Texto de una carta común del doctor Konrad Raiser, secretario general del Consejo Mundial de Iglesias, y del doctor Ishmael Noko, secretario general de la la Federación Luterana Mundial al señor Densen Mafinyani, secretario general del Consejo de Iglesias de Zimbabwe

Mr. Densen Mafinyani
General Secretary
Zimbabwe Council of Churches
P. O. Box 3566
Harare / Zimbabwe

Ginebra, 25 de abril de 2000

Gracia y paz a todos ustedes en el nombre de Cristo Resucitado.

Al celebrar la Pascua juntos en diferentes lugares, recordamos nuestra unidad en Cristo que se sobrepuso a la muerte para que podamos reconciliarnos con Dios y unos con otros. Así como nos ha llamado a vivir en comunidad, Cristo continúa fortaleciéndonos como discípulos en su ministerio de justicia, paz y reconciliación. Esta es nuestra vocación común, cada uno en su propio lugar de vida y cada uno en nombre de toda la Iglesia, a fin de que el mundo pueda creer en Él.

Seguimos agradecidos por el testimonio del Consejo de Iglesias de Zimbabwe (ZCC) y nos congratulamos en especial de la noticia de que el ZCC se reúne mañana con los dirigentes de los partidos políticos para reflexionar con ellos sobre la responsabilidad que cabe a cada uno en este difícil momento de decisiones cruciales para la nación. Nadie mejor que el Consejo de Iglesias de Zimbabwe para hacer frente a las causas profundas de los problemas con que se enfrenta hoy el pueblo de ese país y nadie mejor que él para llevar a ese pueblo a una paz duradera basada en la justicia para todos.

Tenemos la certeza de que esta reunión, al recordar a los dirigentes de Zimbabwe las obligaciones y responsabilidades del Gobierno, de los partidos políticos y de los ciudadanos en la promoción del bien común, los inducirá a que den lo mejor de ellos mismos. Las estrictas concepciones de un poder político basado en el beneficio personal y en los intereses de determinados grupos nunca podrán garantizar el bienestar de todos. Ha llegado el momento de que los que están llamados a dirigir el país centren su pensamiento y su acción en ese bien común y actúen con honestidad e integridad.

Las iglesias de Zimbabwe comparten la responsabilidad de la gestión de los asuntos públicos de la nación y el pueblo se vuelve a ustedes esperando recibir una clara orientación moral y ética. A fin de que ustedes puedan cumplir ese cometido oramos a Dios para que los ayude a prepararse con seriedad y a ofrecer un testimonio claro y valiente a la población, a los partidos políticos y al Gobierno por lo que respecta a:

  • la primacía del estado de derecho;
  • la necesidad de erradicar la corrupción en el desempeño de funciones oficiales y los abusos del poder;
  • la necesidad de establecer un sistema de gestión responsable de la economía de la nación, en particular una distribución equitativa de la tierra, de otros recursos naturales y de la riqueza;
  • la necesidad de cambiar radicalmente la tendencia al deterioro de los servicios sociales;
  • la necesidad de mejorar la seguridad mediante el fortalecimiento de las bases de la paz y de la estabilidad social; y
  • la necesidad de reconsiderar el despliegue de las tropas de Zimbabwe en el país vecino.

    Sabemos que todo esto requerirá una actitud valiente y una obediencia costosa. Al emprender esta tarea, les aseguramos que pueden contar con el apoyo de nuestras oraciones y de nuestra solidaridad. La comunidad ecuménica mundial que los acompañó durante las terribles luchas por la independencia de Zimbabwe y el proceso de construcción de la nueva nación sigue apoyándolos hoy. Al tomar la difícil decisión de aceptar la invitación de ustedes y celebrar su Octava Asamblea en Harare, el Consejo Mundial de Iglesias ha dado pruebas claras de la determinación del Movimiento Ecuménico de compartir con ustedes los riesgos de la lucha que libran por la justicia y la paz. Teniendo en cuenta esta situación, estamos dispuestos a enviar un equipo pastoral para apoyarlos en estos difíciles momentos.

    En su carta fechada el 14 de abril de 2000, el Consejo Mundial de Iglesias se congratula del comunicado que ustedes publicaron al terminar el "Taller sobre el papel de la Iglesia en la promoción de la democracia y de una buena gestión de los asuntos públicos: el papel de la iglesia en las próximas elecciones generales" y lo apoya plenamente. Desearíamos remitirnos también a la carta que el secretario general de la Federación Luterana Mundial dirigió a Su Excelencia Robert Mugabe el 14 de abril de 2000. Lamentamos que, a pesar de la enérgica protesta nacional e internacional, las violencias perpetradas con la aprobación tácita del Gobierno no hayan disminuido, sino que han cobrado nuevas víctimas y exacerbado las tensiones, llevando al país al borde de la quiebra del orden público y constitucional.

    Mientras esperamos conocer los resultados de sus reflexiones, les comunicamos nuestras convicciones en relación con algunos de los problemas más difíciles relativos a la tenencia de la tierra, con la esperanza de que ustedes las tengan en cuenta:

    1. Reafirmamos nuestro apoyo a una justa distribución de la tierra en el marco de una reforma agraria claramente definida, equitativa y democrática. Sólo así será posible una democratización de la tenencia de la tierra ; de no ser así ninguna iniciativa tomada para redistribuir y reasignar la tierra podrá ser eficaz y justa . La independencia se logró a costa de duras luchas y mucha sangre se ha derramado por la propiedad de la tierra en Zimbabwe. El desequilibrio heredado de la época colonial sigue vigente y debe ser corregido. Sin embargo, para lograr la democracia por la que Zimbabwe ha luchado no es posible dejar esto en manos de personas o de grupos. Las iglesias tienen la obligación moral y espiritual de dar orientación y de promover y defender los derechos de todos, especialmente de los que no tienen ni poder ni voz y han sido marginados en la redistribución de la tierra.

    2. Un plan eficaz de reforma de la tenencia de la tierra requerirá que se lleve a cabo un estudio serio y minucioso del sector comercial agrícola para garantizar que no se afecte indebidamente ni a la economía agrícola ni a los trabajadores de ese sector. Deben protegerse los derechos de los 300.000 trabajadores rurales, algunos de los cuales son trabajadores migrantes procedentes de países vecinos.

    3. Los derechos de los propietarios blancos de las explotaciones agrícolas que hayan decidido permanecer en Zimbabwe y contribuir al desarrollo del país también deben respetarse. La ocupación sin control de tierras que no sigue un sólido plan de redistribución de la tierra ha dado lugar a actos de violencia y a la muerte de ciudadanos de Zimbabwe blancos y negros. La violencia como medio de resolver los conflictos ejercida sea por personas, sea por grupos, sea por el Gobierno es inadmisible. Un acto de violencia o una muerte más es un pecado contra Dios que ha creado a todos a su imagen.

    4. Una política de redistribución agraria equitativa debería garantizar una indemnización a los agricultores que han sido despojados de sus tierras por los colonialistas y a los propietarios de tierras blancos que han invertido capital y trabajo en el desarrollo del sector agrícola.

    5. La comunidad internacional, en particular la antigua potencia colonial, tienen la obligación de ayudar a financiar un programa justo y democrático de distribución de la tierra.

    6. Para que la distribución de la tierra pueda llevarse a cabo según un plan deliberado y sin violencia, los medios de comunicación nacionales e internacionales deberían informar sobre el debate en relación con la distribución de la tierra y los problemas que plantea sin pasión y de forma objetiva y ecuánime.

    Les comunicamos estas reflexiones impulsados por el amor y la esperanza que nos inspira su ministerio, en nombre de toda la Iglesia de Cristo, allí donde ustedes estén llamados a dar testimonio y a servir. Que Dios fortalezca sus convicciones y su testimonio en estos tiempos difíciles.

    Los saludamos en Cristo, el Señor de todos

    Konrad Raiser
    Secretario general
    Consejo Mundial de Iglesias
    Ishmael Noko
    Secretario general
    Federación Luterana Mundial


    Vuelta al comunicado de prensa
    Vuelta a la página raíz del CMI