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23 de mayo de 2001

"El diálogo interreligioso no es una ambulancia"
Una entrevista sobre tolerancia religiosa, conflicto y construcción de la paz


La cuestión de la libertad religiosa ha sido una importante preocupación del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y sus iglesias miembros desde los comienzos del Movimiento Ecuménico moderno en los albores del siglo XX, y el artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos se basa en la declaración sobre libertad religiosa aprobada por la Primera Asamblea del CMI en Amsterdam en 1948.

El pensamiento ecuménico acerca de la noción de libertad religiosa ha evolucionado progresivamente a la luz de las experiencias concretas de las iglesias miembros del CMI en todo el mundo en contextos muy diferentes. A lo largo de los años, las iglesias han llegado a la convicción de que la libertad religiosa no puede disociarse de otros aspectos de los derechos humanos y de que la Iglesia no puede pretender la protección de sus propios derechos independientemente de la preocupación por los derechos fundamentales de todos.

La libertad religiosa y la tolerancia religiosa tienen muchas facetas, al igual que los aspectos interreligiosos de los conflictos y de la solución de los conflictos. Así pues, estas cuestiones afectan a varias dimensiones de las actividades del CMI. ¿De qué manera ha de responder el CMI? ¿Existen nuevas tendencias y desafíos que debe tener en cuenta?

El pastor Dwain Epps del Equipo de Relaciones Internacionales del CMI, el doctor Tarek Mitri y el doctor Hans Ucko de Relaciones y Diálogo Interreligiosos del CMI conversan sobre este tema con Karin Achtelstetter, encargada de la Oficina de Relaciones con los Medios de Información:

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Karin Achtelstetter: El Consejo Mundial de Iglesias presentó una declaración escrita sobre la intolerancia religiosa en el 57 período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Sobre la base de informes recibidos, el CMI señaló a la atención de la Comisión algunos factores que contribuyen a exacerbar la intolerancia religiosa, como la injusta distribución de los recursos económicos y el rechazo de compartir el poder político por los gobiernos, o la manipulación de la religión utilizándola como "instrumento y catalizador de la escalada" de los conflictos, que es otro punto mencionado en la larga lista del CMI. Ahora bien, mirando a los resultados de la reunión, ¿creen ustedes que la Comisión de las Naciones Unidas dio un paso importante adelante "para salvaguardar y promover la libertad religiosa, especialmente por lo que respecta a las minorías religiosas" y para "promover la confianza y un clima mundial de tolerancia religiosa, de paz y de noviolencia" - objetivos que se destacan en la declaración del CMI?

Dwain Epps: Al introducir este asunto, como se suele decir en estos medios, en la Comisión de Derechos Humanos, nuestra intención era establecer un clima más positivo para los debates en la Comisión, especialmente en relación con la cuestión muy controvertida de la religión en los conflictos actuales. Sabíamos que la tendencia que predominaba en esta reunión era volver a dividir el mundo, tras la Guerra Fría, sobre la base de antagonismos de culturas y, en cierto sentido, de antagonismos de religiones. Y cuando se habla de religión, las emociones suelen pasar a dominar sobre la razón.

Ahora bien, en este tipo de cuestiones no se pueden esperar resultados inmediatos. En esta Comisión de Derechos Humanos se presentó y aprobó una resolución en la que se aborda la cuestión de la intolerancia religiosa y de la manipulación de la religión. En sí mismo éste era un debate bastante polémico, puesto que había casi tantos votos a favor como en contra o abstenciones. Sin embargo, las reacciones a nuestra declaración ponen en evidencia que logramos tener cierta influencia para moderar el debate. Muchas de las víctimas pudieron reconocerse en nuestra declaración, o sea, que fueron capaces de decir: "No, en realidad, no es necesariamente porque somos cristianos que se nos ataca, sino más bien por razón de problemas muy profundos, políticos, militares, económicos y de otra índole". Pienso que si no fue la primera, al menos fue una de las declaraciones más incisivas y claras sobre esta cuestión presentadas por el CMI en la Comisión durante todos estos años en que hemos estado ocupándonos de la intolerancia religiosa.

Tarek Mitri: Deseo agregar algo a lo que Dwain acaba de decir. Durante muchos años, las organizaciones nacionales y los gobiernos subestimaron el papel de la religión en los conflictos y las tensiones. Ahora ocurre exactamente lo contrario: la tendencia es a dar excesiva importancia al papel que desempeña la religión. La gente suele referirse a las violaciones de la libertad religiosa como si fueran lo mismo que las violaciones de los derechos humanos, que, en realidad, tienen poco o a veces nada que ver con la religión. Sea lo que fuere, debemos reconocer que la libertad religiosa y los derechos humanos son inseparables. Los derechos humanos de las minorías y los derechos humanos de las mayorías también son inseparables. Los derechos sociales y políticos que se niegan a las minorías suelen negarse también a las mayorías. Además, es importante que no se utilice la defensa de la libertad religiosa y de los derechos humanos como un arma que emplea una comunidad religiosa contra otra, ni que sea percibida como tal.

Dwain Epps: El hecho de que algunos informes que se hicieron circular antes de la reunión de la Comisión dieran a entender que el CMI ha condenado en general los ataques de los musulmanes contra las minorías cristianas y que ha adoptado una firme posición de defensa de los cristianos amenazados en el mundo pone en evidencia el problema que se plantea en el clima actual y al que Tarek hacía referencia. Se trata de una distorsión grave de lo que dijo el Consejo. Sin embargo, pone de relieve cuánto suele exagerarse, y a veces mal interpretarse, la cuestión de la religión. Las reacciones que hemos recibido indican la importancia de que el Consejo Mundial de Iglesias continúe sus esfuerzos para dar prioridad al diálogo entre las comunidades, entre las religiones y entre los grupos religiosos como una forma de ayudar a restablecer la armonía y los derechos civiles, políticos, culturales y económicos de los pueblos concernidos.

Karin Achtelstetter: El CMI decidió presentar su declaración escrita sobre la intolerancia religiosa en el marco del tema 11, relativo a la cuestión de los derechos civiles y políticos, en lugar de hacerlo en otro tema del orden de día, por ejemplo, el que trata de la situación por país o por región. ¿A qué se debió esa opción?

Dwain Epps: Se tomó esa decisión debido a que el informe del Relator Especial sobre intolerancia religiosa se trata en el tema 11. Nuestra intención era estimular y apoyar su trabajo. Es a ese nivel de la Comisión cuando se trata la cuestión general de los efectos de la religión en la sociedad o los efectos de las violaciones de los derechos humanos en la religión, la libertad religiosa y la tolerancia. Además, también nos abstuvimos de presentar esta cuestión en relación con la situación de un determinado país, porque teníamos conciencia de la tendencia, por parte de algunos gobiernos y de algunas organizaciones no gubernamentales, de abordar las cuestiones relativas a la religión en determinados lugares de manera muy polémica y controvertida. El CMI está implicado en algunas situaciones en las que las iglesias locales -algunas de las cuales han sufrido terriblemente a causa de conflictos que tenían una dimensión religiosa- le han pedido que no condene a sus gobiernos, sino más bien que apoye sus esfuerzos para restablecer el orden público, precisamente con objeto de reconstruir relaciones armoniosas.

Tarek Mitri: Permítaseme añadir una cuestión importante: los cristianos de muchos países del Sur son muy sensibles al hecho de que se los considere, a veces injustamente, como una especie de apéndice de la cristiandad a nivel mundial. Todo lo que trasmite esa imagen de los cristianos como extranjeros en sus propios países va en su propio detrimento. Por lealtad a su nación, en muchos países, como en Egipto, los cristianos afirman sus derechos -sociales, políticos o religiosos- como ciudadanos. No se sienten cómodos con la noción de minoría. Otro elemento es la injerencia externa. Aún vivimos en un mundo de Estados-naciones, en los que la soberanía nacional sigue siendo muy importante. La injerencia externa, cualesquiera que sean los motivos declarados, sigue siendo una cuestión controvertida en el derecho internacional y en política. En muchos casos de relaciones intercomunales, es un agravante de las tensiones. Exacerba las percepciones erróneas de que son objeto algunas comunidades minoritarias y atiza la hostilidad contra ellas. Creo que no hay ninguna situación de tensiones entre comunidades en un país en la que la injerencia externa haya ayudado de forma positiva a atenuar las tensiones o a resolverlas.

Karin Achtelstetter: La declaración escrita este año se basaba en los intensos contactos con las iglesias miembros del CMI en situaciones de conflicto que tienen un componente religioso importante. Ejemplos de ello son Sudán e Indonesia. Ambos casos se caracterizan por el antagonismo entre cristianos y musulmanes. ¿Podemos decir que la mayoría de los conflictos religiosos actuales son conflictos entre cristianos y musulmanes o hay conflictos en los que participan otros grupos religiosos?

Hans Ucko: Antes de responder a su pregunta, deseo decir algo acerca de la cuestión de la intervención. Nuestro problema es que se nos pide que hagamos algo en relación con este o aquel conflicto particular. Aunque debemos ser prudentes, existe el peligro de ser demasiado cautelosos y de que, por último, se considere que no hacemos nada. Esto es nefasto para nosotros. Por lo tanto, yo estoy a favor de una intervención de índole "pastoral" en las comunidades de que se trate. Pienso que nuestra participación debe ser en el sentido de visitas de equipo interreligiosas, planificadas con mucho cuidado. Tras muchos años de diálogo interreligioso, hemos establecido excelentes relaciones con creyentes de otras religiones, con los que compartimos muchas preocupaciones en común. Por lo tanto, debe ser posible para nosotros pedir a un grupo de cristianos y musulmanes, o de cristianos e hindúes, o de cristianos y judíos, que traten de hacer frente al conflicto juntos o que visiten juntos una determinada región de conflicto. De esta manera, por el hecho de estar juntos, pueden demostrar que hay otras formas posibles de convivencia, y dar un testimonio por modesto que sea.

Un país en el que hay tensiones interreligiosas entre otros grupos religiosos es la India. Allí estamos confrontados con una controversia acerca de la cuestión de la conversión de una y otra parte, o sea, del lado hindú, la reconversión de los cristianos a la así llamada religión original, y, del lado cristiano, los llamamientos (no siempre de indios) a una movilización para plantar la cruz en suelo indio y que, en 2010, todos los hindúes se hayan convertido al cristianismo. Éste es otro ejemplo de religiones que siguen los modelos colonial y poscolonial.

A este respecto, deseo destacar la iniciativa de la Oficina de la Juventud del CMI, de reunir a jóvenes de diferentes religiones y países en conflicto -Israel, Palestina, Sri Lanka, Indonesia, India, Nigeria, Sudán- en un determinado país, en colaboración con creyentes de otras religiones, para tratar de elaborar "carpetas" nacionales con material de promoción de la paz y la reconciliación entre las comunidades religiosas. Es un excelente intento de hacer frente a cuestiones interreligiosas controvertidas en un determinado país o región.

Karin Achtelstetter: Usted acaba de mencionar la iniciativa de la Oficina de la Juventud del CMI. ¿Podría darme otros ejemplos concretos de diálogo interreligioso que ayudan a construir una cultura de tolerancia mutua y de noviolencia en el día de hoy?

Hans Ucko: No hay que dar a entender que el diálogo es una cuestión fácil. En medio de los conflictos, el diálogo interreligioso por sí solo difícilmente puede permitir instaurar una cultura de mutua tolerancia y noviolencia. Sin embargo, hay ejemplos, como en Sierra Leona, donde los creyentes de diferentes religiones han podido hacer avanzar la paz en lugar de atizar el conflicto. Actualmente, en la India, hay comunidades hindúes, cristianas y musulmanas que resuelven los problemas comunitarios mediante el diálogo interreligioso, aunque no a nivel nacional sino a nivel regional y local. Y, pese a todo lo que vemos hoy en relación con la situación de Israel y Palestina, hay palestinos y judíos que se reúnen, aunque más no sea para hacer estudios bíblicos, y que participan en varias organizaciones, por más pequeñas que sean, tratando al menos de apoyarse unos a otros en el intento de llevar adelante su opción, que es la de promover la paz.

Tarek Mitri: En los momentos de tensión comunal o en lo álgido de una crisis, lo más valioso que tienen las personas son los contactos en uno y otro lado de las divisiones comunitarias. Esos contactos han sido construidos con paciencia mediante el diálogo en tiempos de paz. Cuando, en momentos de crisis, los cristianos de las Islas Molucas, por ejemplo, tratan de hablar con los musulmanes y los musulmanes tratan de hablar con los cristianos, es posible apoyarse en esas valiosas relaciones entabladas mediante el diálogo interreligioso. Otro momento en el que son necesarias esas relaciones más allá de las divisiones comunitarias es cuando se llega a la fase de la negociación de la paz en la sociedad. En esos momentos, uno se da cuenta del enorme valor de lo que se ha construido mediante un largo proceso de diálogo, de amistad, de confianza y de lenguaje común. Eso no quiere decir que el diálogo interreligioso resuelva todos los problemas, pues como esos problemas, en un comienzo, no eran religiosos, no es a ese nivel que pueden resolverse. Pero el diálogo sin duda contribuye a la solución.

Hans Ucko: Tenemos que recordar que el diálogo religioso no es una ambulancia. Es un medicamento profiláctico, en el sentido de que, si hemos sido capaces de crear algún tipo de confianza mediante largos años de diálogo interreligioso, puede dar buenos resultados en tiempos de conflicto. Es muy común que la gente pregunte "¿por qué no se ha tratado de entablar un diálogo?" en relación con una u otra situación de conflicto. En estos casos, se está recurriendo al diálogo como si se tratase de una ambulancia que puede resolver un conflicto en el momento más crítico.

Dwain Epps: Para que pueda ahondarse, el diálogo interreligioso debe avanzar paso a paso. Debe ser exploratorio. En esencia, no puede resolver las tensiones cuando ya se ha desencadenado la lucha abierta, pero, como lo sugieren mis colegas, abre posibilidades de cooperación. A otro nivel, existe un amplio sistema de cooperacioón interreligiosa en muchas partes del mundo entre creyentes de diferentes religiones, que no puede considerarse necesariamente un diálogo interreligioso. Como representantes de las diferentes comunidades religiosas, esos creyentes están tratando de lograr la paz y la justicia en la respectiva sociedad. Mientras estamos hablando, los consejos interreligiosos de cinco países de África Occidental, que participan en conversaciones para resolver conflictos internos, están reunidos para examinar las situaciones de Guinea y de Côte d'Ivoire. Desde el comienzo, nuestra decisión fue que, como cristianos, no sólo debíamos participar en esas conversaciones, sino que debíamos hacer uso de nuestra experiencia, nuestra competencia, nuestra buena voluntad, nuestra concepción de la tolerancia y de nuestro trabajo práctico en relación con los grupos interreligiosos, para tratar de hacer frente a esa cuestión.

Karin Achtelstetter: ¿Cómo pueden ustedes explicar en pocas palabras la forma en que los equipos de Relaciones Internacionales y de Relaciones y Diálogo Interreligiosos del CMI se complementan en sus esfuerzos en favor de la solución de los conflictos y de la construcción de la paz?

Dwain Epps: Desde que se creó el Departamento de Diálogo Interreligioso hace ya varios años, las relaciones entre ese sector del Consejo y el que se ocupa de Relaciones Internacionales no han sido en general de colaboración, sino más bien polémicas. Así fue sobre todo respecto de las relaciones entre cristianos y judíos, cuando comenzamos a participar más activamente en la promoción del diálogo por la paz entre palestinos e israelíes. En otros ámbitos, el equipo de Relaciones Internacionales ha considerado que el diálogo interreligioso era interesante pero algo esotérico.

Sin embargo, últimamente nos hemos dado cuenta de que el mundo está cambiando radicalmente. Desde hace tiempo, reconocemos que la religión es un factor importante en los conflictos y en las violaciones de los derechos humanos. Sin embargo, aconsejados por los que están afectados directamente por esos conflictos, habíamos optado por considerar, durante varias décadas, que los conflictos en Irlanda del Norte, Sudán y otros lugares no eran específicamente de índole religiosa. Y sólo hacia 1991 empezamos a reconocer que, aunque la religión en un comienzo fue tan solo un factor que complicaba la situación, es actualmente un aspecto central de esos conflictos.

Esto influyó en gran medida en el equipo de Relaciones Internacionales, impulsándolo en la dirección de una discusión y una cooperación más intensas con nuestros colegas de Relaciones Interreligiosas. Procedentes de diferentes contextos e historias y con responsabilidades también algo diferentes, nos esforzamos actualmente por encontrar la forma en que esa relación pueda llevarse a la práctica. Recientemente, hemos hecho grandes progresos y estamos dispuestos a abrir este diálogo entre los miembros del personal del CMI para que, juntos, comencemos a ahondar en la comprensión de la naturaleza de los nuevos desafíos con los que estamos confrontados.

Hans Ucko: Pienso que es necesario ver esto en el contexto más amplio del entendimiento que tiene el CMI de sí mismo. Para el CMI, la realidad está influida cada vez más por el pluralismo religioso - en el sentido tanto de enriquecimiento como de dificultades y de conflicto. El CMI deberá cumplir su cometido sabiendo que hay otras religiones también implicadas. Podemos utilizar las relaciones que hemos conseguido entablar para encontrar formas de hacer frente a problemas que son los de todos, no sólo de los cristianos. Por lo que respecta a la libertad religiosa, las relaciones entre minoría y mayoría y las situaciones de conflicto en las que la religión desempeña un papel importante, se trata de ámbitos en los que ciertamente nos complementamos mutuamente. Es en nuestro interés recíproco que aunemos los recursos que tenemos.

Dwain Epps: Otra dimensión es la cuestión de la repercusión de la religión en la gobernanza mundial. Esto nos obliga, tanto a nuestros equipos como al Consejo en su conjunto, a ir más allá de lo que habíamos pensado. Estoy pensando en las dos iniciativas de importancia mundial - la cumbre mundial de dirigentes religiosos sobre el milenio de las Naciones Unidas el año pasado y la iniciativa de Hans Kung (World Ethos Initiative). Sin embargo, sabemos que hay por lo menos otras doce iniciativas que tratan de dar respuestas plurirreligiosas, a menudo espirituales o espiritualistas, y más bien simplistas, a los problemas mundiales, que parecen estar por encima de la capacidad actual de responder de manera creativa de las instituciones laicas, intergubernamentales y mundiales. Nosotros como Consejo tenemos que preguntarnos si hemos de participar, sobre la misma base, con comunidades que quizá tengan mil personas, como lo hacemos con las que tienen un millón o con las que pueden representar la cuarta de parte de la población mundial. ¿Cómo hemos de relacionarnos de manera responsable y eficaz con los otros en este nuevo clima en constante evolución? ¿Cuál es la relación entre espiritualidad, religión, compromiso social y la participación de comunidades humanas que tienen una identidad religiosa en el proceso de gobernanza mundial? Éste es ciertamente un nuevo ámbito de exploración que uno y otro tenemos que examinar más a fondo.

Hans Ucko: Es verdad, hay actualmente intentos simplistas de hacer frente a cuestiones complicadas. Tenemos que ser conscientes de ello. Es incluso más importante que colaboremos desde el principio, a fin de evitar hablar de la paz y la armonía únicamente de forma espiritualista - que parece ser muy atractiva pero que es más bien como una gelatina o un helado: se come rápidamente pero no tiene casi sustancia. Tenemos que examinar las diversas iniciativas plurirreligiosas juntos, porque crecen como hongos. Hay una serie de iniciativas serias que nos dicen que "debemos influir para que la religión participe a la hora de resolver algunas de las amenazas que se ciernen sobre el mundo", pero algunos proponen formas simplistas y fáciles, que no tienen en cuenta las verdaderas cuestiones en juego.

Karin Achtelstetter: ¿Podrían ustedes mencionar una región y una cuestión para nuestro trabajo en colaboración?

Hans Ucko: Pienso que sería una locura no involucrar a Relaciones Internacionales en el examen de esas iniciativas mundiales. Pienso que es importante que Diálogo Interreligioso y Relaciones Internacionales aborden juntos aspectos importantes de las relaciones entre israelíes y palestinos. Hemos hablado de Indonesia, donde la situación también presenta los dos aspectos internacional e interreligioso.

Dwain Epps: En África están surgiendo algunas oportunidades claras. Lo que estamos haciendo en Nigeria y en África Occidental se basa en gran medida en los frutos del diálogo entre cristianos y musulmanes. Ahora bien, otras relaciones interreligiosas, específicamente entre cristianos y musulmanes en África Occidental, no son necesariamente el resultado de los esfuerzos del Diálogo Interreligioso del CMI. En estos casos, tenemos la oportunidad de tratar de familiarizar a nuestros colegas de Relaciones Interreligiosas con lo que estamos descubriendo a medida que enfocamos estas relaciones desde la perspectiva de las relaciones internacionales.

Sudán es otra oportunidad, y es una situación muy complicada, podríamos decir controvertida, incluso entre nosotros. Cuando el CMI desempeñó el papel de mediador en 1971 y 1972, estábamos comprometidos en un proceso en el que participaban cristianos y musulmanes. Tanto en el Norte como en el Sur nos pedían claramente que no describiéramos el conflicto como un conflicto religioso, a fin de que las religiones pudieran explicar juntas ese conflicto al mundo exterior de forma en que se pudiera hacer frente a las principales causas: el colonialismo, la pobreza y las circunstancias políticas. Ahora nos encontramos en una situación en la que en ambos lados de la línea divisoria entre musulmanes y cristianos las posiciones se han exacerbado, al punto de que nadie desea realmente entablar un diálogo auténtico. Sin embargo, reconocemos que sin diálogo no hay un futuro a largo plazo para Sudán. Así pues, éste es otro caso específico que requerirá mucho trabajo juntos para comprender de qué manera conviene utilizar nuestras respectivas relaciones, competencias, conocimientos y experiencia para tratar de encontrar un camino que lleve a la paz en ese conflicto que dura desde hace más de 30 años.

Karin Achtelstetter: Muchas gracias.


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