la voluntad de la nación de vengar a sus víctimas y a las pérdidas materiales, y refutar la victoria de sus enemigos. Y otros muchos expresan el mismo temor profundo que han manifestado las iglesias del exterior en sus mensajes ante la posibilidad de que Estados Unidos vuelva a hacer uso de su indiscutible poderío militar. Temen que esa acción tenga como resultado una espiral de la violencia y la pérdida de aún más vidas.

Sin mucha reflexión, se pronuncian palabras de condena y se utiliza un lenguaje de "guerra". Y se culpa con facilidad "al enemigo". Estas actitudes se ven confirmadas por las imágenes y los mensajes que se proyectan sin cesar en todas nuestras pantallas de televisión, en cualesquiera partes del mundo en que vivamos. Y es aún más difícil mirarnos en el espejo de ese odio y tener el valor de reconocer que esa violencia está arraigada profundamente en nosotros, en nuestras comunidades e incluso en nuestras iglesias. Son las lecciones que estamos aprendiendo en el Decenio para Superar la Violencia.

Entre los que han contribuido a la extraordinaria efusión de compasión por los Estados Unidos se cuentan muchas otras comunidades religiosas, que comparten los sufrimientos y los temores que los embargan a ustedes. Y como respuesta a esa actitud, aunque también imbuidos de un sentido propio de justicia, ustedes han extendido la mano a los miembros de esas comunidades en su país y han hablado sin ambages contra las amenazas o los actos reales de violencia contra los musulmanes y los árabes estadounidenses. Es necesario dar a conocer este pujante testimonio en todo el país y en el exterior. Nadie tiene derecho a olvidar que en los lugares que suelen mencionarse como principales blancos de las represalias militares conviven musulmanes, cristianos y creyentes de otras religiones. Las comunidades cristianas minoritarias y las comunidades mayoritarias con las que comparten sus vidas pueden ser víctimas de graves sufrimientos en manos de los extremistas religiosos si el Occidente "cristiano" vuelve a atacar.

Mucha gente en ese país y en todo el mundo se ha reunido durante esta última semana en las iglesias para reflexionar en silencio, e invocar la presencia del Espíritu Santo, que está entre nosotros en tiempos de tribulación y nos acompaña por el "valle de sombra de muerte". En esos espacios seguros, los cristianos y otras personas han tratado de discernir el profundo significado de esos actos insensatos y de los sufrimientos que han infligido. De hecho, es un momento de sereno discernimiento de los "signos de los tiempos", de valor y de sabiduría, un momento de orar a Dios para que nos guíe. Como dice el profeta Isaías: "en la quietud y en la confianza estará vuestra fortaleza" (Is 30:15).

Ahora bien, el mensaje a la iglesia de Éfeso sigue vigente: "Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, arrepiéntete y haz las primeras obras" (Ap 2: 4-5). Estados Unidos fue uno de los artesanos de las Naciones Unidas y se contaba entre los más firmes defensores del estado de derecho a nivel internacional. Sin embargo, últimamente, ha olvidado reiteradamente sus obligaciones internacionales y declarado su intención de ignorar el resto del mundo en favor de lo que considera su propio interés. Y lo hace no sólo por su cuenta y riesgo, sino poniendo en peligro el resto del mundo. Los acontecimientos del 11 de septiembre han recordado una vez más a todas las naciones nuestra vulnerabilidad y que la única verdadera seguridad es la seguridad de todos. Estados Unidos, tantas veces objeto de acusaciones, ha merecido esta vez la compasión y la solidaridad de todo el mundo. Por lo tanto, podría responder de la misma manera con humildad cambiando radicalmente de rumbo y uniéndose a la comunidad internacional en pos de la justicia para todos. También podría renunciar a su confianza en el poder militar a cualquier costo y dedicar sus esfuerzos a la búsqueda de soluciones noviolentas a los conflictos que son el resultado de la pobreza, la desconfianza, la codicia y la intolerancia.

Como dice el autor del libro del Apocalipsis: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias" (Ap 2:7) .

Una de las principales características del Movimiento Ecuménico es que las iglesias comprenden la oración de Jesús que todos sean uno, como él es uno con el Padre. Las iglesias están llamadas a poner en práctica su amor recíproco y a extender ese amor incluso al enemigo, para que, como se expresa en el himno tan conocido: "Oriente ni Occidente hay, en Cristo y su bondad, incluida en su amor está la entera humanidad". Nadie puede vivir solo, separado del resto de la comunidad, porque compartimos la misma humanidad. Cuando uno sufre, todos sufrimos juntos.

Como manifestación de esa comunión, el Comité Ejecutivo del CMI ha expresado su deseo de enviar una delegación de dirigentes de las iglesias de todo el mundo como "cartas vivas" de compasión, para reflexionar con ustedes sobre la forma de dar un testimonio común al mundo en momentos de tanto desconcierto. Espero que ustedes los reciban con los brazos abiertos para poder hablar con ellos en toda confianza como ellos harán con ustedes.

Les reitero tengan la seguridad de nuestras constantes oraciones, de nuestro amor y del aprecio que tenemos por sus ministerios de consuelo y de visión profética. Que Dios los bendiga, los guíe y continúe dándoles la fortaleza necesaria.

Los saludo en Cristo, el Príncipe de Paz."


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