consejo mundial de iglesias

Juntos en el camino
Informe oficial de la Octava Asamblea

8. Documentos adicionales

8.1. PARTICIPACION DE LOS JÓVENES EN EL CMI

Este texto, basado en los debates que tuvieron lugar en el marco del grupo de trabajo del CMI con mandato especial para juventud durante una reunión en Ginebra, en noviembre de 1998, fue aprobado por los participantes en la Preasamblea de los Jóvenes.

1. El proceso de "Hacia un Entendimiento y una Visión Comunes" (EVC) del CMI ha desafiado al Consejo a rever sus estructuras programáticas y sus relaciones con las iglesias y otras entidades ecuménicas. La nueva estructura llama a una integración de todos los programas y a nuevos estilos de trabajo.

Pulsen abajo para leer los capítulos siguientes:

8.2 Los Pueblos Indígenas
8.3 Cartas de los Evangélicos a la Asamblea
8.4 Carta de los Niños a la Asamblea
8.5 Visiones de Futuro, Philip Potter


2. El desafío de representar el cuerpo de Cristo ha estado por largo tiempo en el corazón de la visión y el trabajo ecuménico del CMI. El Consejo ha buscado encarnar la diversidad que se encuentra dentro de las iglesias fijando cuotas para participar en todos los aspectos de su vida. Los organos de gobierno del Consejo han realizado compromisos para alcanzar estas metas y obtener una mayor integración. También con este fin se han introducido los grupos de trabajo encargados por el Consejo.

3. A pesar de la buena fe sobre la que se han hecho estos compromisos los objetivos no han sido alcanzado. El nivel de participación juvenil en varios aspectos de la vida del Consejo se encuentra en manifiesto contraste con el firme compromiso hecho por el Comité Central del CMI en 1988 para involucrar un 20% de jóvenes. La VII Asamblea hizo suyo ese compromiso.

Confiamos en que se mantengan los niveles de participación de mujeres y jóvenes que han sido fijados para todos los eventos y comités. El Comite Central debe garantizar exclusivamente la financiación de activitades que respeten los objetivos de inclusividad fijados. (.i.Señales del Espíritu, Informe Oficial de la 7 Asamblea.r., Comité sobre Política Programática, pág 189)
En la reestructuración del CMI después de Canberra, el intento por internalizar el compromiso de participación juvenil en el planeamiento de programas y en toda la vida del Consejo no fue completamente alcanzado. Por momentos el Consejo ha retornado a la noción equivocada de que el trabajo juvenil puede lograrse con una unidad programática o un equipo. En realidad, la VII Asambleaen Nirobi (1975) ya había pedido un estilo de trabajo diferente:
El trabajo juvenil debe tener una suerte de carácter autónomo estructuradamente localizado en una particular unidad programática, pero relacionado a todas las unidades, para así traer la presencia de jóvenes a toda la vida del movimiento ecuménico. (.i.Rompiendo Barreras: Nairobi 1975.r., SPCK, pág. 316)
4. En el corazón del proceso del EVC está la búsqueda de renovación. Esta búsqueda conlleva el desafío a la inclusión y fortalecimiento. El negarse a usar y desarrollar los dones ofrecidos por Dios a través de la gente joven, o cualquier grupo, va en desmedro del la renovación que buscamos. También debilita el testimonio de las iglesias. Los/las jóvenes que están comprometidos/as con el movimiento ecuménico son valiosos comunicadores/as para las iglesias y alimentan la fe dada a todo el pueblo de Dios. La Biblia está llena de ejemplos donde la gente joven fue llamada a testimoniar e incluso a liderar a edades sorprendentemente tempranas (1 Sam 3; 1 Sam 17; Jer 1; 1 Tim 4,11).

La VIII Asamblea se reune en un tiempo en que, en muchos países, la gente joven se está alejando de las iglesias históricas porque se siente excluída e ignorada; un número cada vez mayor de jóvenes sienten que la iglesia es irrelevante para sus vidas y su sociedad; muchas iglesias no tienen en cuenta al máximo los recursos que los/as jóvenes representan en su testimonio para el mundo.

5. En el trabajo de renovación, hay una nueva visón para nuestro trabajo con la gente joven. En ella se pide que los/as jóvenes estén integrados/as al movimiento ecuménico para el mutuo beneficio de todas las generaciones. Al pedir una mayor integración no buscamos que el trabajo con la juventud quede relegado. Buscamos dos cosas: continuar el desarrollo del liderazgo juvenil a través de programas específicos para juventud, y que todos los programas incluyan las experiencias específicas de gente joven. Ejemplos de integración de trabajo juvenil que han sido visible en los últimos siete años incluyendo el de los Ujieres y el Programa de Internos, y la cooperación programática en temas como Cultura y Evangelio. El Programa de Internos ha ayudado al CMI a beneficiarse con los recursos que la gente joven aporta a su trabajo, pero también la ha entrenado para ser catalizadores ecuménicos a nivel local/nacional.

La integración de gente joven servicio ecuménico requiere de personal que facilite la participación equitativa de la juventud en el CMI mismo, en las iglesias miembros y en las organizaciones ecuménicas a nivel nacional o regional. Este compromiso también necesita hacerse visible en cada una de las iglesias y en sus consejos ecuménicos nacionales y regionales. Es alentador ver la participación activa de gente joven en la búsqueda de la unidad y en acciones sociales en ciertos países y regiones, así como el numero de iglesias que incluyen jóvenes, permitiéndoles brindar un testimonio más firme.

Para alcanzar los objetivos y los compromisos que el CMI se ha fijado para sí mismo en relación al la participación de la Juventud, se recomienda:
1) Que el CMI asegure la participación equitativa de gente joven en todos los aspectos de su vida: (a) manteniendo el requerimiento de un 20% de miembros jóvenes en asambleas, comités y reuniones; (b) mandando una participación equitativa de gente joven en sus programas a través de: la asignación de una persona en cada equipo de personal para coordinar la participación; juvenil dentro de los programas de ese equipo de personal. Este personal podría formar un nuevo Grupo de Personal Coordinador en Juventud; asegurar recursos solamente para aquellas actividades que reflejen los objetivos fijados para la inclusión; mantener una afirmativa política de acción en el contrato de gente joven en todas las áreas de trabajo; (c) manteniendo la posición de un presidente/de una presidente de juventud.
2) Que el CMI mantenga personal programático para el trabajo con juventud, el Grupo de Personal Coordinador en Juventud y en el Grupo de Trabajo Encargado de la Juventud, para facilitar el logro de los objetivos fijados para una participación equitativa de jóvenes en todo el Consejo.
3) Que el CMI provea oportunidades de formación ecuménica en todos los niveles. Los programas de Ujieres e Internos deberían desarrollarse más profundamente y servir como modelos para futuros trabajos en el CMI.
4) Que el CMI mantenga los programas que responden en particular a cuestiones relacionadas con la juventud así como también apoyar su participación en el abordaje de asuntos más extensos. Esto se logra de mejor manera a través de pre-encuentros para los participantes jóvenes, previos a cualquier consulta o evento del CMI.

8.2. LOS PUEBLOS INDÍGENAS

Este texto fue aprobado en el marco de un encuentro de pueblos indígenas previo a la Asamblea, celebrado en Harare los días 1 y 2 de diciembre, al que asistieron 42 personas procedentes de 19 países, muchos de los cuales participaron luego en la Asamblea en tanto que delegados de sus iglesias.

"Aún seguimos esperando una verdadera confraternidad y el pleno reconocimiento de nuestros derechos."

Por gracia del Creador y guiados por nuestros antepasados, nosotros, los pueblos indígenas, hemos sobrevivido pese a los múltiples intentos de genocidio, colonización y asimilación. Somos muy conscientes de nuestra relación con nuestra madre la Tierra y del carácter sagrado de nuestras tierras. Reafirmamos que la identidad, cultura, lengua, filosofía de vida y espiritualidad de nuestros pueblos están vinculadas a la relación equilibrada con toda la creación.

En el pasado, las iglesias nos obligaron a emprender un camino que no es el nuestro, en aras de la asimilación, la uniformidad y el asentimiento. A lo largo de la historia, las iglesias no han conocido ni comprendido a los pueblos indígenas y eso nos ha empobrecido a todos.

Sabemos que la vida y la espiritualidad propias de nuestros pueblos están constantemente en peligro. Nos amenazan los proyectos de explotación minera, conservación de la naturaleza, explotación forestal, represas hidroeléctricas, militarización, turismo ecológico y otros. La misma amenaza pesa sobre nuestros idiomas. Además, las fronteras trazadas por el colonizador en el proceso de creación de los Estados modernos han fragmentado a nuestros pueblos y alterado sus formas de vida. Ni siquiera nuestros lugares sagrados han escapado a la profanación. Estas amenazas surgen y se nutren de los modelos de desarrollo impuestos por los países industrializados ricos que se proponen explotar los recursos naturales sin miramientos por las generaciones futuras.

Reconocemos que el CMI y algunas de sus iglesias miembros se han esforzado por comprender y trabajar con los pueblos indígenas en nuestras luchas, pero aún queda mucho más por hacer. El enriquecimiento de las iglesias y la curación de las comunidades indígenas deben comenzar por un compromiso visible y permanente de colaboración y asociación solidaria, para lo cual es preciso que se acepten como un don nuestros legados espirituales y culturales. Este don se ofrece para posibilitar un cambio en el corazón de las iglesias, cambio que pasa por escuchar nuestros relatos y reexaminar el papel que han desempeñado las iglesias en la historia de la opresión.

Seguimos esperando que las iglesias vayan más allá de las palabras,tal como se declaró en Canberra, para:

  • incluir el Programa de los Pueblos Indígenas en los programas permanentes del Consejo Mundial de Iglesias;
  • promover la participación igualitaria de los pueblos indígenas en todos los niveles de decisión de las estructuras de las iglesias;
  • seguir señalando a la atención del CMI y de sus iglesias miembros las preocupaciones y los problemas de los pueblos indígenas para que reflexionen al respecto y actúen en consecuencia;.
  • seguir adelante con el proceso de diálogo entre Evangelio y cultura, a escala local y mundial;
  • respetar y promover el derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación, en particular, los derechos a la tierra, la espiritualidad, la cultura, el idioma y la propiedad intelectual;
  • apoyar la adopción del Proyecto de declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas y de otros instrumentos y normas internacionales relativos a la promoción de los derechos de los pueblos indígenas.

Recordamos a las iglesias el compromiso contraído en Canberra respecto al arrepentimiento y la reparación de los pecados del pasado, en especial, la restitución de las tierras arrebatadas injustamente a los pueblos indígenas y el respeto de su espiritualidad. Exhortamos a las iglesias a proseguir y profundizar el diálogo con los pueblos indígenas.


8.3. CARTAS DE LOS EVANGÉLICOS A LA ASAMBLEA

El grupo de evangélicos libres que se reunió regularmente durante la Asamblea representan una amplia gama de opiniones y enfoques teológicos en el propio marco del movimiento evangélico libre. Como fuera ya el caso en varias asambleas y conferencias anteriores del CMI, el grupo redactó un proyecto de carta que fue leído públicamente a los delegados de la Asamblea y que entendía ser una "respuesta de los evangélicos libres" respecto de todos los actos de la Asamblea. Finalmente se llegó a una versión definitiva del texto, que fue firmado por la mayor parte de los que habían participado de varias maneras en la labor y los debates del grupo. Sin embargo, varias personas que firmaron el texto consideraron que la carta no abordaba suficientemente desde el enfoque evangélico libre algunas cuestiones debatidas por la Asamblea, como la mundialización y la condonación de la deuda, por lo que decidieron escribir una carta adicional. Así pues, ambas cartas se publican aquí para dejar constancia de la diversidad y la complementariedad de esos enfoques.

LLAMAMIENTO AL JUBILEO: CARTA DIRIGIDA AL CMI POR LOS PARTICIPANTES EVANGÉLICOS LIBRES

Historia de los evangélicos libres y del Movimiento Ecuménico
El CMI debe en gran parte sus orígenes a las actividades misioneras y evangelizadoras de las iglesias miembros y sus organismos de cooperación, y se basa en el reconocimiento del "Señor Jesucristo como Dios y Salvador, según el testimonio de las Escrituras". En Nairobi, en 1975, los evangélicos libres iniciaron un debate dentro y fuera del CMI que sigue hoy vigente respecto a su visión y su labor. En Vancouver, en 1983, el CMI se comprometió por su parte a intensificar el diálogo con los evangélicos libres y a promover una mayor participación de éstos en el Consejo. En Canberra, en 1991, en las "Perspectivas Evangélicas desde Canberra", los evangélicos libres pidieron al CMI que verificara los progresos de su participación y su representación en el Consejo. En esta nueva carta se responde a la pregunta sobre los progresos realizados, según se reflejan en la Asamblea de Harare. Reconocemos que el CMI puede tener preguntas similares acerca de los objetivos de los evangélicos libres en su común recorrido con el Consejo.

Pese a reconocerse como un simple instrumento del ecumenismo, el CMI ha sido un elemento central del Movimiento Ecuménico. Los evangélicos libres también han desempeñado un papel activo en el ecumenismo local, tanto dentro como fuera de las iglesias miembros del CMI. En el último decenio su participación ha aumentado tanto en las organizaciones como en los programas ecuménicos nacionales. Por otro lado, un número cada vez mayor de evangélicos libres han adoptado una perspectiva ecuménica mundial. Agradecemos al CMI su empeño constante por "buscar nuevas formas de relación con los evangélicos libres", formulado por primera vez en Vancouver y confirmado aquí en Harare. Por otro lado, valoramos positivamente la formación de un grupo mixto de trabajo entre el CMI y los pentecostales. Sin embargo, según su propio contexto e historia, algunos evangélicos libres continúan experimentando un sentimiento de frustración e incluso un dilema acerca del futuro de su participación en el CMI, debido a la incertidumbre respecto a la naturaleza del compromiso del CMI con la misión y la evangelización y con la teología bíblica. Otros confían más en el estrechamiento de las relaciones. No está claro cómo la participación de los evangélicos libres en el ecumenismo mundial puede tener cabida en los programas y las estructuras del CMI. Ofrecemos nuestro apoyo para unirnos a ustedes y trabajar juntos en otros aspectos.

Evaluación de Harare
Afirmamos las siguientes contribuciones de esta Asamblea al Movimiento Ecuménico:

  • La fe cristiana de todos los presentes, en particular la vibrante espiritualidad africana, que todos hemos experimentado.
  • El culto, la vigilia y las oraciones vespertinas, como experiencias conmovedoras y estimulantes enraizadas en el Señorío de Cristo.
  • La belleza de la visión bíblica ecuménica compartida en el compañerismo y la conversación personales.
  • La celebración de la Asamblea en África. Con particular referencia a África y al resto de los dos tercios del mundo, la Asamblea abordó los temas de la condonación de la deuda, el SIDA, la paz, la justicia y la reconciliación y la gestión de los asuntos públicos mundiales, la mundialización, y la solidaridad con las mujeres, los jóvenes y los niños. En particular apoyamos:
    -- El alivio de la carga de la deuda en los países pobres, a lo que viene a añadirse la necesidad de luchar contra la corrupción, de promover una eficaz gestión de los asuntos públicos mundiales y de fortalecer la sociedad civil y las instituciones democráticas.
    -- La propuesta de que se celebre un decenio contra todas las formas de violencia, en particular la violencia contra las mujeres, los niños y las comunidades indígenas, incluida la visión de la iniciativa del Programa para Superar la Violencia, Campaña "Paz a la ciudad" en siete zonas urbanas violentas. Nos solidarizamos con todos los grupos que son víctimas de la injusticia y de la violencia institucional.
    -- La crítica de la mundialización como proceso que excluye y margina aún más a los pobres, aun cuando reconocemos que tiende puentes entre culturas diferentes y que puede aumentar la riqueza y la variedad de la experiencia humana.
    -- La lucha permanente contra toda forma de violación de los derechos humanos, especialmente el caso de los cristianos que sufren persecución a causa de su religión, en particular en Sudán.
  • Las iniciativas del grupo de trabajo establecido después de Canberra para incluir a los evangélicos libres, muchos de los cuales se hallan presentes aquí. Lamentamos que los evangélicos libres no hayan respondido tal vez adecuadamente a las iniciativas del grupo de trabajo y a las invitaciones para asistir a esta Asamblea.
  • El dialogo entre evangélicos libres y ortodoxos. Apreciamos vivamente la iniciativa del CMI de auspiciar este diálogo y el incipiente diálogo entre pentecostales y ortodoxos. En el marco del diálogo con los evangélicos libres se abordarán cuestiones delicadas como el proselitismo, los derechos humanos y la misión y la ordenación de las mujeres, pero siempre en la perspectiva del compromiso con el Dios trino y una cristología bíblica que compartimos. Junto con nuestros interlocutores ortodoxos, alentamos a todos a que participen en este diálogo.

Nos preocupa que los siguientes aspectos de la Asamblea pongan en entredicho algunos de los logros anteriores del CMI e impidan la realización de la visión ecuménica mundial.
  • Apreciamos el culto diario en presencia del símbolo de la cruz de Cristo cubriendo el continente africano. Sin embargo, la aportación teológica a la plenaria sobre África no representó la teología y la visión de muchas iglesias africanas que creen en la importancia central de las Escrituras y participan al mismo tiempo en la renovación cultural y social y el cambio político y económico. En el compromiso final de esta plenaria no se mencionó a Jesús ni una sola vez. No hubo suficientes presentaciones por parte de dirigentes africanos representativos de las iglesias miembros. Aunque estamos en África, no se han oído muchas de sus voces cristianas.
  • Numerosas iglesias africanas, en medio de su fuerte pobreza, sufrimiento y persecuciones, llevan a cabo un importante ministerio para con los enfermos de SIDA, sobre la base del enfoque ético cristiano de la sexualidad y la familia. La participación de la familia y de la comunidad en todas las actividades con dimensiones éticas y espirituales ocupa un lugar destacado en la visión que tiene África del mundo. Lamentamos que en las plenarias, el Padare y las reuniones de información y debate no se hiciera más hincapié en la importancia de la familia y de la ética sexual bíblica.
  • También faltó ostensiblemente una reflexión teológica seria, en contraposición al llamamiento de Canberra en favor de una "teología vital y coherente". Algunos oradores y disertaciones importantes quedaron fuera de los límites de las bases doctrinales de todas las iglesias miembros y del mismo Consejo.
  • El tema "Buscad a Dios con la alegría de la esperanza", que debería haber llevado a destacar la importancia de la misión, la evangelización y la Iglesia, se abordó insuficientemente. No se insistió en el trabajo realizado en esas áreas por las iglesias miembros y el CMI (como la Conferencia Mundial sobre Misión y Evangelización, en Salvador de Bahía). Instamos a que se preste nueva atención a la misión y la evangelización, dando así medios a las iglesias para que comuniquen el Evangelio en todo el mundo. El Evangelio transformador de Cristo reafirma y critica las culturas y las sociedades, y exige humildad, sensibilidad y compromiso profético con la opresión.

Queremos expresar nuestros compromisos y formular las siguientes propuestas:
  • El Evangelio de Jesucristo habla en nombre de quienes no tienen voz para hacer frente a la injusticia social y económica, que es una afrenta al amor y la justicia de Dios. Por consiguiente, respaldamos la importancia que concede el CMI a la solidaridad como expresión de la misión. El Evangelio, que se centra en el Señorío de Jesús, crucificado por injusticia y resucitado en triunfo sobre el mal y la muerte, es en el fondo un llamamiento para "buscar a Dios", un llamamiento a la obediencia al Dios resucitado y a la comunión en su cuerpo. La evangelización, como esa llamada a buscar a Dios, debe estar en el centro mismo de la misión de transformación social que incumbe a la Iglesia. Desearíamos llevar a cabo un estudio en colaboración con ustedes sobre la forma en que la transformación personal a través de Cristo se relaciona con programas como el estudio de Teología de la Vida.
  • Puesto que la transformación personal está en el centro de la misión, las iniciativas para transformar los sistemas mundiales deben centrarse en esa transformación personal. Por ejemplo, al tratar de la deuda en los países pobres, debe abordarse la cuestión de la codicia y la corrupción que afecta a todos los pueblos y naciones. El Evangelio nos pide que, en respuesta al amor de Dios, asumamos la responsabilidad de la vida y los pecados de cada uno. Por consiguiente, la transformación personal hace de las personas sujetos que pueden abordar sus propios problemas y no objetos de los esfuerzos de otros. Los invitamos a que se unan a nosotros en un estudio sobre la relación entre la evangelización y la misión y la transformación estructural.
  • Así pues, la misión tiene dimensiones personales y sociales. A nivel social, parecería que el CMI ha favorecido con frecuencia los cambios estructurales radicales que no toman debidamente en cuenta la responsabilidad personal. La perspectiva de las escrituras y de muchas culturas no occidentales contempla a la persona como inseparablemente ligada a las familias y las comunidades, responsable ante ellas de todas las opciones individuales y merecedora de respeto en todas las decisiones colectivas. Apreciamos el sentido de responsabilidad personal que aparece en las decisiones de la Asamblea respecto a la deuda y otras cuesti
  • Un imperativo de la misión es el fortalecimiento de la familia, que se está desintegrando bajo las presiones del relativismo moral, del individualismo, del materialismo y de la dura necesidad económica. La reticencia a afirmar que las normas bíblicas, incluidas las normas sexuales, atañen a todas las personas o a insistir en el arrepentimiento personal se debe a la importancia exagerada que recibe la autonomía individual en la sociedad. Parece que en el fondo hay un enfoque occidental permisivo de la homosexualidad, que rechaza las normas bíblicas y acepta de lleno las preferencias individuales autónomas. Sobre esta cuestión recomendamos la sensibilidad cultural que respeta los enfoques pastorales que se aplican en los dos tercios del mundo. Los invitamos a unirse a nosotros en un estudio sobre el significado y la naturaleza de la persona, en el que esperamos que haya una importante participación ortodoxa.
  • Los evangélicos libres seguiremos dedicando energía a las expresiones locales, regionales y nacionales de la visión ecuménica. Participaremos en el ecumenismo secular y ampliaremos nuestra .i.oikoumene.r., fortaleciendo los consejos de iglesias locales y nacionales.
  • Dado que el CMI se reconoce a sí mismo como un instrumento de ecumenismo mundial, algunos de nosotros nos preguntamos cuánta energía hay que invertir en ese camino que conducirá a la visión mundial. Otros tenemos más esperanza de ser oídos y de participar en diversas actividades del CMI. A algunos de nosotros nos gustaría iniciar un debate con los ortodoxos, los católicos romanos y los pentecostales sobre la unidad mundial, ya sea a través de nuevas estructuras o de una reforma del CMI. Para que los evangélicos libres participemos de manera cada vez más significativa en el CMI, creemos firmemente que éste debe actuar en mayor consonancia con el énfasis bíblico, cristocéntrico y misionero de su visión original. El jubileo es también un ocasión para volver a los comienzos, a fin de que todos podamos reafirmar el mensaje original de Amsterdam.

RESPUESTA DE LOS EVANGÉLICOS LIBRES A HARARE

Como evangélicos libres presentes en esta Asamblea, compartimos la preocupación por una unidad visible que dé testimonio del amor solidario de Dios con un mundo que sufre.

Afirmamos nuestra solidaridad con nuestras hermanas y hermanos del Movimiento Ecuménico en este tiempo de lucha para permanecer juntos y elaborar una visión común comprometida con un Evangelio holístico que abarca todos los aspectos de la vida y que tiene en su centro el llamamiento a buscar a Jesús y el poder transformador de su reino. Percibimos la acción del Espíritu para crear nuevos odres que reflejen mejor nuestro compromiso común con el Señor Jesucristo y su reino.

En particular, apoyamos:
1) el llamamiento para el alivio de la carga de la deuda de los países pobres, a lo cual añadimos la necesidad de luchar contra la corrupción, promover una eficaz gestión de los asuntos públicos mundiales y de fortalecer la sociedad civil y las instituciones democráticas;
2) la propuesta de que se celebre un decenio contra todas las formas de violencia, en particular, la violencia contra las mujeres, los niños y las comunidades indígenas; nos solidarizamos con todos los grupos que son víctimas de la injusticia y de la violencia institucional;
3) la crítica de la mundialización como proceso que excluye y margina aún más a los pobres, aun cuando reconocemos que tiende puentes entre culturas y pueblos diferentes y que enriquece la variedad de la experiencia humana;
4) la lucha permanente contra toda forma de violación de los derechos humanos, especialmente el caso de los cristianos víctimas de la persecución religiosa.

Al mismo tiempo, señalamos a la atención del CMI:
1) la necesidad de prestar nueva atención a la misión y la evangelización, dando así medios a las iglesias para que proclamen el Evangelio en todo el mundo; el poder transformador del Evangelio reafirma a la vez que critica las culturas y las sociedades y exige humildad, sensibilidad y compromiso profético con la opresión;
2) el imperativo de fortalecer la familia, que se está desintegrando bajo las presiones del relativismo moral, el individualismo, el materialismo y la penuria económica;
3) la necesidad de ampliar y fortalecer la participación de los evangélicos libres y pentecostales/carismáticos en el CMI, reconociendo el potencial de enriquecimiento mutuo que esta relación puede aportar.

La cooperación ecuménica es cada vez mayor entre las iglesias de las dos terceras partes del mundo, donde el cristianismo está experimentando un auge particularmente importante. Oramos y confiamos en que la visión inclusiva del Evangelio conduzca a una sólida relación de confianza y cooperación efectiva entre los evangélicos libres y el Movimiento Ecuménico.


8.4. CARTA DE LOS NIÑOS A LA ASAMBLEA

Los niños y las organizaciones que participaron en dos consultas del CMI sobre los niños en 1996 y 1997 se reunieron con los niños de la calle de Harare y niños de escuelas de diferentes aldeas en Zimbabwe para participar en una presentación del Padare sobre "la dignidad de los niños". Procedentes de 13 países, los niños escribieron un mensaje solicitando apoyo y orientación de las iglesias miembros del CMI. A continuación figura el texto de ese mensaje (al que se refiere también el informe del Comité de Orientación Programática):

Nosotros, los niños del mundo, nos hemos reunido aquí en Harare, Zimbabwe, el 9 de diciembre de 1998, para crear la Red Ecuménica Mundial de los Niños. Estamos aquí para exhortar al Consejo Mundial de Iglesias y a sus iglesias miembros a que presten apoyo moral, económico y espiritual a nuestra red.

Una vez más insistimos en la urgencia de empezar cuanto antes a tomar medidas inmediatas y drásticas para aliviar el padecimiento de todos los niños del mundo.

Ya tuvimos ocasión de exponer nuestras inquietudes a la Unidad IV y a los comités centrales del CMI en 1997 y 1998. Como resultado de esas reuniones, han visto la luz numerosos planes de acción. Sin embargo, lo que nos faltan no son "planes", más bien tenemos una urgente necesidad de acción.

En consecuencia, exhortamos a la Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias y a todas sus iglesias miembros, a que adopten las medidas siguientes:

  • poner a disposición de los jóvenes todas las publicaciones relativas a los niños en las congregaciones locales;
  • dar a conocer la Red Ecuménica Mundial de los Niños en las iglesias locales;
  • promover la participación de los niños en las iglesias y de ese modo aumentar su protagonismo;
  • reconocer el Convenio de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño en todas las iglesias;
  • adoptar una resolución que estipule que el CMI está de acuerdo con todos los puntos del Convenio de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, sobre todo con la cláusula sobre la participación de los jóvenes;
  • contribuir a mejorar la imagen de los niños, sobre todo del niño delincuente, y a evitar su estigmatización;
  • crear un sitio Internet dedicado a la Red Ecuménica Mundial de los Niños y al positivo papel que están desempeñando los jóvenes en la sociedad actual;
  • asumir el compromiso de combatir la explotación de los niños, sobre todo de los niños víctimas del comercio sexual, así como la explotación de los que trabajan como sirvientes domésticos;
  • organizar un evento o reunión anual en cuyo marco las iglesias locales hagan una colecta para el Día Internacional del Niño; el dinero recaudado sería distribuido por la Red Ecuménica Mundial de los Niños para ayudar a los niños explotados y víctimas de abusos en todo el mundo.

Nosotros los niños deseamos felicitar al Consejo Mundial de Iglesias por estar a la vanguardia en la esfera de la promoción del protagonismo de los jóvenes. Sin embargo, también quisiéramos recordar al CMI que no hemos hecho más que comenzar el largo camino hacia el nuevo milenio en el que buscamos a Dios con la alegría de la esperanza.


8.5.VISIONES DE FUTURO
Philip Potter

Discurso pronunciado el 13 de diciembre de 1998 con ocasión de la celebración del cincuentenario del CMI.

Se me ha pedido que mire retrospectivamente el camino recorrido por el Consejo Mundial de Iglesias durante estos cincuenta años para discernir visiones para el futuro. Ahora que estoy entrado en años sólo me queda soñar, aunque debo reconocer que nunca he tenido un sueño muy profundo.

En Amsterdam, los delegados tenían una edad promedio de 61 años, mientras que la edad promedio de los jóvenes era de 25. Sin embargo, muchas de esas personas de edad habían mantenido viva la visión que habían recibido del Movimiento Estudiantil Cristiano, de las Asociaciones Cristianas de Jóvenes y de las Asociaciones Cristianas Femeninas. En el discurso que pronuncié ante la Asamblea dije que jóvenes y mayores se necesitaban unos a otros, en la comunión del Espíritu, para poder cumplir las tareas que tenían por delante.

Lo que más nos asombró, a nosotros los jóvenes, en Amsterdam, fue la osadía y el carácter profético del mensaje de la Asamblea, y, más particularmente, el llamamiento a ser testigos y servidores de Cristo para nuestros prójimos. Ese mensaje decía, en particular:

Será necesario que recordemos nosotros mismos y recordemos a todos los hombres que Dios ha derrocado de sus tronos a los poderosos y ensalzado a los humildes. Será necesario aprender nuevamente a hablar con osadía en nombre de Cristo tanto a quienes están en el poder como a toda persona, a oponernos al terror, a la crueldad y a toda discriminación racial, a permanecer al lado de los pairas, de los presos y los refugiados. Será necesario que la iglesia, en todas partes, sea la voz de los que no tienen voz en el mundo, la casa en la que todos encuentren su lugar. Será necesario que juntos asumamos nuevamente la obligación que nos corresponde como cristianos, hombres y mujeres, en la industria, la agricultura, la política, las profesiones y el hogar. Será necesario pedir a Dios que nos enseñe a decir juntos Sí y No en verdad. No, a todo lo que niega el amor de Cristo, a todo sistema, programa, persona que trate a los seres humanos como cosas irresponsables o como medio de provecho, a los defensores de la injusticia en nombre del orden, a los que siembran las semillas de la guerra declarándola inevitable. Sí, a todo lo que es conforme al amor de Cristo, a los que buscan la justicia, a los pacificadores, a los que esperan, luchan y sufren por la causa de la humanidad, a todos los que -- aún sin saberlo -- aspiran a un nuevo cielo y una nueva tierra en la que more la justicia.
Estas palabras son hoy tan vigentes y pertinentes como lo fueron en 1948. Hemos comenzado nuestros trabajos esta tarde con la lectura del versículo 1 del capítulo 12 de la carta a los Hebreos, en el que se habla de la nube de testigos. No debemos olvidar que el autor dice en el versículo 5 del capítulo 2 que esta visión es la de la "oikoumene venidera", la oikoumene de Dios, en la que mora la justicia, la paz y la integridad de la creación.

Se ha dicho que nuestro siglo es "el siglo de los extremos" y probablemente el próximo siglo XXI continuará siendo así. Sin duda alguna, es durante este siglo que se han producido y empleado armas capaces de destruir definitivamente a la humanidad, y es en este siglo también que la contaminación de nuestro medio ambiente natural ha llegado a constituir una amenaza. Durante los últimos cincuenta años, gracias a las diversas tecnologías avanzadas en el ámbito de la comunicación, que, sólo una pequeña minoría de la población del mundo controla, la "oikoumene", toda la tierra habitada, se ha transformado en una aldea mundial. Al finalizar este siglo, el mundo está dividido entre el Norte y el Sur, en muchas facciones hostiles, tanto desde un punto de vista económico, como cultural y religioso.

Tras este medio siglo, ¿qué herencia ha de transmitir el Movimiento Ecuménico? y ¿cuáles son las experiencias adquiridas que deberemos proseguir para hacer avanzar la unidad y la comunidad del pueblo de Dios, que es signo del designio divino de Dios para todos los pueblos en una tierra habitable? Durante las dos primeras horas de esta tarde de celebración hemos pasado revista rápidamente a la labor del Consejo Mundial de Iglesias durante estos cincuenta años, y algunos elementos se destacan y apuntan al futuro.

En primer lugar, los cristianos están dispuesto hoy a reconocer abiertamente las divisiones que se han producido, sobre todo durante el último milenio. Todas las iglesias históricas se relacionan ahora unas con otras. Durante los últimos cuarenta años ha habido notables encuentros y conversaciones entre las principales familias de las iglesias ortodoxas y ortodoxas orientales, la Iglesia Católica Romana, y las iglesias de la Reforma con sus ramificaciones. Gracias a los esfuerzos perseverantes de la Comisión de Fe y Constitución, hemos podido trazar caminos hacia la unidad visible, y dar pequeños pasos hacia una comunión más profunda en la fe, el culto y la vida.

Y ya no se mira públicamente con recelo e intolerancia a las comunidades pentecostales e independientes que surgen en América del Norte y del Sur, así como en África y en otras partes del mundo. Es verdad, podemos decir que hay un mayor respeto por la libertad religiosa. Y esto se debe en gran medida a la contribución aportada por las iglesias reunidas en el Consejo Mundial de Iglesias, que elaboraron los artículos correspondientes de la Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, y a los esfuerzos incesantes del Consejo para defender esa libertad en todo lugar.

En segundo lugar, el CMI ha continuado e intensificado su empeño principal de hacer progresar la misión de la Iglesia en los seis continentes, proclamando el Evangelio en las diversas culturas, y ejerciendo el ministerio de curación. También hemos asistido a un avance constante del diálogo, en un espíritu de respeto mutuo y de apertura. En algunos casos, se entabló una cooperación fructífera con creyentes de las principales religiones no cristianas en las esferas de los derechos humanos, la ayuda mutua, y el desarme y la paz. Todo esto debe continuar.

Ahora bien, en los últimos veinte años, ha aumentado de forma lamentable la cantidad de conflictos étnicos y religiosos, lo que nos insta, a nivel ecuménico, a prestar de forma concertada mayor atención a este problema que en el pasado. Desafortunadamente, al acelerarse la presión que ejerce la mundialización de las finanzas, la economía y las comunicaciones, se exacerban las reacciones violentas de los grupos étnicos y religiosos en muchos países. En este caso también, el Consejo Mundial de Iglesias, así como otros grupos cristianos y religiosos, deben hacer frente a la urgente tarea de intensificar el diálogo y la acción común, y buscar la forma de superar la violencia y estimular la cooperación por el bienestar de la humanidad.

En tercer lugar, el Movimiento Ecuménico, en particular el Consejo Mundial de Iglesias, ha puesto en práctica muchos programas de estudio y actividades que han suscitado cambios en diversos ámbitos de la condición humana y continuarán haciéndolo por el bien común. Estas actividades se llevan a cabo para alcanzar uno de los objetivos del Consejo de ponerse "al servicio de las necesidades humanas, eliminando las barreras que separan a los seres humanos, promoviendo una sola familia humana en la justicia y la paz, y salvaguardando la integridad de la creación".

Deseo enumerar aquí algunas de las preocupaciones que figuran en nuestro orden del día ecuménico, y son importantes ahora y en el futuro, y que requieren nuestra reflexión y toda nuestra energía.

  • El trabajo con los refugiados, las personas desplazadas y los migrantes ha sido y será uno de los grandes ámbitos de actividad en este mundo desgarrado por guerras y conflictos.
  • El Programa de Lucha contra el Racismo ha puesto de relieve una de las plagas que afectan a la familia humana -- la discriminación y la exclusión de personas por motivos de raza, la marginación de los pueblos indígenas, como es el caso en América y el Pacífico. Debemos defender y afirmar con determinación y con pasión el carácter sagrado y la plena humanidad de las personas de todas las razas.
  • La discriminación secular de que son víctimas las mujeres en la iglesia y la sociedad ha sido impugnada con vigor desde la Asamblea de Amsterdam. Gracias al Decenio Ecuménico de Solidaridad de las Iglesias con las Mujeres, que concluye con esta Asamblea, hemos accedido a una nueva etapa, que esperamos sea más innovadora, mediante el reconocimiento y la promoción de la igualdad de hombres y mujeres, que es un don de Dios.
  • La opción preferencial por los pobres y los desfavorecidos también se ha afirmado con particular energía durante los últimos treinta años. En un mundo en el que la pobreza y el desempleo están aumentando constantemente tanto en los países ricos como en los países pobres, tenemos la obligación, junto con toda persona de buena voluntad, de desenmascarar las causas de las desigualdades económicas y sociales y de obrar sin descanso por una comunidad mundial más justa.

Deseo contarles aquí una de las muchas experiencias que han puesto en evidencia el importante papel desempeñado por los jóvenes en los debates y la acción ecuménicos. Uppsala fue la más apasionante de las Asambleas del CMI, gracias, en particular, a los lugares de encuentro en los que se tomaba café y se discutía, y al diario que publicaban los estudiantes suecos. Los jóvenes que participaron se habían preparado muy bien para los trabajos de la Asamblea, y a lo largo del desarrollo de la misma, pasaron muchas noches en debates sobre la estrategia a seguir, debates en los que también participé. Los jóvenes influyeron en algunas de las resoluciones presentadas a la Asamblea para aprobación. Uno de ellos era un joven economista holandés, Jan Pronk. Seis años más tarde, como Ministro de Economía del Gobierno neerlandés, presidió una destacada Conferencia de las Naciones Unidas que elaboró una importante Carta sobre un nuevo orden económico mundial. En nuestra Asamblea de Nairobi, fui uno de los que citó pasajes de esta Carta al trazar nuestro programa "Hacia una sociedad justa y viable, basada en la participación". Jan Pronk también tomó la palabra ante nuestra Asamblea de Vancouver como director adjunto de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).
  • Este siglo de extremos, que fue testigo de las guerras más devastadoras de la historia, transmitirá al siglo XXI su legado de proliferación de armas de destrucción masiva, de guerras civiles y de conflictos regionales e internacionales. Y es deber del CMI y de otros organismos cristianos, así como de los instrumentos internacionales como las Naciones Unidas, de actuar, manteniendo una vigilancia constante, a fin de crear y de preservar un clima de paz en la tierra y de buena voluntad entre los pueblos.
  • Durante estos cincuenta últimos años, hemos presenciado una toma de conciencia cada vez más clara de los "límites del crecimiento" y de los límites que es necesario poner al despilfarro de los recursos de la tierra. Es cada vez más evidente que la tierra y la atmósfera deben ser protegidas y preservadas de la contaminación. Paradójicamente son los países más ricos y los más pobres los que, por razones totalmente opuestas, se muestran más reticentes y menos capaces de hacer frente a esa amenaza creciente que se cierne sobre la humanidad y sobre toda la creación. Hoy más que nunca, los cristianos están llamados a proclamar la bendición de Dios -- "Y vio que era bueno" -- sobre la creación, y a traducirla en actos.

No cabe duda de que el CMI, como comunidad de iglesias y como instrumento del Movimiento Ecuménico, tiene como razón de ser permanente la tarea de declarar, de palabra y obra, la unidad de todo el pueblo de Dios, de ser testigo de la gracia y el poder de salvación y renovación del Evangelio de Dios por medio de Cristo en la comunión del Espíritu Santo, y de servir y promover el bien de todos y todas. Espero fervientemente que los jóvenes participantes en esta Asamblea estén presentes en el próximo jubileo, el año 2048, para dar testimonio de lo que Dios ha cumplido en su generación a fin de llevar adelante el designio de Dios para todos.

Nos hemos reunido en esta Asamblea del Jubileo en un tiempo de enormes desafíos y también de grandes incertidumbre, tanto por lo que respecta a nuestra vida como a nuestra vocación común, como comunidad del pueblo de Dios en Cristo llamada a cumplir la obra divina en el mundo que es de Dios. Nos sentimos incapaces de cumplir con las tareas que tenemos por delante. Pero el apóstol Pablo nos recuerda que "nuestra capacidad proviene de Dios" (2 Co 3:5). Por ello nos hemos dicho a nosotros mismos y a los otros "Busquemos a Dios con la alegría de la esperanza". Ciertamente, esta esperanza es un amor en acción por la gracia de Cristo y el poder del Espíritu Santo. Y !a Dios toda la gloria!


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Octava Asamblea y 50 Aniversario

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