consejo mundial de iglesias

octava asamblea y 50 aniversario
material preparatorio

Reunión de Información y Debate sobre la Unidad III: Justicia, Paz y Creación

Orden del día anotado

La finalidad es (1) presentar los aspectos significativos del trabajo programático sobre Justicia, Paz y Creación; (2) dar cuenta de cómo la Unidad ha actuado respecto del patrimonio que constituye el pensamiento social ecuménico, adaptándolo a las realidades de hoy, y de cómo se ha ocupado del ardor y el fervor por la justicia, la paz y la integridad de la creación ecuménicamente experimentados en la Asamblea de Vancouver (1983); y (3) evaluar el mandato dimanante de la Asamblea de Canberra y de la reunión de la Comisión de la Unidad celebrada en Evian en 1992. Un documento adicional para esta reunión de información y debate es "El legado de la Unidad III", preparado por la Comisión de la Unidad.

Primera sesión
1. Bienvenida y presentaciones
2. Visión general del trabajo programático de la unidad, apoyada por la proyección de una serie de diapositivas comentadas.

Segunda sesión
Esta sesión se basará en la información que aporten los delegados y otros participantes sobre las reacciones y preocupaciones en el contexto local. Dos animadores se mezclarán con los participantes para estimularlos a que formulen sus comentarios. También se hará circular una cesta que contendrá breves afirmaciones o preguntas sobre cuestiones de justicia, paz y creación con objeto de obtener una reacción de los partipantes procurando que se refieran particularmente a su contexto local. Estas declaraciones pueden a su vez producir reacciones de otros participantes.La intención no es provocar una situación antagónica sino ilustrar la amplia diversidad de concepciones y experiencias.

En este proceso se intercalarán varias conversaciones telefónicas, previamente grabadas, con personas de diferentes partes del mundo que han participado en programas de la Unidad III o para quienes ha sido decisiva la labor del CMI sobre justicia, paz y creación.

Tercera sesión
Los miembros del Comité de Orientación Programática (COP) darán cuenta de lo que oyeron en las sesiones anteriores. Se pedirá luego a los participantes que manifiesten sus reacciones y observaciones. Para terminar la sesión, los miembros del COP indicarán las ideas generales que aportarán a las subsiguientes reuniones del Comité.

Informe sobre Justicia, Paz y Creación

Mandato, estructura del programa y resúmenes del programa
En su primera reunión, celebrada en Evian en mayo de 1992, la Comisión de la Unidad III formuló el siguiente mandato:
  • Promover el proceso conciliar de justicia, paz e integridad de la creación (JPIC) como aliciente para que las iglesias expresen más plenamente su vocación en la búsqueda de la unidad visible y expliquen claramente sus consecuencias para la visión ecuménica;
  • Realizar estudios, investigaciones y análisis sobre las consecuencias teológicas, éticas y sociopolíticas del proceso de JPIC;
  • Establecer redes de grupos de acción, en relación con las iglesias, capacitarlos para su trabajo en pro de la JPIC y facilitar su visión de una sociedad más justa y más humana;
  • Diseñar y poner en práctica programas que se ocupen, de manera integrada, de cuestiones relativas a la justicia, la paz, la integridad de la creación, los derechos humanos y el racismo;
  • Integrar las perspectivas de las mujeres y de los jóvenes en todo el trabajo de la Unidad y facilitar a las mujeres y a los jóvenes de la familia ecuménica los medios necesarios para que aporten esas perspectivas a la vida entera del CMI:
  • Prestar asesoramiento y apoyo para la formulación de las políticas del CMI sobre asuntos internacionales, especialmente en la medida en que afectan a la vida y el testimonio de las iglesias.

Tal como se desarrolló, el trabajo de la Unidad se organizó partiendo de tres tipos de actividades:

1. Estudio y reflexión: trabajo teológico básico, reflexión y desarrollo éticos, análisis socioeconómico y político, y documentación.

2. Formación de redes y promoción de derechos: capacitación y habilitación de grupos,formación ecuménica, facilitación de iniciativas locales y fortalecimiento de las comunicaciones.

3. Apoyo a la colaboración en la acción.

Sin duda, el mayor empeño de la Unidad ha sido trabajar de manera integrada y cohesiva. Se pidió a las cinco antiguas secciones, cada una de ellas bastante amplia y con sus órganos de decisión y presupuestos propios, que trabajasen integradas en una sola. Tanto la Comisión como el personal dedicaron a ello bastante tiempo, imaginación y energía, y lograron cierto éxito.

El proceso de integración tuvo tres etapas: (1) integración temática de los programas; (2) integración de los presupuestos de la Unidad; (3) reorganización de la administración de la Unidad.

En mayo de 1995, se dio un paso importante al aprobar la Comisión cinco temas de trabajo:

  • Participación y gobierno
  • Derechos humanos y derechos de los pueblos
  • Justicia racial, pueblos indígenas y etnicidad
  • Paz con justicia
  • Ecología y economía

Desde 1996 estos temas han proporcionado el marco para las actividades programáticas de la Unidad. El personal de programas se agrupó en equipos de trabajo en torno a esos temas, en ciertos momentos formando parte de más de uno de ellos, cuando en el marco de un tema se desarrollaban programas específicos que requerían conocimientos especiales.

En los últimos años, la preocupación acerca de la "mundialización" ha ido ocupando un lugar cada vez más importante en el quehacer de la Unidad. El debate sobre la mundialización brindó la oportunidad de percibir cómo el nuevo y cambiante contexto mundial afectaba al trabajo de la Unidad en lo referente a conceptos, contenidos y metodología. Con el tiempo quedó claro que prácticamente todas las actividades programáticas de la Unidad se veían afectadas de una manera o de otra.

El término "mundialización" no aparece en el informe oficial de la Asamblea de Canberra. Sin embargo, en el período que siguió a la reunión de Evian de 1992, ese término llegó a ser aceptado en general como el que mejor describía los cambios económicos, políticos y sociales que está experimentando el mundo. Su utilización en la Unidad III alcanzó mayor difusión durante y después de la segunda reunión de la Comisión de la Unidad, celebrada en Lárnaca en 1993. En la reunión de la Comisión que se celebró en Ginebra en 1995, el informe del Director se refirió especialmente a la mundialización como a un reto para el programa ecuménico.

Como el trabajo programático de la Unidad desde 1991 hasta 1996 fue realizado de hecho en el marco de equipos, el presente informe se centrará en los tres programas generales de la Unidad en su conjunto y en los cinco equipos.

Programas de la Unidad en su Conjunto

Teología de la Vida
Cuando se constituyó la Unidad III, era evidente que su integración no podía limitarse a una simple tarea burocrática interna sino que en ella se debía hacer participar también a los sectores de influencia de los diferentes equipos. Al cabo de dos años, la Unidad puso en marcha un proceso que prometía cumplir esa función: un programa llamado Teología de la Vida: Justicia, Paz y Creación. La propuesta de este programa tuvo su origen en el convencimiento de que las teologías elaboradas en las luchas por la justicia, la paz y la creación están relacionadas entre sí y comparten todas ellas la preocupación común por la vida. La cuestión que se puso sobre el tapete fue cómo abordar la problemática de la diferencia en las sociedades multiculturales, en las que la raza, la clase social y el género siguen siendo motivos de discriminación contra muchas personas.

Se eligieron las Diez Afirmaciones de la Convocación Mundial sobre JPIC (Seúl, 1990) como puntos de partida para más de 20 estudios de casos en diferentes partes del mundo, por lo general dos sobre cada una de las afirmaciones. Esta metodología se basaba en el supuesto de que las coincidencias y las diferencias teológicas que se ponen de manifiesto en relación con luchas locales, regionales y mundiales conectadas entre sí pueden conducir a un entendimiento más profundo en cada lugar y entre todas las partes interesadas. Los estudios de casos se completaron con un estudio sobre la historia del pensamiento social ecuménico en el CMI.

Los grupos dedicados al estudio de casos iniciaron su tarea en 1994. Empezaron a reflexionar sobre una de las diez afirmaciones de Seúl basándose en las experiencias de las personas en su propio contexto. Se alentaron mutuamente a confiar en el lenguaje de la vida y a oponer resistencia a la habitual división entre intelecto y emoción, que desvaloriza a esta última en favor del primero. Si bien esto correspondía a lo que ya muchos teólogos contextuales estaban haciendo en diferentes regiones del mundo, la Unidad tomó una nueva iniciativa al aplicar también ideas básicas de las teologías contextuales al proceso de intercambio, vinculando los niveles local y mundial. La cuestión era la siguiente: "¿Podemos encontrar una forma de hacer teología contextual ecuménicamente y de contextualizar la teología ecuménica de una manera nueva ?".

El proceso culminó en la conferencia "sokoni" celebrada en Nairobi en enero de 1997, que fue una etapa decisiva en la vida de la Unidad. Sokoni es la palabra swahili que sirve para designar el mercado africano tradicional de Kenya. Más que un simple lugar para el intercambio de mercancías, el sokoni es un espacio para la comunicación, que sirve de base y fortalece a la comunidad. Representantes de la Unidad y coordinadores de estudios de casos se reunieron en Nairobi con unas 300 a 500 personas de Kenya en un círculo de chozas africanas abiertas. Los comisionados de la Unidad III, al resumir las lecciones aprendidas en el programa de Teología de la Vida y en otras áreas del trabajo programático, pusieron de relieve que la Unidad había desarrollado un nuevo estilo de trabajo ecuménico:

Esencialmente este estilo de trabajo ecuménico consiste en que las iglesias, y las iglesias y los movimientos, aprenden unos de otros, siendo el CMI un vehículo para profundizar y ampliar su intercambio y adoptar nuevas o mejores iniciativas. Puesto en marcha, el proceso estimula una visión renovada, un análisis más profundo y métodos de cooperación más creativos, todo ello en el marco de redes ecuménicas. Se valora la inclusividad; se utilizan múltiples puntos de acceso para el análisis y la promoción; y se facilita un tipo de participación que se apoya en la experiencia y las energías de la vida diaria, que se inspira en las tradiciones y que traspasa fronteras y barreras. Esto conduce a una reflexión más rica merced a una multiplicidad de perspectivas libremente intercambiadas. Dicho más simplemente, este estilo de trabajo consiste esencialmente en un espacio y un método conducentes al afianzamiento de culturas de vida locales y regionales y a la formulación de teologías endógenas. Los medios de comunicación pueden ser el relato de historias, el testimonio personal, el estudio de la Biblia y el culto, el análisis y la reflexión, representaciones teatrales, canciones, la música, la danza, exposiciones, y otros. Fundamentalmente, la orientación general es descentralizada, no obstante lo cual se incluyen perspectivas mundiales, y apunta a una distribución descendente del poder económico, social y político, así como a la elevación de todas las formas de vida en Dios, con Dios y ante Dios.

Eclesiología y ética
El proceso de estudio sobre Eclesiología y Ética fue dirigido conjuntamente por Fe y Constitución y la Unidad III. Dejando de lado los estereotipos a fin de encontrar un terreno común, en el estudio se abordó el problema de la tensión entre la búsqueda de la unidad visible de la iglesia y su vocación al testimonio profético y el servicio. Se examinó la relación entre lo que la iglesia es y lo que la iglesia hace. Las cuestiones éticas están inseparablemente vinculadas al ser mismo de la iglesia. Las notas esenciales de la iglesia catolicidad, apostolicidad, unidad y santidad quedan en entredicho cada vez que la iglesia justifica algún tipo de injusticia. En el estudio se hizo hincapié en la necesidad imperiosa de una reflexión y un compromiso éticos ecuménicos, y se presentaron valiosas ideas sobre las nociones de la "casa de vida" y de las iglesias como comunidades en las que se lleva a cabo la formación moral, a través de su enseñanza y de su vida.

El jubileo y el kairós de Africa
El programa de la Unidad III Hacia la reconstrucción de Africa tardó tres años en desarrollarse. Pasó por diferentes etapas, una de las cuales fue la elaboración de un plan de acción para promover la noción de "la iglesia en diálogo con la sociedad africana". Se siguieron dos métodos: el diálogo a través de actividades ecuménicas de estudio y reflexión, y el diálogo a través de visitas de intercambio ecuménico en Africa y entre africanos. Parte de los frutos de ambos procesos se presentó a la conferencia sobre "El jubileo y el kairós de Africa", celebrada en Johannesburgo en mayo de 1997. La conferencia recomendó que se profundizara el estudio, el análisis y la reflexión sobre la fe y la política, así como sobre la fe, la economía, la misión y la colaboración.

Un estudio sobre la democracia y la ética del buen gobierno proporcionó un marco dinámico para profundas reflexiones sobre las políticas africanas y la función de la religión en la actualidad. En varios países africanos las iglesias han intervenido activamente en el proceso de democratización. A menudo ha sido la historia la que les ha confiado ese papel, dado que muchas otras instituciones de la sociedad civil se veían sistemáticamente imposibilitadas de cumplirlo después de más de 20 años de dictadura. En general, las iglesias no están bien capacitadas para desempeñar ese tipo de función.

Por consiguiente, el proceso de estudio contribuyó al esfuerzo por capacitar a las iglesias para que desempeñen una función provechosa en la búsqueda de sociedades pacíficas, justas y participatorias en Africa. Una de las conclusiones del estudio fue que, si bien las luchas por la democracia en Africa hace tiempo que se vienen desarrolando, el actual proceso de democratización no conducirá necesariamente a la emancipación de los pueblos; se trata más bien de un proceso para legitimar la privación del poder de decisión de las personas. En la mayoría de los países africanos, la preocupación se centra en el proceso y no en el contenido de la democracia, reduciendo así ésta última a un simple instrumento estratégico para acceder a puestos de poder.

En el proceso de diálogo se determinaron numerosas cuestiones que requieren más reflexión y acción en las esferas de la comprensión teológica y bíblica, el cambio social y las metodologías y estrategias.

Racismo, Pueblos Indígenas y Etnicidad (PLR)

Durante el período en que las energías y los recursos del PLR se centraban principalmente en el Africa austral, de lo que se trataba era de señalar las manifestaciones más representativas del racismo institucional (o, en el caso de Sudáfrica, constitucional), reforzadas por el prejuicio personal y la discriminación. A medida que, en los últimos años, el foco de atención se ha ido desplazando de Sudáfrica, la noción de las manifestaciones de racismo se ha ampliado considerablemente.

Los anteriores programas del PLR dependían en alto grado de los análisis y las propuestas de acción dimanantes de grandes consultas internacionales de personas procedentes de las regiones y la Comisión y el personal del PLR. Esta metodología fue de gran ayuda en el empeño por eliminar el racismo constitucional del apartheid, pero no fue muy efectiva para hacer que las iglesias miraran lo que ocurría en sus mismas puertas. Personas e iglesias de muchas partes del mundo se convirtieron en expertos en el racismo de Sudáfrica, pero rara vez consideraron cómo esa misma dinámica existía en sus propios países. De lo que se trata ahora es de animar a las iglesias miembros para que analicen el racismo en su propio contexto tan agudamente como lo hicieron en Sudáfrica y actúen en consecuencia.

Un elemento presente a lo largo de la historia del PLR han sido los lazos con las iglesias y con los movimientos. Los vínculos con los movimientos antiapartheid de todo el mundo fueron muy fuertes. Alentados por el PLR, algunos de esos movimientos empezaron a trabajar también sobre el racismo en sus propios países. El compromiso de mantener los lazos entre las iglesias y los movimientos sigue en pie. Pero aunque se mantiene el compromiso de "luchar contra el racismo", el trabajo actual puede definirse mejor con términos como "apoyo" e "iniciativas".

El proceso de estudio ecuménico sobre el racismo. Si bien el paradigma negro-blanco sigue siendo la base para la comprensión del racismo, han empezado a surgir nuevas manifestaciones de racismo. Se está prestando cada vez mayor atención a las consecuencias mundiales del racismo, a la dinámica del racismo económico y ecológico, y al racismo en la iglesia y la teología.

El Comité Central del CMI observó en 1995 que el racismo institucional y la ideología racista en sus formas más perniciosas no han retrocedido en las sociedades contemporáneas y siguen afectando profundamente a las iglesias, mientras que las tendencias sociales, políticas y económicas actuales están generando nuevas expresiones de racismo. Por eso, se está poniendo en marcha un proceso de estudio ecuménico sobre el racismo para identificar y analizar las tendencias y manifestaciones contemporáneas del racismo, prestando especial atención a las concepciones y experiencias regionales.

Contribuyen a este estudio las reacciones a un debate inicial sobre "¿Qué es hoy el racismo?", los análisis actuales procedentes de las regiones y los procesos desarrollados en el marco de la labor del CMI sobre el Evangelio y las culturas. Este proceso, en el curso del cual se prepararán documentos a nivel mundial y regional, aportará una valiosa contribución a los debates de la Octava Asamblea e informará la futura labor del CMI sobre el racismo.

La campaña estadounidense: el racismo como violación de los derechos humanos. En 1994, el CMI y el Consejo Nacional de Iglesias de los Estados Unidos de América copatrocinaron una campaña de un año encaminada a crear un mayor grado de conciencia acerca del racismo como violación de los derechos humanos. La campaña comprendía actividades educativas y sesiones de información y debate en presencia de un equipo de personalidades que visitó siete lugares del país, elegidos para poner de relieve violaciones concretas de los derechos humanos de las que eran víctima diferentes grupos étnicos y raciales. Entre los asuntos examinados en esas sesiones cabe destacar la inmigración, la libre determinación, la soberanía, las condiciones de encarcelamiento, la imposición de sentenciass, la brutalidad de la policía, la pena de muerte, los presos políticos, la educación, la salud, el desempleo, la vivienda, el racismo ambiental y la violencia racista.

Sobre la base de lo expresado en las sesiones de información y debate, el equipo de personalidades concluyó que había pruebas generalizadas de la existencia de formas graves y sistemáticas de racismo en todo el tejido social de los Estados Unidos; muchos de los actos de racismo constituían claras violaciones de los derechos humanos fundamentales definidos en el derecho internacional. El trabajo complementario de la campaña consistió en intervenciones ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (1995), la preparación de una carpeta de material informativo para las iglesias y los grupos pertinentes, y un informe del CMI sobre la campaña.

Las mujeres víctimas del racismo (MVR) y la red SISTERS. Mujeres de color, activas participantes en el movimiento ecuménico, pidieron que se pusiese en marcha un programa para analizar la triple opresión de que son víctima las mujeres de color: el racismo, el sexismo y el clasismo. Constituido en 1980, el programa concedió importancia prioritaria en el período de Canberra a Harare a dos objetivos principales: (1) movilizar a las iglesias en pos de un compromiso y una acción concretos en solidaridad con las mujeres de color, y (2) facilitar la formación de redes MVR en una hermandad mundial para trazar estrategias comunes contra esa triple opresión.

Talleres y reuniones, cartas circulares, análisis y reflexiones precedieron a una reunión mundial de MVR en 1992 que fue una importante contribución al Decenio Ecuménico de Solidaridad de las Iglesias con las Mujeres. En esa ocasión se constituyó la red mundial SISTERS (Hermanas en solidaridad para eliminar el racismo y el sexismo) en respuesta al pedido de un intercambio más sistemático de experiencias y estrategias y de formación de coaliciones. Las regiones que abarcan la red son Europa, América Latina, América del Norte, el Pacífico y, en menor medida, Asia y el Caribe.

Entre los temas abordados en los talleres, figuran las manifestaciones de racismo en una región determinada y sus consecuencias en la vida de las mujeres; los vínculos entre racismo y colonialismo, castismo, sexismo, economía y migración; las tierras y los modos de subsistencia de los pueblos; las culturas, los derechos humanos y la ciudadanía; así como elementos para una teología de las mujeres de color. En los últimos años, el programa MVR ha reforzado su cooperación con las iglesias miembros del CMI y las organizaciones ecuménicas regionales.

Etnicidad. Se ha avanzado muy despacio en lo que se refiere a la comprensión de los parámetros de esta cuestión a nivel de todo el Consejo, en parte debido a la falta general de un análisis crítico de la función de las iglesias en el desarrollo del etnonacionalismo.

La Comisión de la Unidad III expresó su decepción por esta lentitud y pidió que se procediese a una definición más precisa y que se presentasen propuestas programáticas concretas. Una ulterior consulta del personal de todo el CMI reveló que había un considerable volumen de trabajo programático sobre esta cuestión y otras cuestiones conexas, que se llevaba a cabo de diversas maneras en las oficinas de Relaciones Interreligiosas, Comunicación, Misión Urbana y Rural, Educación, Evangelio y Cultura, Refugiados y Migración, y Emergencias. En la Unidad III se han ocupado del tema la Oficina de Asuntos Internacionales (mediación y consultas en situaciones de conflicto), el PLR en relación con las minorías étnicas, y las secciones de Mujeres y Juventud.

El número creciente de conflictos y enfrentamientos étnicos en todo el mundo hace, por supuesto, más urgente ocuparse de la cuestión. Pero el trabajo en el CMI no está suficientemente coordinado. La consulta celebrada en 1994 en Sri Lanka junto con la FLM y la ARM propuso varios estudios de casos y un "reto a las iglesias".

Programa sobre los Pueblos Indígenas (PPI). En 1990, el trabajo sobre los pueblos indígenas recibió nuevo impulso de la consulta mundial del CMI que tuvo lugar en Darwin bajo el lema "La tierra es nuestra vida". La "Declaración de Darwin" y la declaración de la Asamblea de Canberra sobre "Los pueblos indígenas y los derechos a la tierra: más allá de las palabras" fueron un incentivo para que las iglesias tomaran medidas concretas a fin de compartir los recursos con los pueblos indígenas y aumentar la participación indígena en las estructuras eclesiales, las congregaciones y las reuniones de las Naciones Unidas.

Los métodos utilizados por el PPI incluyen el compartir de experiencias y el análisis colectivo de los problemas, para llegar a soluciones por consenso. Se celebraron talleres, encuentros, conferencias y consultas a nivel local, regional y mundial con objeto de tender puentes entre las organizaciones de los pueblos indígenas y las iglesias y las organizaciones conexas.

Se abordó el tema de la espiritualidad de los pueblos indígenas como expresión holística de vida dentro de la creación, que se ve amenazada por las sociedades dominantes. El CMI y el PPI reunieron a los dirigentes para que dialogasen y empezasen a restablecer sus esperanzas y visiones de comunidades inclusivas. Hay un diálogo permanente sobre el tema de las teologías cristianas y la sabiduría de los pueblos indígenas, entre los cuales las mujeres y los ancianos mantienen viva la identidad histórica y cultural. Los pueblos indígenas entienden que la cultura occidental ha capturado la Biblia y el Evangelio. Creen que la esencia del Evangelio fue mal interpretada y que esa interpretación se les impuso como la única verdadera, considerándose todas las demás equivocadas y satánicas. Los pueblos indígenas piden a los cristianos que respeten su manera de ir al encuentro de la Buena Nueva.

La tierra y la libre determinación tienen fundamental importancia para la existencia de los pueblos indígenas. El CMI ha alentado a las iglesias a que entablen diálogo con los pueblos indígenas en su propio entorno, analizando críticamente la historia de sus relaciones con esos pueblos y asumiendo la invitación del jubileo a "restituir a los pueblos indígenas sus tierras históricas actualmente en posesión de la iglesia u ofrecerles reparación por ellas".

El Programa de Cursillistas del CMI ha brindado la oportunidad de recibir formación ecuménica a dos mujeres jóvenes: una mahorí procedente de Aotearoa y una sami de Noruega. El PPI se ha enriquecido a su vez con la presencia de esas dos jóvenes internas.

La participación de los pueblos indígenas en las reuniones de las Naciones Unidas es cada vez mayor. Además de proporcionar algunos fondos, el PPI ha facilitado los encuentros anuales de dirigentes indígenas en el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre las poblaciones indígenas, en julio, el Grupo de Trabajo sobre el proyecto de declaración, en octubre, y la Comisión de Derechos Humanos en marzo/abril.

Solidaridad con la población dalit de la India. Cuando la Comisión del PLR se reunió en Madrás en 1989 y decidió establecer lazos con las comunidades dalit de la India, pocos podían prever la dirección que tomarían esas aspiraciones. La Unidad III facilitó la creación de un movimiento de solidaridad entre los dalit (Dalit Solidarity People), en el que participan dalit cristianos, sijs, budistas, musulmanes e hindúes que trabajan en solidaridad unos con otros, algo que no se había logrado antes en la India. La función principal del CMI en esta empresa ha consistido en reunir fondos y llamar la atención internacional sobre la cuestión.

El movimiento es actualmente muy activo en la lucha por el cambio social, político y económico en beneficio de esos casi 200 millones de indios que sufren una opresión sistemática porque nacieron fuera del sistema de castas.

Asuntos Internacionales (CIAI)

La importancia del testimonio del CMI en el ámbito de los asuntos internacionales ha aumentado durante esta época de grandes transiciones en la historia del mundo. La mundialización ha exigido un mayor volumen de trabajo analítico sobre las actuales tendencias mundiales y regionales, mayor capacidad para acompañar iniciativas en pro de la paz y la resolución de los conflictos, y una atención centrada en los nuevos problemas que se plantean en relación con los derechos humanos y el imperio de la ley.

El trabajo del CMI en esta esfera comprende los asuntos internacionales que interesan al Consejo en su conjunto (cuestiones de actualidad) y actividades programáticas en el marco de la Unidad III.

El trabajo sobre las cuestiones de actualidad consiste en lo siguiente:

  • seguimiento sistemático de las tendencias políticas mundiales y de situaciones particulares;
  • colaboración con otras unidades y oficinas del CMI en lo tocante a los aspectos de su tarea relacionados con los asuntos internacionales;
  • asesoramiento del Secretario General acerca de la respuesta del Consejo a problemas determinados;
  • preparación de notas de información básica y propuestas para la acción de los órganos rectores respecto de cuestiones de actualidad;
  • reunión de representantes de las iglesias para celebrar consultas sobre las respuestas ecuménicas a problemas críticos.

La situación que siguió a la guerra fría ha obligado a la CIAI a facilitar una amplia serie de notas de información básica para ayudar a determinar las nuevas dificultades que se plantean a las iglesias. Fue especialmente importante preparar por adelantado propuestas cuidadosamente consideradas sobre cuestiones de particular interés internacional.

Aunque se abordaron muchas situaciones problemáticas, las declaraciones y otras formas de respuesta del CMI fueron, por lo general, bien recibidas por las iglesias de los países y regiones afectados, como valiosas expresiones de solidaridad. En varias zonas particularmente contenciosas (Timor Oriental, Sudán, China-Taiwan, la ex Yugoslavia, la Región de los Grandes Lagos), se celebraron reuniones con representantes eclesiásticos en las que se consiguió un acercamiento de las partes respecto a su evaluación de los problemas y de las posibles respuestas ecuménicas. La Oficina de Enlace de la CIAI con la sede de las Naciones Unidas en Nueva York ha hecho a menudo aportaciones decisivas y ha ayudado a establecer allí lazos con especialistas en asuntos políticos.

Las actividades programáticas han abarcado las siguientes grandes esferas de continua preocupación:

  • derechos humanos, incluidas la impunidad y la libertad religiosa;
  • el desarme y el comercio de armas;
  • la paz y la solución de los conflictos, incluido el Programa para Superar la Violencia;
  • el gobierno mundial, incluidas las relaciones con las Naciones Unidas.

Una característica de este período ha sido el entrelazamiento de las preocupaciones por los derechos humanos, la paz, la resolución de conflictos, las cuestiones relacionadas con los armamentos, y el gobierno mundial.

Derechos humanos. Este trabajo implica observar las tendencias y las situaciones concretas en que constantemente se violan o amenazan los derechos humanos. Deben establecerse estrechas relaciones con las iglesias, los órganos ecuménicos, las organizaciones relacionadas con las iglesias y otras organizaciones de derechos humanos en todos los niveles, así como con organismos intergubernamentales. Algunas situaciones requieren una intervención urgente, incluidas las misiones pastorales o de investigación. Otras facetas del trabajo son la promoción y el apoyo financiero de nuevas iniciativas en materia de derechos humanos, y el desarrollo de redes de solidaridad entre las iglesias en las diferentes regiones.

La participación ecuménica en la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos, que tuvo lugar en Viena en 1995, fue precedida de consultas regionales; y el estudio a nivel mundial de la política y la práctica ecuménicas en materia de derechos humanos ha ayudado a la Unidad a aplicar a las intervenciones actuales las enseñanzas aprendidas en el trabajo anterior y a determinar nuevas tendencias en la esfera de los derechos humanos.

Una de esas tendencias ha sido el trabajo sobre la impunidad. El estudio de casos en América Latina así como reuniones y contactos con grupos de otras partes del mundo han mostrado que esta tendencia tiene capital importancia no sólo para la protección efectiva de los derechos humanos sino también en relación con la paz, la reconciliación y la solución de los conflictos. La labor específica en la esfera de la libertad religiosa ha hecho evidente la necesidad de hacer más en este aspecto, especialmente en lo que se refiere a la contribución de las iglesias al debate público acerca de las relaciones entre la iglesia y el Estado, en particular en las sociedades en transición.

Otra esfera de acción que está ganando importancia es la cooperación interreligiosa en lo que se refiere a la protección de los derechos humanos.

El desarme y el comercio de armas. La carrera de armamentos nucleares, el comercio de armas tradicionales y la militarización, esferas todas ellas en las que el CMI realizó una labor que marcó un hito en el pasado, siguen siendo preocupaciones importantes.

Al comienzo del período que se examina se celebró una consulta sobre el comercio de armas tradicionales, y se elaboraron directrices para la acción de las iglesias en contra de esa actividad. Entre las cuestiones más críticas figuran la venta de armas tradicionales a zonas de conflicto declarado o potencial y la acumulación de armas en manos privadas. Se está prestando especial atención a la elaboración de directrices prácticas para las iglesias en el campo del microdesarme.

La paz y la solución de los conflictos. Ninguna esfera de acción ha exigido más atención que ésta en el período posterior a Canberra. La proliferación de conflictos en la ex Unión Soviética y en Africa ha requerido intensa atención, también debido al carácter nuevo y más complejo de los conflictos. Los conflictos étnicos que han reaparecido en varias partes del mundo a menudo afectan directamente a las iglesias. Se han desarrollado nuevas formas de nacionalismo intolerante. Las iglesias y los órganos rectores esperan cada vez más que el CMI pueda actuar directamente como mediador en los conflictos.

Se inició un estudio sobre la función de las sanciones económicas, y en 1995 el Comité Central adoptó directrices de política sobre su aplicación.

Se ha realizado un considerable trabajo con miras a la efectiva participación de las iglesias y el movimiento ecuménico en la solución de los conflictos en la ex Yugoslavia, Armenia y Azerbaiján, Timor Oriental, Sri Lanka y Chipre. En Africa se dedicó especial atención a los conflictos planteados en Angola, Mozambique, Sierra Leona, el Cuerno de Africa, el Sudán, y especialmente la región de los Grandes Lagos. El CMI participó en el proceso de negociación en Guatemala, y también realizó un trabajo similar en Colombia y en Haití. Organizó asimismo equipos ecuménicos para observar las elecciones en Sudáfrica y en Palestina, y se ocupó también de la cuestión de la situación jurídica definitiva de Jerusalén.

Programa para Superar la Violencia. El Comité Central estableció el Programa para Superar la Violencia (PSV) en enero de 1994 en respuesta a la creciente oleada mundial de violencia y al deseo de una paz con justicia. El programa se centra en los aspectos prácticos de la construcción de una cultura de la paz mediante la superación de la violencia en los distintos planos de la sociedad, y en alentar a las iglesias a que asuman un papel preponderante en la utilización de medios no violentos, como la prevención, la mediación, la intervención y la educación, según los distintos con-textos. El PSV puede considerarse como un amplio marco dentro del cual los esfuerzos de las iglesias y de otros grupos pueden encontrar un lugar propio.

Junto con Fe y Constitución, el PSV ha emprendido un proceso de estudio sobre las dimensiones teológica y eclesiológica de la violencia y de la no violencia y los poderosos recursos que ofrece la fe cristiana para construir culturas de paz.

Puesta en marcha por el Comité Central del CMI en septiembre de 1996, la campaña "Paz a la Ciudad" es una iniciativa mundial de dos años encuadrada en el PSV que culminará en la Octava Asamblea. La campaña se centra en siete ciudades del mundo en donde se están haciendo creativos esfuerzos para superar la violencia mediante un trabajo intercomunitario. Esos innovadores modelos de construcción de la paz y comunidades reconciliadas se están poniendo de relieve con el fin de:

  • darlos a conocer ampliamente;
  • reconocer el valor de sus enfoques y métodos;
  • sintetizar las lecciones aprendidas para concebir nuevas ideas y perspectivas teóricas;
  • estimular el compartir y la formación de redes;
  • ofrecer a otros esperanza así como los instrumentos necesarios para que realicen esfuerzos análogos en su situación particular.

Las ciudades de que se trata son Belfast (Irlanda del Norte), Boston (Estados Unidos), Colombo (Sri Lanka), Durban (Sudáfrica), Kingston (Jamaica), Río de Janeiro (Brasil), y Suva (Fiji).

Han sido fundamentales para el éxito de la campaña las nuevas metodologías de asociación y comunicación. Los asociados en la campaña a nivel local proceden de diversas organizaciones cristianas, seculares e interreligiosas, distintas de los grupos normalmente asociados con el movimiento ecuménico. Para comunicar los objetivos y los progresos de la campaña y para ampliar las redes que obran por la justicia y la paz, se ha creado un sitio web interactivo que permite compartir información y material regularmente actualizados, y que constituye un foro para que otros grupos y personas compartan su trabajo y sus ideas. También forman parte de la estrategia de comunicación de la campaña un servidor de correo electrónico, boletines, libros y vídeos.

Gobierno mundial. La tónica para el trabajo sobre el gobierno mundial durante este período la dieron las incisivas preguntas planteadas en la resolución de la Asamblea de Canberra sobre la Guerra del Golfo acerca del "nuevo orden mundial" posterior a la guerra fría y sus efectos en las instituciones de las Naciones Unidas. En la declaración sobre los "Desafíos contemporáneos para Africa", adoptada por el Comité Central en Johannesburgo (1994), se echaron las bases para la consideración de la "democracia" en un período de transición de la historia del mundo, tanto con respecto a la conducta internacional como a las consecuencias para el gobierno en los planos regional, nacional y local.

Prosiguió el trabajo con la Comisión y la Subcomisión de Derechos Humanos, de las Naciones Unidas. Participaron en él varios equipos de las Unidades III y IV. Se prepararon intervenciones sobre una serie de problemas nacionales, a menudo invitando a personas de los respectivos países para que hablasen o trabajasen con las delegaciones. Se cooperó con los relatores especiales en la cuestión de la impunidad respecto de anteriores crímenes contra la humanidad.

Durante el período que se examina se organizó un número sin precedentes de conferencias mundiales de las Naciones Unidas, en seis de las cuales participó el CMI: Río de Janeiro (Medio Ambiente y Desarrollo), El Cairo (Población y Desarrollo), Viena (Derechos Humanos), Beijing (La Mujer y el Desarrollo), Copenhague (Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social) y Roma (Conferencia Mundial sobre la Alimentación).

El primer estudio y la primera evaluación completos de las relaciones del CMI con el sistema de las Naciones Unidas en casi dos décadas se llevaron a cabo durante 1995. Entre otras cosas, este examen puso de relieve la importancia de la Oficina de Enlace con la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Se prestó asistencia a varios programas del CMI en relación con su trabajo vinculado con las Naciones Unidas. Se realizaron nuevos esfuerzos para intensificar las relaciones de trabajo con las secretarías de las Naciones Unidas encargadas de asuntos humanitarios y del mantenimiento de la paz. Las Naciones Unidas reconocen cada vez más la importancia de la contribución de las organizaciones no gubernamentales, y en particular del CMI y sus iglesias miembros, tanto para la elaboración de políticas como para las operaciones sobre el terreno.

Economía, Ecología y Sociedad Sostenible (ECOS)

El trabajo programático sobre este tema se sirvió de diversos métodos: redes (regionales y sobre cuestiones específicas); intercambios y comunicación; campañas (como la de la petición sobre el cambio climático); estudio y reflexión; educación, capacitación y formación; tareas concretas encargadas al exterior (referentes, por ejemplo, al cambio climático, la sociedad civil o las instituciones de Bretton Woods); y metodologías innnovadoras (por ejemplo, reflexión bíblica y teológica contextual).

Para desarrollar sus programas, el equipo prefirió un estilo de trabajo descentralizado, basado en iniciativas locales y con la participación de las iglesias miembros, las organizaciones ecuménicas regionales y los asociados y organismos de la red. Las actividades del programa se agruparon en tres grandes rubros: La Vida en la Creación, La Vida en la Comunidad y Hacia Economías de Vida.

La Vida en la Creación
Este trabajo se centró en una respuesta ecuménica al proceso de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD, Río de Janeiro, 1992), el calentamiento atmosférico y el cambio climático acelerado, y la reflexión teológica sobre JPIC en el marco de una Teología de la Vida.

Se organizó una gran conferencia con el título "En busca de un nuevo cielo y una nueva tierra" durante la Cumbre de la Tierra de las Naciones Unidas celebrada en Río de Janeiro (CNUMAD). Esta reunión ecuménica tuvo lugar en Baixada Fluminense, una comunidad de fuera de Río en la que los problemas económicos, ambientales y raciales son realidades cotidianas para la mayoría de la población. La reunión tuvo un efecto dinamizador en los participantes y su trabajo en diversos lugares, y la vinculación entre la situación local de las personas que luchan por la vida y el quehacer mundial se convirtió en un tema principal del trabajo sobre la Vida en la Creación. El CMI cuestionó cada vez más el uso inadecuado del término "desarrollo sostenible" para legitimar los actuales enfoques económicos que se basan en el crecimiento económico ilimitado y en una expansión continua y no reglamentada de la producción y el consumo por los ricos del mundo. En el trabajo futuro se deberá abordar el conflicto entre la búsqueda de comunidades socialmente justas y sostenibles y la expansión del comercio mundial.

En el pacto sobre el calentamiento atmosférico y el medio ambiente sellado en la Convocación Mundial sobre Justicia, Paz e Integración de la Creación (JPIC), que tuvo lugar en Seúl en 1990, se pedía que se intensificara el trabajo del CMI sobre el cambio climático. Este programa desarrolló con éxito un estilo de trabajo descentralizado que fortaleció los vínculos entre el CMI y las redes regionales. Una serie de consultas contribuyó a mejorar el enfoque y a reflexionar sobre la noción social de comunidades justas y sostenibles. En colaboración con las comuniones cristianas mundiales y otras organizaciones ecuménicas y ecológicas, se organizó una campaña para pedir la reducción de las emisiones de dióxido de carbono.

La Vida en la Comunidad
Desde comienzos del decenio de 1990 se han planteado tres nuevas e importantes cuestiones: una crítica de la noción del desarrollo en una nueva realidad mundial; nuevos retos para la cooperación internacional, y la necesidad de encontrar nuevas formas de reforzar la autosuficiencia de las organizaciones ecuménicas. Para responder a la nueva situación, las organizaciones donantes, en cooperación con el CMI, pusieron en marcha la iniciativa "Encontrar juntos el camino". Los asociados de América Latina eligieron otro enfoque e iniciaron un creativo proyecto de investigación sobre la viabilidad económica de las organizaciones ecuménicas.

En esta esfera de actividad se siguieron tres líneas programáticas:
Redes: movimientos sociales, mundialización y exclusión. En el período de cambio y agitación mundiales que siguió a la caída del Muro de Berlín, el CMI fomentó nuevas iniciativas, organizó intercambios y prestó apoyo a la formación y la investigación. Se desmantelaron dos redes regionales y se crearon cinco nuevas. Se establecieron vínculos con nuevos grupos de asociados. El CMI ha fortalecido su función de facilitador, posibilitador y catalizador de redes, buscando siempre una respuesta adecuada a la pregunta de cómo trabajar con el programa de las redes y grupos de las regiones manteniendo al mismo tiempo estrechas relaciones con los programas propios.

Las reuniones organizadas desde Ginebra no eran el instrumento adecuado para ello. El programa tuvo que desarrollar un enfoque descentralizado a fin de facilitar procesos significativos en las regiones y reafirmar la función de los movimientos sociales en la vida del movimiento ecuménico. Al mismo tiempo, las redes han valorado al CMI como organización internacional que arrostra las cuestiones de la mundialización y que promueve espacios de encuentro más allá de las diversidades.

La sociedad civil y la vida en la comunidad. Este programa se estableció en respuesta a la búsqueda de nuevos paradigmas sociales por muchos asociados de las regiones. El trabajo se ha realizado en cooperación con asociados de Alemania, Corea, Estados Unidos y Sudáfrica. El principal instrumento utilizado hasta 1995 fue la "academia correspondiente", un esfuerzo conjunto con la Academia Evangélica de Loccum (Alemania) y la Vesper Society (Estados Unidos). Uno de los aspectos principales del programa era alentar y facilitar iniciativas locales con la participación de las iglesias en las esferas de la democracia, la solución de conflictos y las alternativas económicas. Se prestó particular atención a Sudáfrica, Europa central y oriental, Africa oriental y Cuba.

Reflexiones bíblicas y teológicas desde las perspectivas personales. Este programa tenía por objeto animar a las personas a hacer teología y a leer la Biblia en la vida diaria. En América Latina se desarrolló con éxito un método que podría compartirse con otras regiones. Se pidió a los especialistas en estudios bíblicos que elaboraran una nueva hermenéutica y que capacitaran instructores. Se formó a unos 240 animadores locales. En 1997 se inició un nuevo programa mundial sobre pedagogía bíblica. El programa teológico empezó en 1994 con una reunión que congregó a teólogos relacionados con los procesos "Kairós" y "Camino de Damasco". La idea era fomentar lo más posible las reflexiones teológicas a nivel local. Se organizaron varias actividades importantes, en particular "Del kairós al jubileo" en los Estados Unidos, una reflexión teológica en Kairós Europa, y un proceso sobre teología y cultura en el Caribe, América Latina y Asia.

Hacia Economías de Vida
El documento de estudio sobre La Fe Cristiana y la Economía Mundial Hoy, traducido a nueve idiomas, facilitó el marco para gran parte de la labor del CMI sobre cuestiones económicas en el decenio de 1990. Se utilizó en numerosos encuentros para estimular la reflexión y la acción en lo concerniente a la relación entre la fe cristiana y la economía, cuestión ésta que ha llegado a adquirir una dimensión cada vez más crucial en toda respuesta cristiana al acelerado proceso de mundialización.

Ya a comienzos del decenio de 1980, el CMI había comenzado a trabajar sobre la cuestión de la deuda , en estrecha cooperación con asociados del Sur y con el Center of Concern de Washington. El Consejo procuraba ayudar a las iglesias miembros a comprender los orígenes de la crisis y a estudiar posibles alternativas, afrontando muchas críticas acerca de la intervención de las iglesias en las cuestiones financieras, incluso dentro de las propias iglesias. Iniciada en 1997, la iniciativa Jubileo 2000 ha dado nuevo impulso al trabajo ecuménico sobre esta cuestión.

Reconociendo que el problema de la deuda debe ser abordado en el contexto de la evolución del sistema económico mundial en su conjunto y del sector financiero en particular, la Unidad III apoyó un ambicioso programa del Center of Concern de Washington para estudiar posibles alternativas a las llamadas instituciones de Bretton Woods, esto es, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. El 50 aniversario del acuerdo de Bretton Woods en 1994 fue una ocasión para convocar a varios grupos de acción y organizaciones de investigación a una reunión en Washington, que sirvió de plataforma para el intercambio de información, la comparación de análisis y estrategias y la determinación de posibles acciones comunes.

Educación para la JPIC
Mientras los diferentes programas de la Unidad III se ocupaban de diversos procesos educativos en torno a sus respectivas esferas de competencia, la Educación para la JPIC se centró en el estudio de los problemas metodológicos y las consecuencias del trabajo de la Unidad. Para ello fue necesario coordinarse con las oficinas de educación de otras unidades emprender una evaluación interregional y regional de los procesos de educación. Los resultados pusieron de manifiesto algunos cambios en las perspectivas y enfoques, y subrayaron la necesidad de un enfoque pluridimensional de la educación, sobre todo en las situaciones en que la mundialización tiene un tremendo impacto en la vida de las personas. Particularmente importante ha sido el desafío planteado por la teoría y la práctica feministas respecto del carácter y el contenido de la educación. Cuestiones referentes a la sexualidad, el poder, la identidad, la cultura, el género, la edad, la raza, la etnicidad y el medio ambiente fueron, pues, los temas predominantes en los procesos relacionados entre sí emprendidos en el marco de la Educación para la JPIC.

Para las iglesias y los grupos, ese estudio ha sido una fuente de recursos que han permitido poner de relieve las aportaciones de las mujeres, la generación más joven, los pueblos indígenas y los educadores de las comunidades locales:
¿Qué queremos significar cuando decimos sagrado? Se refiere este texto a la cultura y la identidad, y resume las ideas sobre las dimensiones culturales del trabajo sobre JPIC, señalándose elementos positivos de diversas comunidades que favorecen la construcción de una cultura de vida. El análisis y las reflexiones se centran en el género, el medio ambiente, la espiritualidad y los movimientos populares.

Cinco panes y dos peces, texto sobre el culto y la JPIC, refleja formas nuevas y creativas de celebrar las experiencias y las transformaciones de la vida que tienen lugar en distintos contextos. El manual incluye además sugerencias sobre la utilización en el culto de símbolos, elementos naturales, gestos y movimientos, dramatizaciones y narraciones.

Hacia una pedagogía feminista presenta las experiencias y los puntos de vista de mujeres en la esfera de la educación a través de relatos biográficos, reflexiones sobre las nociones de poder y de identidad, el origen del conocimiento y las condiciones sociales que determinan la vida de las mujeres. El manual se refiere también a las consecuencias éticas de la narración, la curación y la espiritualidad como partes integrantes del aprendizaje, los símbolos femeninos, y los valores y principios en que se fundamenta el enfoque de la enseñanza que proponen las mujeres.

"Guardianes de la Tierra", basado en el trabajo sobre el cambio climático, se centra en los principios éticos y los valores culturales que rigen la relación del ser humano con el medio ambiente, con miras a la promoción de estrategias alternativas de desarrollo y modos de vida sostenibles. Esto supuso cursillos de formación, intercambios y apoyo a las iniciativas para la preparación de material de formación sobre temas ambientales.

Solidaridad con las Mujeres

El CMI se ha ocupado desde el comienzo de la problemática de la mujer, y hace más de cuarenta años que lleva a cabo un trabajo pragmático sobre cuestiones relacionadas con las mujeres en la iglesia y la sociedad. Desde 1988, el marco principal de este trabajo ha sido el Decenio Ecuménico de Solidaridad de las Iglesias con las Mujeres. En la ejecución de las actividades del Decenio, el CMI aprovechó con las aportaciones de los cada vez mayores movimientos eclesiales y seculares de mujeres de todo el mundo. Fueron esos movimientos quienes impulsaron al CMI a poner en marcha el Decenio y ha sido la energía de las mujeres lo que lo ha mantenido vivo.

Decenio Ecuménico de Solidaridad de las Iglesias con las Mujeres
En 1992, cuando el Decenio se aproximaba a su punto medio, quedó claro que una iniciativa que habría tenido que ocuparse del compromiso de las iglesias con las mujeres se había convertido de hecho en un decenio de solidaridad de las mujeres entre sí o incluso de solidaridad de las mujeres con las iglesias. La cuestión planteada era cómo "devolver el Decenio a las iglesias" y cómo apoyar los esfuerzos que realizaban las mujeres en las regiones. Un grupo de mujeres de las distintas regiones que se reunieron en Ginebra propuso dos maneras de hacerlo.

En primer lugar, el grupo señaló cuatro cuestiones principales que el Decenio podría abordar, con el pedido de que cada iglesia miembro actuase respecto de ellas teniendo en cuenta sus propias preocupaciones por la solidaridad:

  • los continuos obstáculos a la participación de las mujeres en la vida de las iglesias, en los puestos directivos, en la teología, la diaconía, la espiritualidad y el ministerio;
  • el grave impacto de la crisis económica mundial en la vida de las mujeres del mundo entero;
  • la violencia contra las mujeres en la iglesia y en la sociedad, y el reconocimiento creciente de que este problema requiere una seria y activa atención por parte de las iglesias;
  • las repercusiones del racismo y de la xenofobia, que están desgarrando nuestras sociedades, en la vida de las mujeres.

La segunda propuesta fue que el CMI organizase visitas de equipos ecuménicos a todas las iglesias miembros para evaluar con ellas la dimensión que había alcanzado su compromiso con las mujeres.

Entre 1994 y 1996 se llevó a cabo un programa de visitas de equipo a las iglesias miembros. En el marco de este ambicioso programa, se enviaron 75 equipos de cuatro personas (dos hombres y dos mujeres) elegidas entre las iglesias miembros, que se reunirían con las iglesias miembros, los consejos cristianos y las organizaciones eclesiales y seculares de mujeres. Este proceso culminó con una visita al propio CMI. La finalidad de las visitas era evaluar en qué medida se habían integrado los objetivos del Decenio en la vida de las iglesias, determinar los obstáculos al cambio y estimular a las iglesias para que adoptasen una posición clara respecto al cumplimiento de los compromisos asumidos para con las mujeres. Esas "cartas vivas", como se llamó a los equipos, visitaron más de 330 iglesias, 68 consejos cristianos nacionales y 650 grupos y organizaciones de mujeres de todas las regiones del mundo. En las visitas se procuró señalar a la atención de cada iglesia miembro, en su realidad local, el desafío mundial y ecuménico de asegurar la participación plena y creativa de las mujeres en la vida de las iglesias y en la sociedad. Las visitas de equipo también sirvieron para proporcionar apoyo, y todas ellas pusieron de manifiesto el valor y la fidelidad de que habían dado prueba las mujeres durante décadas a través de su trabajo organizado, en los planos local, nacional y regional.

El Decenio ha sido un éxito porque ha permitido afianzar la voz de las mujeres en las iglesias y dar a las mujeres el espacio necesario para organizarse y hacer conocer sus preocupaciones. Y, sobre todo, proporcionó una visión para el trabajo del CMI y una metodología importante para las relaciones del Consejo con las iglesias y con otras redes. Ha puesto de relieve, además, que las experiencias locales son importantes y significativas para definir la función que el CMI puede desempeñar como organización internacional.

Otras actividades
Las mujeres y el desarrollo. En los últimos diez años poco más o menos, en el contexto del Decenio, con este programa se ha tratado de desarrollar la capacidad de las mujeres para organizarse por sí mismas, lo cual, junto con la democratización, facilita un entorno en el que el desarrollo sostenible puede llegar a ser una realidad. En el programa se trabajó con esa finalidad mediante estrategias a corto y a largo plazo.

El Programa de desarrollo de las mujeres rurales ha seguido apoyando las iniciativas femeninas, guiado por los dos principios básicos de que esas pequeñas subvenciones deben ser expresión de la solidaridad entre las mujeres y contribuir al logro de su plena participación. Al mismo tiempo, tuvo lugar una serie de talleres regionales bajo el tema "Las mujeres y la justicia económica", que es uno de los cuatro temas principales del Decenio. Las participantes procedían de diversas organizaciones gubernamentales, no gubernamentales y grupos eclesiales y civiles) que se enfrentan de diferentes maneras con las repercusiones negativas de la mundialización y de la liberación económica en sus comunidades en general y en las mujeres en particular.

Las mujeres en las situaciones de conflicto. El CMI tiene una larga historia de apoyo a las comunidades desfavorecidas que se enfrentan con la injusticia en todas sus manifestaciones. El programa de las mujeres ha continuado esa tradición por medio de visitas pastorales y de investigación de hechos de mujer a mujer, realizadas a varios países, entre ellos Sudáfrica, la ex Yugoslavia, Rwanda y Burundi, para expresar solidaridad y centrar la atención en un principio básico para el desarrollo y el crecimiento humanos: la necesidad de paz con justicia.

La violencia contra las mujeres. Las consultas regionales sobre la violencia contra las mujeres (Bali, Indonesia, 1993; San José, Costa Rica, 1993; Nyeri, Kenya, 1994; Samoa Occidental, el Pacífico, 1994; Ballycastle, Reino Unido, 1994; Ayia Napa, Chipre, 1995; Bolton, Canadá, 1996) reunieron las voces de mujeres que pedían una sociedad y un mundo seguros y sin violencia a fin de avanzar hacia la preparación de un programa mundial de acción para las iglesias sobre esta cuestión. Las mujeres hablaron del incremento de la violencia contra las mujeres motivado por los conflictos políticos y militares, las crisis económicas generadas por una deuda cada vez mayor y por las políticas de ajuste estructural, y las tradiciones y prácticas culturales y religiosas. Esa violencia adopta muchas formas: violencia doméstica, prostitución y pornografía, acoso sexual y abuso sexual, inclusive en la iglesia, así como expresiones más sutiles, tales como la violencia psicológica. Se prepararon estrategias para abordar el problema de la violencia en la sociedad y en la iglesia. Una reunión mundial celebrada en 1997 permitió reunir las distintas ideas y testimonios aportados por las mujeres de las regiones.

Las mujeres en el movimiento ecuménico. En septiembre de 1992 y en enero de 1995, se celebraron dos importantes reuniones de mujeres que habían intervenido activamente en la vida del movimiento ecuménico, tanto a nivel local como mundial. Las participantes reflexionaron sobre la manera en que el movimiento ecuménico las había potenciado, y cómo había sido para ellas a veces una experiencia difícil. Las reuniones contribuyeron considerablemente a la elaboración de estrategias en previsión de las tareas que pudieran resultar del Decenio.

Reuniones de mujeres cristianas ortodoxas. En el contexto del Decenio se organizaron dos reuniones importantes de mujeres de las iglesias ortodoxas: en Damasco, en octubre de 1996, y en Estambul, en mayo de 1997. Más de 100 mujeres procedentes de iglesias ortodoxas de Asia, Oriente Medio, Africa, Europa oriental y occidental, América del Norte y América del Sur reflexionaron sobre las repercusiones que había tenido el Decenio en las iglesias y las mujeres ortodoxas. En las reuniones se precisó cómo ven las mujeres cristianas ortodoxas las cuestiones doctrinales y las funciones ministeriales de la mujer en las iglesias, y se hizo hincapié en los dones que aportaban a sus comunidades, familias e iglesias al desarrollarse como ortodoxas y como mujeres.

Algunas orientaciones para el futuro
El compromiso del CMI con las mujeres debe continuar. El proceso del Decenio, en todo caso, hizo despertar en las mujeres la esperanza de que el movimiento ecuménico seguirá prestándoles apoyo y ayudándolas. El punto central debe ser la "justicia en la comunidad", como imperativo eclesiológico y como una realidad en la sociedad. También es necesario seguir cumpliendo una función de promoción y defensa, apoyando a las mujeres de las iglesias en su lucha por lograr más altos niveles de participación en la adopción de decisiones, en la teología y la educación teológica, en la educación ecuménica de las congregaciones y las comunidades y en otras formas de ministerio.

Un conspicuo problema para el futuro que el Decenio ha puesto de relieve es que las cuestiones de racismo y xenofobia no han recibido aún la atención debida ni en las iglesias ni en las organizaciones de mujeres. Es más, el trabajo sobre la cuestión de la violencia contra las mujeres ha puesto de manifiesto la necesidad de una respuesta clara y concreta del CMI a este problema. El CMI debe seguir desempeñando una función cuestionadora, buscando una respuesta eclesiológica y ética a la violencia contra las mujeres y proporcionando un programa creíble a nivel mundial.

Los Jóvenes

En muchos aspectos, el período transcurrido desde la Asamblea de Canberra ha sido decisivo para la labor del CMI en relación con los jóvenes. En la Séptima Asamblea se dijo claramente que los problemas de los jóvenes tenían que ser abordados seriamente en el trabajo del CMI, opinión que hizo suya la Comisión en su reunión celebrada en Evian en 1992. Durante estos años ha alentado al CMI para que dé expresiones muy concretas al compromiso con los jóvenes que ha declarado asumir. Si bien se ha hecho hincapié en que la problemática de los jóvenes no concierne a una sola unidad o un solo equipo de personal sino al Consejo en su conjunto, el período pasado ha dejado claro que es necesario poner en tela de juicio la labor de las demás unidades del Consejo respecto a la problemática juvenil.

El Encuentro Ecuménico Mundial de Jóvenes y Estudiantes (EEMJE), que tuvo lugar en 1993, se esperaba que fuese un proceso de profunda cooperación ecuménica entre diez organizaciones de jóvenes y estudiantes, incluido el CMI. Brindó la oportunidad a los asociados nacionales, regionales y mundiales de entablar contactos y colaborar en cuestiones de interés común para los jóvenes. Sin embargo, habida cuenta de todos los recursos humanos y financieros invertidos a todos los niveles, el seguimiento del Encuentro ha sido desalentador. Esto es particularmente importante si se considera cuánta esperanza y energía había movilizado en todo el mundo el proceso preparatorio del EEMJE, que duró cuatro años.

El Programa mundial de proyectos de jóvenes fue el marco de gran parte del trabajo de la Oficina de la Juventud del CMI y de las redes ecuménicas regionales de jóvenes durante el período que se examina. Las cuatro partes del programa son las siguientes:

  • Acción Ecuménica de los Jóvenes (AEJ). Más de 500 jóvenes toman parte cada año en la AEJ, reunidos gracias a actividades concretas para luchar contra la pobreza, la injusticia y el hambre. La AEJ proporciona un espacio para la reflexión y la acción a grupos ecuménicos de jóvenes, locales, regionales e internacionales, en el contexto de un campamento de trabajo local.
  • Programas regionales de jóvenes. Facilitan el trabajo de las oficinas de la juventud de las organizaciones ecuménicas regionales en apoyo de las redes de Africa, Asia, el Caribe, Europa, América Latina, Oriente Medio y el Pacífico. Entre esos programas cabe mencionar los jóvenes y la construcción de la paz, la habilitación de medios de acción a las jóvenes, la formación de dirigentes, y el proceso de estudio sobre la mundialización.
  • Plataforma de solidaridad. Presta apoyo para acciones de solidaridad de carácter excepcional y a corto plazo sobre temas específicos.
  • Cooperación interregional. Consultas y talleres reúnen a jóvenes de distintas regiones. Las esferas de importancia prioritaria del trabajo interregional durante el pasado período fueron el desarrollo de una red de mujeres jóvenes, el trabajo sobre los jóvenes y el VIH/SIDA, los jóvenes y la construcción de la paz (los jóvenes en situaciones de conflicto), el Evangelio y las culturas, los jóvenes en misión, y los jóvenes indígenas.

El Programa de jóvenes internos del CMI ofrece a los jóvenes oportunidades de trabajar en el CMI (oficinas de Ginebra y de Nueva York) por un período de hasta doce meses como medio de formar y capacitar a jóvenes dirigentes del movimiento ecuménico de la juventud. Los internos, por lo general de tres a cinco cada año, aportan sus voces y visiones nuevas a la labor del CMI. Tras una reciente evaluación, se ha pensado que el sistema de internos es un modelo de formación ecuménica de jóvenes que deberá continuarse en el CMI y también en las regiones.

El Programa los jóvenes contra el VIH/SIDA dio lugar a un cursillo práctico conjunto sobre el VIH/SIDA organizado por las oficinas de la juventud de la Federación Luterana Mundial y el CMI en Namibia, en 1993. A raíz de este cursillo, al que asistieron 27 jóvenes procedentes de todas las regiones, se prepararon dos publicaciones sobre el VIH/SIDA para uso de los jóvenes de las iglesias miembros de ambas organizaciones: un folleto "AIDS Why We Care" y un manual Making Connections, Facing AIDS. Ambos han contribuido a estimular el debate sobre este problema y están sirviendo de instrumento para iniciar las conversaciones en muchos grupos de diferentes partes del mundo.

Con el programa "I Am Worthy"- Young Women Demand a Violence Free World" se procuró potenciar las condiciones de liderazgo ecuménico de las jóvenes en los planos nacional, regional y mundial. Fueron componentes del programa las reuniones mundiales anuales de planificación y examen, un festival mundial celebrado en Fiji en noviembre de 1994, y la participación de mujeres jóvenes del movimiento ecuménico en la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer (Beijing, 1995). El tema del proceso transformó la preocupación por la violencia contra las mujeres en una afirmación de la dignidad de las mujeres jóvenes como agentes de cambio y participantes plenos en el movimiento ecuménico de la juventud. La medida del éxito del proceso ha sido la mayor presencia de las mujeres jóvenes en el trabajo ecuménico de la juventud en todas las regiones y su mayor contribución a ese trabajo.

Campaña de los jóvenes por la paz y la justicia y Los jóvenes en situaciones de conflicto. Estos programas permitieron celebrar encuentros entre jóvenes que viven en situaciones de conflicto a fin de establecer redes de cooperación y proporcionar ideas y material para combatir el sentimiento de aislamiento y de desesperanza. El movimiento ecuménico de la juventud pudo desempeñar una función precursora llevando los frutos de la experiencia y los conocimientos prácticos de los jóvenes en la instauración de la paz a lugares en donde la tensión latente amenaza con convertirse en un conflicto declarado. Otra preocupación fue hacer resaltar los puntos de vista de los jóvenes sobre la guerra, los conflictos, la paz y la justicia. La labor sobre los jóvenes en situaciones de conflicto estuvo centrada en Africa, Oriente Medio y Europa.

Este programa permitió a los jóvenes participar en el proceso preparatorio para la Conferencia Mundial del CMI sobre Misión y Evangelización celebrada en 1996. Los jóvenes reflexionaron sobre sus culturas en el contexto de los nuevos impulsos misioneros y sobre las crecientes amenazas de fundamentalismo religioso y de xenofobia. Esas reflexiones ayudaron a alcanzar una comprensión crítica de la interconexión entre el Evangelio y las culturas y las fuerzas que configuran la identidad de los jóvenes.

El Programa de stewards del CMI, que ha facilitado la participación de más de 1.500 jóvenes como stewards en asambleas, reuniones del Comité Central y conferencias del CMI desde 1948, se reorganizó durante este período para que en adelante esté más orientado hacia la formación ecuménica de los jóvenes. Una sesión de orientación obligatoria, generalmente de tres a cuatro días, es ahora parte integrante del programa de stewards.



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