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Gran parte de la energía del Movimiento Ecuménico provino de jóvenes comprometidos y de estudiantes cristianos que interpelaron a sus mayores exhortándolos a derribar las barreras que los dividían.
Las fuerzas
Eran proyectos muy variados: construir un hogar para refugiados en Alemania; excavar una alcantarilla para una escuela protestante en Francia, a través de un kilómetro de terreno pedregoso y polvoriento; desbrozar una parcela para transformarla en un terreno de juego para niños en Japón. Con los años, el número de campamentos de trabajo en África, Asia y América Latina creció significativamente.
Los encuentros interculturales e interconfesionales en torno a una tarea común de reconstrucción, rehabilitación o prestación de un servicio a la comunidad infundieron en muchos jóvenes cristianos el afán de trabajar por la unidad y la renovación de sus iglesias. En un mundo en el que la amenaza de la guerra nuclear causaba temor e incertidumbre, esta experiencia ahondó en ellos la conciencia de su propia responsabilidad social, económica y política.
Como muchas otras iniciativas del CMI, los campamentos de trabajo ilustraron la convicción expresada en el mensaje de la Asamblea de Vancouver en 1983:
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![]() De izquierda a derecha y de arriba a abajo, las imágenes son: 1: 1961: Campamento de trabajo de Wilgespruit, cerca de Johannesburgo (Foto: CMI) 2: Nueva York: erigiendo una cruz ortodoxa en un campamento de trabajo (Foto: John Taylor/CMI) 3: 1961: Campamento de trabajo de Wilgespruit, cerca de Johannesburgo (Foto: CMI) 4: Atolón Bikini, Islas Marshall, 1 de julio de 1946: ensayo atómico (Foto: Jack Rice/AP). |