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Desde que se diagnosticaron los primeros casos de SIDA, hace apenas veinte años, y se identificó el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), esta enfermedad ha cambiado radicalmente la vida de personas, comunidades y naciones en todo el mundo.
Sólo una iglesia curada
En 1994 el Comité Central designó un grupo ecuménico consultivo integrado por especialistas en diversas disciplinas a los que se les pidió que examinaran la respuesta de las iglesias frente al SIDA desde tres perspectivas diferentes: teología y ética, justicia y derechos humanos, y atención pastoral.
El informe elaborado por ese grupo describió el SIDA como «un foco que ha revelado muchas injusticias latentes en nuestras comunidades y que hasta ahora no habíamos tenido el coraje de afrontar».
Este enfoque del SIDA como cuestión pastoral apunta a una larga tradición ecuménica de ayudar a las iglesias a asumir seriamente su papel como comunidades terapéuticas.
Tal vez en otro tiempo el vínculo entre las iglesias y la curación era mucho más evidente en la misión médica. Pero hoy se reconoce cada vez más que la curación y la salud integral requieren algo más que atención médica.
Las dificultades de las iglesias para responder a la pandemia del SIDA ponen en evidencia la indisoluble relación que existe entre curar y ser curado. Como se expresó en el mensaje de la Conferencia Mundial de Fe y Constitución celebrada en Santiago de Compostela en 1993:
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![]() De izquierda a derecha y de arriba a abajo, las imágenes son: 1: Ginebra, Suiza, 1996: reunión del Comité Central del CMI, lazo del SIDA 2: Ginebra, Suiza, 1996: reunión del Comité Central del CMI (Fotos: Peter Williams/CMI) Images and Visions of AIDS: Janis Pozzi-Johnson (EE.UU.) Y Sergio Centeno (Puerto Rico). |