Permaneceremos Juntos
Nuestro encuentro en Cristo



De izquierda a derecha y de arriba a abajo, las imágenes son: 1: Estocolmo, Suecia, 1925: Conferencia de Vida y Acción 2: Amsterdam, Países Bajos, 1948: Asamblea constituyente del Consejo Mundial de Iglesias 3: 1938: Carta del Obispo Temple 4: Amsterdam, Países Bajos, 1948: Asamblea constituyente del Consejo Mundial de Iglesias (Fotos: CMI).

El 23 de agosto de 1948 los delegados de 147 iglesias, reunidos en Amsterdam, fundaron oficialmente el Consejo Mundial de Iglesias (CMI).

Nuestro
encuentro
en Cristo


El CMI nació como fruto del Movimiento Ecuménico, entendiendo por tal el creciente número de iniciativas que, desde principios del siglo XX, intentaron superar las divisiones entre los cristianos. Dos de esas corrientes confluyeron para formar el CMI: el movimiento Fe y Constitución, centrado en el análisis de las diferencias doctrinales, y el movimiento Vida y Acción, que promovía la cooperación y la reflexión en común en los ámbitos de la acción social cristiana.

En 1961 se fusionaron el CMI y el Consejo Misionero Internacional, otro impulso pionero en la búsqueda de la unidad cristiana. Diez años después, el Consejo Mundial de Educación Cristiana pasó a formar parte oficialmente del CMI.

El tema de la Asamblea fundacional de Amsterdam, «Desorden del hombre y designio de Dios», resonó con acentos de confesión y de esperanza en el mensaje que los delegados dirigieron a las iglesias.

Confesaban con sinceridad que el desorden humano era evidente no sólo en las cicatrices que había dejado la Segunda Guerra Mundial y en los presagios de la Guerra Fría que ya se anunciaban, sino también en el orgullo, la intolerancia, la ambición de poder y la discriminación que desgarraban la unidad de la Iglesia de Cristo.

Por eso insistieron públicamente en su intención de «permanecer juntos». Su mensaje vinculaba la fe de la iglesia a su continua búsqueda de la unidad:

No sólo nos dividen materias de fe, constitución y tradición, sino también el orgullo de las naciones, las clases y las razas. Pero Cristo nos ha hecho suyos, y Él no está dividido. En la búsqueda de Cristo nos encontramos unos a otros.



Próximocartel: Una iglesia del forastero
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