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COMITÉ CENTRAL Ginebra, Suiza 26 de agosto a 3 de septiembre 1999 PARA EXAMEN Y DECISIÓN |
Documento No. I&T 3 |
Preliminares: mandato y cometido del Comité
1. El Comité dedicó inicialmente un tiempo importante a aclarar su cometido (como se presenta en el documento GS 5 y en el orden del día anotado facilitado a los miembros) y despejar los malentendidos relativos a su papel dentro de la nueva estructura que habían dado lugar a expresiones de confusión y frustración. Tras el debate, el Comité aceptó que su cometido y su orden del día eran:
2. Tras un prolongado debate, el Comité convino por unanimidad en que el concepto de Padare ofrecía un valioso "espacio abierto", libre y seguro, que permitía al Comité Central compartir apreciaciones, inquietudes y experiencias. Se concluyó que podía darse cabida en el Padare a sesiones que facilitaran la máxima interacción y a algunas que tuvieran una función y una forma de presentación más educativas: algunas deberían enriquecer el orden del día del Comité Central y otras permitirían a los miembros de éste un mejor conocimiento recíproco y de sus respectivos contextos. Se decidió, tras el debate, que el uso del término "Padare" no era improcedente fuera de África: era una contribución africana al vocabulario ecuménico que había que desarrollar, aplicar y entender en los distintos contextos locales.
3. Se recomienda:
5. Se expresó aprecio por la oportunidad, en las sesiones plenarias sobre África, de seguir tratando de las cuestiones planteadas en la Asamblea de Harare, pero varios delegados opinaron que las sesiones no habían hecho avanzar notablemente el debate ni ofrecido una oportunidad suficiente para que los no africanos consideraran de qué manera podrían acompañar a las iglesias africanas en la respuesta a los desafíos; y se lamentó en particular la escasa atención prestada al documento sobre África (I&T 1) y a las cuestiones planteadas en él, que ofrecían un marco conceptual valioso para seguir trabajando en el programa sobre África.
6. Por consiguiente, se recomienda que se siga trabajando, en el contexto específico de África, mediante un enfoque integrado sobre:
Plenarias regionales
7. Se reconoció la importancia de las "plenarias regionales" para facilitar el diálogo entre las iglesias, escuchar las voces de la región y dar contenido al orden del día ecuménico. Se recomienda que las plenarias regionales se celebren regularmente en las reuniones del Comité Central (pero no necesariamente excluyendo las plenarias deliberantes sobre otros temas). Tras considerar las diversas sugerencias presentadas (tanto en las reuniones regionales y los grupos pequeños como en el seno del Comité: Asia, Europa, Oriente Medio), se recomienda que, en la próxima reunión del Comité Central, haya una plenaria sobre Asia, para considerar entre otros asuntos la dimensión económica, y para dar a los delegados de otras regiones la oportunidad de considerar la significación, para su propia iglesia y en su contexto, de las cuestiones planteadas.
8. Respecto a la cuestión particular de los niños en situaciones de conflicto armado, después de la intervención en el Comité Central del Sr. Olara Otunnu, Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas, y habida cuenta de la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del 29 de agosto, se remitió al Comité de Cuestiones de Actualidad un proyecto de declaración preparado por la reunión regional sobre África.
Informes regionales
9. Al recibir los informes de las reuniones regionales, el Comité suscribió una extensa serie de ámbitos de trabajo e intereses que, por ejemplo en materia de espiritualidad, identidad, mundialización, diálogo interreligioso, cuestiones relativas a la sostenibilidad del medio ambiente y culturas indígenas, consideró relacionados con los programas actuales del CMI y acerca de los cuales era de esperar que el Consejo siguiera apoyando proyectos e iniciativas regionales. A este respecto se identificaron las siguientes "nuevas cuestiones" a las que se recomienda que el personal y las ulteriores reuniones de los órganos rectores del CMI sigan prestando atención:
Decenio para Superar la Violencia
10. Se adjunta un proyecto revisado del mensaje a las iglesias miembros y a otras entidades en relación con el Decenio para Superar la Violencia.
11. Durante los debates de las sesiones del Padare, de la plenaria sobre África y de las reuniones regionales, se identificaron varias cuestiones que requieren atención en el contexto del DSV, especialmente el auge de la militarización internacional, la proliferación de armas pequeñas, la solución de conflictos y la construcción de la paz, los vínculos entre el DSV y los conflictos religiosos y étnicos.
12. El Comité recomienda que se tengan en cuenta las siguientes cuestiones al planificar las reuniones futuras del Comité Central y el procedimiento en dichas reuniones, así como al establecer el proceso del EVC:
Padare
4. Sobre la base del debate en relación con los resultados de las 10 sesiones de Padare durante la actual reunión del Comité Central,
Plenaria sobre África
Cuestiones relativas al procedimiento, el personal, etc.
Mensaje del Comité Central del Consejo Mundial de Iglesias
Busca la paz y síguela.
(Salmo 34:14)En respuesta a un llamamiento de la Octava Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias iniciamos los preparativos del Decenio para Superar la Violencia que tendrá lugar del año 2001 al año 2010 e invitamos a las iglesias, a los grupos ecuménicos, a los cristianos en general y a todas las personas de buena voluntad a contribuir a su éxito.
Estamos reunidos en el primer Comité Central tras la celebración de la Asamblea de Harare, en las postrimerías de un siglo que ha sido el más violento de la historia humana. Y estamos convencidos de que las iglesias están llamadas a dar al mundo un claro testimonio de paz, de reconciliación y de noviolencia basado en la justicia.
Recordamos a los santos y a los mártires que han dado sus vidas como testigos de Dios contra los poderes de violencia, destrucción y guerra. Recordamos el testimonio de las personas que han sido signos de esperanza dentro y fuera de sus comunidades ofreciendo alternativas al nefasto ciclo de violencia. Como representantes de las iglesias miembros del Consejo Mundial de Iglesias, nos inspiran el mensaje del Evangelio de la paz de Cristo, de amor y de reconciliación y la rica tradición bíblica de paz con justicia. La promesa divina de vida y paz para toda la humanidad y toda la creación nos invita a poner nuestras propias vidas en armonía con nuestra fe, como individuos y como comunidades de fe.
Lamentablemente también sabemos que los cristianos y las iglesias han contribuido, de palabra y obra, a aumentar la violencia y la injusticia en un mundo de opresión y de competencia despiadada. Anhelamos que la humanidad forme una comunidad en la que nadie esté excluido y todos puedan vivir en paz con dignidad. Al empeñarnos ahora en esfuerzos constructivos para construir una cultura de paz, sabemos que para ello debemos iniciar un profundo proceso de transformación, que comienza con el arrepentimiento y con un compromiso renovado con las fuentes mismas de nuestra fe.
Debemos dejar de ser espectadores de la violencia o de lamentar únicamente sus consecuencias, para tratar de superar la violencia tanto dentro como fuera de los muros de nuestros templos. Debemos recordar, y debemos recordar a las iglesias, nuestra responsabilidad común de hablar claro y con osadía contra toda pretensión de defender las estructuras injustas y opresivas, el racismo, el uso de la violencia en particular de la que afecta a las mujeres y a los niños, y las flagrantes violaciones de los derechos humanos cometidas en nombre de una nación o de un grupo étnico. Si las iglesias no añaden a su testimonio en favor de la paz y la reconciliación, la búsqueda de la unidad, fracasarán en su misión en el mundo. Dejando atrás lo que nos separa, respondiendo de forma ecuménica a los desafíos que se les presenten, dando una prueba fehaciente de que la noviolencia es una respuesta concreta a la solución de los conflictos, y ofreciendo con toda humildad lo que Jesucristo enseñó a sus discípulos, las iglesias tienen un mensaje sin igual que dar a un mundo regido por la violencia. Hay muchos ejemplos positivos y estimulantes de congregaciones e iglesias en todo el mundo. Reconocemos el firme testimonio de las tradiciones monásticas y de las "iglesias tradicionalmente pacifistas", y queremos contar nuevamente con su contribución durante el Decenio. Hay congregaciones e iglesias que han pasado a ser centros de reflexión y de formación en noviolencia activa en sus contextos. Manifiestan la clase de coraje, de competencia y de creatividad que se necesita para la noviolencia activa y la resistencia no violenta. Están preocupadas con la destrucción de la naturaleza y centran su acción en la situación de los grupos más vulnerables. Y parte de la contribución a la construcción de una cultura de paz es escuchar lo que dicen las principales víctimas de la violencia, que son los pobres, las mujeres y los niños, así como las personas discapacitadas y los pueblos indígenas.
Hay quienes nos enseñan con su ejemplo que la presencia en situaciones de violencia, en las calles y en regiones desgarradas por la guerra, y el contacto personal con las víctimas, e incluso con los autores de actos de violencia, es la clave misma de cualquier proceso de transformación y cambio. Antes de la celebración de la Asamblea en Harare, el Programa para Superar la Violencia del CMI, y la Campaña Paz a la Ciudad demostraron que la paz es una cuestión concreta, nace en las bases y se enriquece con la creatividad de todos. En el marco de esos programas hubo una cooperación a nivel local con la sociedad civil, y se entabló un diálogo y se inició una acción común con creyentes de otras religiones. Los grupos que se formaron en las siete ciudades para participar en la campaña se fortalecieron y estimularon unos a otros, compartiendo sus experiencias por encima de los diferentes contextos y recibiendo nuevas perspectivas gracias a la reflexión y al intercambio a nivel mundial.
El Decenio para Superar la Violencia ofrecerá un espacio para intercambiar experiencias, establecer vínculos y aprender unos de otros. El Decenio se basará en las iniciativas que ya se han tomado; y a este respecto reconocemos que nuestra labor es paralela a la realizada en el marco del "Decenio de las Naciones Unidas para una cultura de paz y noviolencia para los niños del mundo". Lo que pretendemos es relacionar entre sí esas iniciativas y conseguir que cada una reciba estímulo y fuerza de las otras. El DSV ayudará a las iglesias a colaborar entre sí y a apoyarse unas a otras en su ministerio. Con el Decenio para Superar la Violencia estamos ofreciendo un auténtico espacio ecuménico, un espacio seguro para el encuentro, el reconocimiento mutuo y la acción común. Juntos nos esforzaremos por vencer el espíritu, la lógica y la práctica de la violencia. Nos empeñaremos juntos para llegar a ser agentes de reconciliación y de paz con justicia en los hogares, las iglesias y las comunidades, así como en las estructuras políticas, sociales y económicas a nivel nacional e internacional. Cooperaremos en la edificación de una cultura de paz que sea la base de comunidades justas y viables.
La visión de paz del Evangelio es una fuente de esperanza de transformación y de un nuevo comienzo. No traicionemos lo que se nos ha sido dado. En todo el mundo se espera con ansiedad que los cristianos lleguen a ser lo que son: hijos de Dios que encarnan el mensaje de amor, de paz con justicia y de reconciliación.
La paz es posible. La paz es concreta. Busca la paz y síguela.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios
(Mateo 5:9).
Introdución
Fiel a este mandato, durante el Decenio, el CMI deberá hacer hincapié en la palabra "superar", no en "violencia". Por lo tanto, la metodología debe estimular las experiencias positivas de las iglesias y los grupos que se esfuerzan por superar la violencia. El Decenio para Superar la Violencia debe basarse en la experiencia y la labor de las iglesias locales y los contextos comunitarios. El CMI puede facilitar el intercambio, actuar como centro de coordinación y dar a conocer las experiencias de construcción y mantenimiento de la paz y prevención de la violencia a nivel local. Sin embargo, el Decenio para Superar la Violencia debe ir más allá de las estructuras del CMI en Ginebra e incluir a todas las iglesias miembros, las iglesias no miembros, las ONG y otras organizaciones que trabajan por la paz.
Por consiguiente, el Decenio para Superar la Violencia destacará y combinará los esfuerzos de las iglesias, las organizaciones ecuménicas y los movimientos de la sociedad civil para superar los diversos tipos de violencia. El CMI tratará de relacionar su labor con los objetivos, los programas y la estructura del Decenio de las Naciones Unidas para una Cultura de Paz y Noviolencia para los Niños del Mundo (2001-2010). Es importante que el Decenio para Superar la Violencia se centre en las contribuciones específicas e individuales tanto de cada iglesia miembro como del CMI en general.
Aprovechando la rica herencia de los programas del CMI por la paz y la justicia, los organizadores del trabajo del CMI en relación con el Decenio para Superar la Violencia pueden inspirarse en los modelos de coordinación de otros decenios, campañas y programas. Los organizadores considerarán en particular las metodologías siguientes: visitas en equipo y Cartas Vivas (como las del Decenio Ecuménico de Solidaridad de las Iglesias con las Mujeres) para enfocar los problemas y las perspectivas desde cada rincón del mundo; la World Wide Web (WWW), el vídeo y los materiales impresos (Campaña Paz a la Ciudad); los intercambios y las visitas. El Decenio para Superar la Violencia debería promover estas metodologías y continuar el trabajo ya realizado en el marco del Programa para Superar la Violencia y la campaña Paz a la Ciudad.
Este documento servirá de marco para la adopción de las medidas preparatorias del Decenio para Superar la Violencia. En el curso de éste, El Comité Ejecutivo y el Comité de Programa seguirán atentamente el proceso e irán concretando objetivos y métodos.
La Octava Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias se reunió en torno a una cruz africana en Harare, Zimbabwe, para definir las prioridades y los programas que habían de regir sus actividades en los próximos siete años. Tomando como base el tema de la Asamblea, "Buscad a Dios con la alegría de la esperanza", los delegados proclamaron el Decenio Ecuménico para Superar la Violencia (DSV), y la Asamblea declaró que el CMI tenía que "elaborar una estrategia de colaboración con las iglesias en torno a estas cuestiones, con miras a crear una cultura de la noviolencia, estableciendo una relación de interacción con otros interlocutores y organizaciones internacionales, y adoptando enfoques apropiados sobre la mediación en los conflictos en el nuevo contexto mundializado". El CMI se propone, pues, fomentar su solidaridad con África y colaborar con la comunión mundial de personas que están construyendo culturas de noviolencia y de paz.
I. OBJETIVOS
Para llevar el trabajo por la paz de la periferia al centro de la vida y el testimonio de la iglesia y para reforzar las alianzas y el entendimiento entre las iglesias, las redes y los movimientos que trabajan por una cultura de la paz, se han establecido los siguientes objetivos del Decenio para Superar la Violencia:
II. ESTRUCTURA BÁSICA DEL DECENIO PARA SUPERAR LA VIOLENCIA
1. Claves para dar contenido y poner en práctica el Decenio para Superar la Violencia
III. OBSERVACIONES FINALES
2. Dos etapas del Decenio para Superar la Violencia
3. Fases del Decenio para Superar la Violencia
4. Metodologías y enfoques posibles
El Comité Central del CMI invitará a las iglesias miembros y las organizaciones ecuménicas a que se sumen al Decenio para Superar la Violencia y pedirá que con ocasión de reuniones ecuménicas regionales se definan prioridades y proyectos específicos y se contribuya a elaborar la estructura; a formular el mensaje principal; a crear el marco orgánico adecuado y a elaborar el presupuesto para la coordinación y la planificación; a formular y aplicar estrategias de comunicación; y a facilitar los primeros pasos del Decenio.
En enero de 2001 se organizarían actos simultáneos de inauguración del Decenio en todo el mundo, con participación de congregaciones y grupos locales, así como reuniones internacionales a las que se dará el mayor eco posible. En el marco del Decenio para Superar la Violencia se abordarán diferentes problemas y se recurrirá a metodologías adecuadas que deberían estar integradas en la planificación, la comunicación, los actos conjuntos y los objetivos comunes.
Al mismo tiempo que continúan algunos programas y acciones, el CMI facilitará los intercambios entre los modelos creativos de trabajo por la paz establecidos en los tres primeros años con la finalidad de reforzar las redes de contactos y de formar nuevas alianzas.
En el análisis y la evaluación de la primera etapa del Decenio para Superar la Violencia se revisará el proceso y se tratará de responder a las siguientes preguntas: ¿Qué lecciones se han aprendido hasta ahora? ¿Con qué problemas se enfrentan las iglesias? ¿Qué hacen las iglesias? ¿Qué queda por hacer? Los intercambios sobre la estrategia y las visitas ayudarán a los participantes a escuchar y a aprender unos de otros. Los resultados se integrarán en la preparación para la Asamblea y en el trabajo para dar nuevo ímpetu con miras a la segunda etapa del Decenio.
Se expondrán y examinarán las lecciones derivadas de la primera parte del Decenio y sus problemas. Se ultimarán y adoptarán la orientación y el plan de acción para 2006-2010.
5. Problemas
Continuar y ampliar la reflexión teológica sobre la violencia y la noviolencia desde el punto de vista de la dignidad y de los derechos humanos de la persona y de la comunidad; proceso continuo de estudios bíblicos accesible a todos (contextuales, intercontextuales, interculturales), estudio y análisis de las comisiones de verdad y reconciliación. Fomentar la participación de las iglesias y las redes regionales en la reflexión sobre la violencia y la construcción de la paz en momentos de problemas estructurales como el racismo, la globalización, la violencia contra las mujeres, la violencia entre los jóvenes, la violencia contra los niños, etc.
Ofrecer apoyo práctico y solidaridad a las iglesias y los grupos que se esfuerzan por organizar campañas dinámicas sobre cuestiones específicas con el objetivo de prevenir, encauzar y superar la violencia en sus propios contextos. Alentar a las iglesias y organizaciones a constituir redes para la realización de campañas internacionales concretas.
Recopilar, coleccionar y dar a conocer planes de formación para la paz destinados a niños, jóvenes y adultos basándose en modelos ya existentes, y en particular desde una perspectiva cristiana; establecer redes de contactos entre educadores y expertos, así como instituciones teológicas, que se ocupan de encauzar y resolver conflictos. Oponerse a los actuales sistemas de educación y medios de información que contribuyen a perpetuar la competencia, el individualismo agresivo y la violencia, especialmente entre los niños.
Dar a conocer el material y las prácticas de culto y oración de diversas tradiciones y culturas que sirvan de inspiración para nuestros esfuerzos comunes en favor de la paz y la reconciliación. Particularmente importante es el concepto de metanoia, ya que las iglesias deben asumir la responsabilidad que han tenido en acciones violentas del pasado y del presente. La metanoia comprende la confesión, el arrepentimiento, la renovación, y la celebración de la fe y constituye por lo tanto una base adecuada para una cultura de la paz.
Mediante la red WWW, los textos impresos, los vídeos, los distintos actos que se organicen con este objeto y los contactos personales, las iglesias, las comunidades, los grupos y las personas pueden intercambiar sus experiencias de violencia y las iniciativas creativas de superación de la violencia. Estos relatos ponen en contacto las personas y sus esfuerzos, brindan apoyo y solidaridad, permiten compartir recursos e ideas y alimentan constantemente el proceso y las prioridades del Decenio, en particular para la segunda etapa, 2006-2010.
La "violencia" no es sólo física. Hay también una violencia emocional, intelectual y estructural. En el Decenio para Superar la Violencia, lo importante es la prevención y la respuesta a formas de violencia tales como las siguientes:
El Decenio Ecuménico para Superar la Violencia aspira a suscitar el interés y las expectativas de las iglesias, las organizaciones ecuménicas, los grupos y los movimientos de todo el mundo en cuanto a la contribución positiva, concreta y específica de las iglesias en favor de la construcción de una cultura de paz. La configuración y la metodología del Decenio para Superar la Violencia deberían ser bien definidos, aunque permaneciendo abiertos para dar lugar a la creatividad y a la energía dinámica de las iglesias y los diferentes grupos sociales. La estructura del Decenio para Superar la Violencia dependerá de las sugerencias, los planes y la orientación que den las iglesias miembros del CMI y las organizaciones ecuménicas para determinar los problemas y definir el proceso que nos permita seguir avanzando.