Permaneceremos Juntos
Un espíritu de apertura



De izquierda a derecha y de arriba a abajo, las imágenes son: 1: Suiza, 1994: Instituto Ecuménico de Bossey (Foto: Peter Williams/CMI) 2: Suiza, 1995: Instituto Ecuménico de Bossey, Escuela Superior de Estudios Ecuménicos (1994-1995) (Foto: Peter Williams, CMI) 3: Tachai, China: Soldados del Ejército Popular de Liberación reciben formación política (Foto: Peter Ibbotson/Camera Press/Londres) 4: Suiza, 1994: Instituto Ecuménico de Bossey (Foto: Peter Williams/CMI) 5: Berlín: La guarnición más solitaria del mundo (Foto: Stuart Heydinger/Observer Camera Press/Londres).

En octubre de 1946, el Consejo Mundial de Iglesias abrió su Instituto Ecuménico en el castillo de Bossey, en las afueras de Ginebra. Seis años después se inauguró el primer curso anual de la Escuela Superior de Estudios Ecuménicos.

Un espíritu
de apertura


Desde entonces, miles de hombres y mujeres provenientes de todo el mundo y de todas las confesiones cristianas han acudido a Bossey para asistir a seminarios, conferencias y participar en el ciclo académico de estudios ecuménicos superiores. Gracias a estos encuentros, Bossey ha llegado a ser un «laboratorio para la vida ecuménica».

Con su apacible entorno dominando el lago Leman en medio de bosques y campos, al pie de las montañas del Jura, Bossey es un lugar ideal para reflexionar y estudiar. Pero las personas que vienen al centro, la riqueza de experiencias que aportan y los temas que examinan han garantizado también que sea un lugar de animadas discusiones, de discrepancias frontales a veces, y de descubrimientos. Por idílico que pueda parecer, Bossey jamás está aislado de las realidades del mundo que lo rodea.

El desarrollo del Movimiento Ecuménico depende de las personas que se consagran a él. Para muchas, durante largos años ya, Bossey ha sido un lugar muy especial para realizar esa vocación. Un informe de su director la definía así, en 1989, refiriéndose al Instituto Ecuménico:

Lo que hace único a Bossey es su situación, la belleza del paisaje, el marco que lo rodea. Es un espacio que invita a los participantes a abrirse unos a otros, a descubrir la riqueza de los dones que Dios ha derramado en nosotros a través del encuentro con aquellos que son tan diferentes de nosotros. Pero Bossey es también un lugar frágil, vulnerable. Todos los conflictos que surgen del encuentro de las culturas se plantean también aquí.



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