consejo mundial de iglesias

octava asamblea y 50 aniversario
material preparatorio

REUNIÓN DE INFORMACIÓN Y DEBATE SOBRE LA UNIDAD II: LAS IGLESIAS EN MISIÓN: SALUD, EDUCACIÓN, TESTIMONIO

Orden del día anotado

Sesión I
1. Música.
2. Bienvenida y presentaciones.
3. Explicación del proceso de la reunión
4. Video sobre la identidad y el trabajo de la Unidad II.
5. Entrevistas a cuatro "testigos" sobre programas específicos de la Unidad: Testimonio común; Educación cristiana en contextos pluralistas y multirreligiosos; Estudio sobre el SIDA; Conferencia Mundial sobre Misión y Evangelización. Los testigos se referirán al significado del trabajo y su importancia para las iglesias y/o su situación así como a los aspectos que necesitan mayor atención y las insuficiencias.
6. En grupos de reflexión de dos o tres personas, los participantes considerarán el trabajo presentado en el video y por los testigos, teniendo en cuenta los aspectos pertinentes para la situación de sus iglesias y para su propia participación.
7. Reacciones: algunas respuestas de los grupos de reflexión.
8. Música.

Sesión II
1. En un marco de discusiones interactivas, se harán presentaciones sobre diferentes aspectos del trabajo que desarrolla la Unidad para apoyar a las iglesias en su función de comunidades de curación, de aprendizaje y de testimonio. Con la ayuda de un coordinador, se analizarán importantes aspectos de las actividades y programas de la Unidad II. Las discusiones se centrarán en El Evangelio y las culturas, Misión Urbana y Rural, CMC - Acción de las Iglesias por la Salud, la Evangelización y la Educación Cristiana en Europa central y oriental. En el transcurso del debate, los invitados compartirán con los participantes informes, diapositivas, videos y otros materiales pertinentes. Habrá tiempo para que el grupo manifieste sus reacciones.

2. A la discusión, seguirá un breve momento de reflexión en silencio. Se invitará a los participantes a presentar por escrito -en las tarjetas que se habrán distribuido oportunamente- sus respuestas y comentarios a las siguientes preguntas:

  • ¿Qué importancia tuvieron las preocupaciones de la Unidad para su región o su iglesia?
  • ¿Cuáles de los temas o preocupaciones emanados del trabajo de la Unidad deberán ser examinados por el CMI en el futuro?

3. Mientras se escucha la música, los participantes se irán retirando y depositarán sus tarjetas en las urnas.

Sesión III
La organización y la dirección de esta sesión incumbe al Comité de Orientación Programática.

Informe sobre las Iglesias en Misión: Salud, Educación, Testimonio

En el informe de la Asamblea de Canberra se afirmaba que "reconciliar y renovar la creación es el objetivo de la misión de la Iglesia. La visión de Dios uniendo todas las cosas en Cristo es la fuerza que la impulsa a vivir compartiendo..." Esta poderosa convicción sustentó la visión que constituiría la irrenunciable vocación y la razón de ser de la Unidad II en sus diferentes etapas de desarrollo en lo tocante a sus mandatos, prioridades programáticas y relaciones en el período siguiente a Canberra.

En la reestructuración del CMI realizada en 1992, se asignó a la Unidad II la tarea de dar forma a la preocupación del Movimiento Ecuménico por la misión. Con la fusión de tres de las antiguas secciones del CMI -Comisión Médica Cristiana, Educación y Comisión de Misión Mundial y Evangelización- se reunieron las dimensiones de curación, enseñanza y testimonio de la misión.

En el centro mismo de los propósitos de la Unidad se encuentra la esperanza de que el Espíritu Santo renovará y capacitará al pueblo de Dios en cada lugar para participar plenamente en la misión divina de curación, reconciliación y restauración, declaró la recién constituida Comisión de la Unidad II en Evian (Francia) en 1992. En el contexto de fragmentación creciente de la humanidad, relaciones quebrantadas, marginación y empobrecimiento, se alienta a las iglesias a que den testimonio del propósito de Dios de construir una sociedad nueva, sana y justa, una comunidad nueva en la perspectiva del reino de Dios. Por ello, se determinó que el mandato principal de la Unidad era fortalecer a las iglesias en su tarea de facilitar medios a todo el pueblo de Dios (oikodomé/edificación) para su crecimiento en la fe y para que dé testimonio del ofrecimiento divino de vida plena para todos en Jesucristo.

La función de la Unidad habría de contribuir a:

  • examinar con las iglesias y los grupos el significado y los desafíos actuales de la misión;
  • educar, capacitar y renovaral pueblo de Dios para la misión;
  • vincular entre sí a las iglesias y los grupos para el compartir, la solidaridad y la edificación de una comunidad justa y sana;
  • identificarse con las personas en su lucha por la liberación, analizando los contextos, fomentando las iniciativas innovadoras y facilitando recursos a través de programas específicos.

Mucho es lo que se ha logrado durante este período gracias a la combinación de análisis teóricos y discusiones prácticas, que permitieron facilitar a los niveles medios de dirección de las iglesias ideas y herramientas para su trabajo y elaborar materiales para las congregaciones y grupos locales. La Unidad, acorde con su estilo, ha reconocido los esfuerzos existentes a nivel local y se ha asociado a ellos (aportando su competencia y una perspectiva global), y ha trabajado junto con las iglesias y otros asociados ecuménicos.

La Comisión de la Unidad proporcionó la orientación principal para este trabajo por medio de su asesoramiento y sus deliberaciones encaminadas a trazar la política general. La Comisión celebró cuatro reuniones: Evian (Francia), 1992; St.Ann's (Trinidad y Tobago), 1993; Coventry (Reino Unido), 1995 y Salvador (Brasil), 1996. Estas reuniones permitieron mantener intensos debates sobre los programas y las realizaciones de la Unidad, y ofrecieron oportunidades de memorables encuentros con diferentes contextos locales y con las iglesias de esos lugares.

Los grupos de trabajo establecidos por la Comisión, a saber, Misión y Evangelización en Unidad (que incluía un grupo consultivo sobre el Evangelio y las culturas), Misión Urbana y Rural, Comisión Médica Cristiana (CMC) - Acción de las Iglesias por la Salud, y Formación de todo el Pueblo de Dios, también brindaron su experimentado asesoramiento en áreas programáticas específicas. Además, se estableció en el ámbito de la Unidad el grupo de trabajo con mandato específico sobre educación, órgano asesor de todo el CMI creado por el Comité Central. Si bien las excelentes pautas elaboradas por este órgano para la labor del CMI por lo que respecta a la educación no tuvieron la repercusión esperada, debido sobre todo a dificultades estructurales, gran parte de la dinámica actual del CMI en lo tocante a la revitalización de la educación proviene de su trabajo.

El período que se examina fue intenso y exigente, en gran medida porque la crisis financiera que atravesó el CMI y consecuentemente la Unidad se hizo sentir también en prácticamente todos los aspectos del trabajo. Fue necesario hacer ajustes, se suprimieron algunos puestos de trabajo, y las nuevas orientaciones se fueron aclarando en el curso de la participación en el amplio proceso de reflexión sobre Un Entendimiento y una Visión Comunes del CMI (EVC). Los programas de salud y educación fueron los más gravemente afectados de la Unidad. En honor del personal, la Comisión y los asociados de la Unidad, cabe señalar que los programas prioritarios se llevaron a cabo en realidad de manera notable. Además, en el marco del EVC, la Unidad presentó varios documentos importantes de política encaminados a potenciar la eficacia del CMI.

Durante casi todo el período que se examina, el personal de la Unidad trabajó en cinco equipos.

  • Misión y Evangelización en Unidad
  • Comunidad y Justicia/Misión Urbana y Rural
  • Evangelio y Culturas
  • CMC-Acción de las Iglesias por la Salud
  • Formación de todo el Pueblo de Dios.

Si bien cada equipo tenía prioridades concretas, se procuró ser flexible y buscar la cohesión y la complementariedad mediante enfoques conjuntos, a nivel de equipo o unidad, de los objetivos comunes, por ejemplo, la organización de la Conferencia Mundial sobre Misión y Evangelización. De la misma manera, la mayoría del personal participó en los estudios sobre el Evangelio y las culturas y sobre el VIH/SIDA; y los esfuerzos en materia de educación sirvieron de base a varios programas.

En diferentes etapas del trabajo de la Unidad se formaron coaliciones para tratar temas comunes; y los equipos fueron reagrupados dos veces debido a la disminución del personal. Actualmente, los miembros del personal trabajan en dos equipos: Misión y Evangelización y Formación de todo el Pueblo de Dios.

¿Cómo se reflejaron la visión y el mandato de la Unidad en los distintos programas y actividades?

¿Qué repercusiones tuvieron en las iglesias, los asociados y organismos ecuménicos, y las comunidades de diferentes partes del mundo? ¿Cuáles fueron algunos de los problemas abordados y cuáles los logros y las carencias?

A continuación se presenta un panorama general de los principales aspectos del trabajo de la Unidad II durante el período comprendido entre Canberra y Harare.

Misión y Evangelización en Unidad

Si bien es cierto que toda la Unidad participó en la misión en el sentido más amplio de la palabra, el equipo de personal sobre Misión y Evangelización en Unidad se concentró en algunas dimensiones particulares del testimonio cristiano y en situaciones específicas de la actividad misionera. Su mandato concreto era ayudar a las iglesias a reflexionar sobre los objetivos y estilos de la misión, alentándolas a asumir la responsabilidad principal de la misión y la evangelización en sus respectivos contextos, y a hacerlo desde una perspectiva ecuménica. Los programas y actividades emprendidos en esta esfera por secretarías determinadas así como colectivamente brindaron a las iglesias oportunidades de reflexionar sobre temas cruciales de la misión en nuestros días. Además, promovieron nuevos debates sobre la acuciante preocupación del testimonio común y el proselitismo, y alentaron enfoques innovadores de la evangelización y la educación para el testimonio.

Se realizaron visitas a instituciones teológicas con el fin de ayudarlas a destacar el componente misiológico en sus planes de estudios. Un programa en tres etapas, "Llamados a ser guardianes de la Tierra", sirvió de apoyo a experiencias innovadoras en materia de aprendizaje ecuménico por los participantes procedentes de Finlandia, Filipinas y Zimbabwe, quienes compartieron metodologías de educación y se comprometieron a seguir prestando atención al tema.

Además de participar plenamente en el estudio sobre el Evangelio y las culturas y en el proceso preparatorio de la Conferencia Mundial sobre Misión y Evangelización, el equipo de Misión y Evangelización en Unidad propició una serie de actividades de reflexión. Por lo general se llevaron a cabo con iglesias miembros, consejos de iglesias y otros asociados ecuménicos, aunque también llegaron a contar con la participación de católicos romanos, pentecostales y representantes de iglesias independientes.

El personal, por ejemplo, acompañó un proceso a largo plazo sobre la renovación de las congregaciones locales en relación con la misión en Europa (iniciado en 1989 en cooperación con la Conferencia de las Iglesias Europeas), que alentó a las comunidades religiosas locales a responder al plan de Dios en sus respectivos lugares. Un acontecimiento destacado fue el encuentro paneuropeo que tuvo lugar en Potsdam (Alemania) en 1993, sobre el tema "Oír lo que el Espíritu dice a las iglesias". Este proceso continúa hoy de manera siempre creativa por conducto de su propio grupo coordinador con el que la Unidad se mantiene vinculada.

Cuando la Comisión determinó la conveniencia de que la Unidad elaborara una nueva declaración sobre misión y evangelización (como complemento de la declaración de 1982 "Misión y Evangelización: una Afirmación Ecuménica", que había merecido amplia aceptación), se promovieron encuentros regionales y nacionales en África, Asia, Europa y América Latina, para ayudar a determinar los principales problemas que se plantean hoy a la misión de la iglesia, y definir nuevos paradigmas para la misión. Otros aportes a la declaración (que se ha de finalizar después de la Asamblea de Harare) han sido los resultantes de debates concretos habidos en diversas reuniones ecuménicas y en una consulta mundial "Misión 2000: visión y desafíos", celebrada en Morges (Suiza) en 1997.

Evangelización
Otra de las grandes orientaciones del trabajo fue animar a los cristianos a compartir su fe como un don de Dios, mediante prácticas de evangelización respetuosas del entorno cultural. Se reconoció que muchas veces las iglesias se mostraban renuentes a compartir sus recursos para la evangelización o a evangelizar juntas. Algunas parecen sentirse incómodas por su "falta de éxito" o considerar la evangelización con estrechez de miras como un aumento del número de fieles. Por ello, se entendió que era necesario crear espacios de diálogo y aprendizaje mutuo.

En respuesta, la Unidad colaboró con los consejos de iglesias regionales y nacionales para acercar a los representantes de las iglesias a la mesa de debate. Así pues, el programa de evangelización, junto con la Conferencia de Iglesias de Toda el África (AACC), organizó en Tanzanía (1995) una reunión ("Fuego en el Horizonte - Un llamamiento a la evangelización") con el fin de examinar la naturaleza de la evangelización en el contexto africano y exhortar a las iglesias a desarrollar una misión holística y cooperativa. Los representantes de iglesias del Pacífico, por su parte, tuvieron la oportunidad de dialogar y ponerse "manos a la obra" gracias a un taller regional sobre el tema "Evangelización y comunicación - la proclamación del Evangelio en las islas del Pacífico", organizado en Tonga en 1997. Las iglesias de Cuba se reunieron en 1996 para examinar cómo podrían cooperar habida cuenta de la agitación evangélica que estaba experimentando el país.

Un importante acontecimiento de este período fue el resurgimiento y la expansión de una red de evangelización y testimonio de alcance mundial, integrada por personas responsables de la evangelización en las iglesias y los organismos misioneros. La red, que actualmente reúne a más de 250 personas, permite el intercambio de reflexiones sobre la tarea evangelizadora y presta apoyo a las reuniones sobre misión y evangelización que se celebran en los países o regiones donde funciona. Lamentablemente, las limitaciones financieras han impedido que estas personas se reunieran en consultas regionales, lo que sin duda habría sido muy valioso para su trabajo.

La conocida "Carta Ecuménica sobre Evangelización" (que se publica de cuatro a seis veces por año en tres idiomas, con una tirada de aproximadamente 3000 ejemplares) sigue siendo un instrumento importante de intercambio de reflexiones, experiencias y material sobre la evangelización. Su estilo popular y el interés de sus temas la han hecho atractiva para gran cantidad de lectores.

Relaciones en la misión
Las convicciones acerca del testimonio común y la preocupación por expresar la unidad de la iglesia en la misión están en el meollo del valor que la Unidad atribuye a las aportaciones procedentes del trabajo explícito con las iglesias ortodoxas y de las relaciones establecidas con la Iglesia Católica Romana.

Como se verá en otras partes de este informe, los estudios sobre el Evangelio y las culturas y sobre el VIH SIDA, el proceso ampliado que dio como resultado la declaración sobre el testimonio común, y un gran número de programas radicados en otros equipos y otras unidades y oficinas recibieron creativos aportes ortodoxos (a menudo, pero no únicamente, por conducto de consultas especialmente organizadas). Se mantuvieron contactos con las iglesias ortodoxas históricas y con las nuevas de Asia y África, así como con la diáspora y con escuelas de teología y asociaciones misioneras ortodoxas. Todos estos esfuerzos contribuyeron a estimular la reflexión misionera en las iglesias ortodoxas, a fortalecer las relaciones entre las iglesias históricas y las iglesias más jóvenes de la familia ortodoxa, a vincularlas con el pensamiento local e internacional, y a aportar al pensamiento y el diálogo ecuménico las perspectivas y los desafíos de la idiosincrasia misionera ortodoxa.

Miembros del equipo realizaron visitas periódicas al Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos y la Unión de Superiores Generales Internacionales. El consultor católico romano de la Unidad (en representación de las órdenes misioneras católico-romanas y asignado por el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos) es miembro del Grupo Mixto de Trabajo del CMI y la Iglesia Católica Romana y sirve de enlace con el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. La participación regular en seminarios tales como los auspiciados por SEDOS y el Centro por la Unidad (Roma) ha resultado fundamental para la recíproca comunicación de perspectivas ecuménicas.

Declaración sobre el testimonio común. En los últimos años se ha observado un incremento espectacular de las actividades misioneras competitivas en muchas partes del mundo, lo que ha dado lugar a acusaciones de proselitismo y, a menudo, al establecimiento de estructuras eclesiásticas paralelas. Se ha registrado también un pronunciado aumento del número de nuevos organismos misioneros con base en el Sur y que trabajan independientemente en otras partes del mundo, muchas veces sin contacto con las iglesias de esos países.

En respuesta al pedido formulado por el Comité Central del CMI en 1989, se inició un amplio estudio de los problemas relacionados con el testimonio común. Entre 1993 y 1995 se organizaron tres consultas (en Chambésy y en Moscú, principalmente para las iglesias ortodoxas, y en Manila) en las que se reafirmó la noción teológica de la iglesia única en su misión, al tiempo que se examinaron los problemas planteados por las motivaciones, concepciones y prácticas conflictivas en relación con la misión. Se realizó un especial esfuerzo para lograr que dialogaran quienes hacen proselitismo y quienes lo padecen, y para que participaran no sólo iglesias miembros del CMI sino también personas procedentes de ámbitos evangélicos, pentecostales y carismáticos.

Los resultados de estos debates se pusieron en común en una reunión de síntesis (1996) y fueron cotejados con otros trabajos sobre el testimonio común y el proselitismo. El proyecto de documento resultante se envió a más de 200 personas, solicitándoseles sus comentarios al respecto. En setiembre de 1997, el Comité Central recibió la declaración "Hacia un testimonio común - Llamamiento para establecer relaciones responsables en la misión y renunciar al proselitismo", que recomendó a las iglesias para su reflexión y acción. Esta declaración constituirá una referencia importante para el próximo estudio propuesto sobre eclesiología y misión.

Estudio sobre las relaciones en la misión. Sobre la base del trabajo de varias décadas acerca de las relaciones internacionales en la misión, la Unidad facilitó encuentros y estudios regionales (hasta 1993) y emprendió un proyecto de estudio sobre este tema (1995-1996). La investigación, a cargo de un consultor externo, comprendió el examen de los debates ecuménicos habidos hasta la fecha, un estudio de los cambios estructurales y de otra índole realizados por las sociedades misioneras y las iglesias, y estudios de situaciones misioneras contemporáneas en un número determinado de países, incluido un examen de los movimientos misioneros del Sur.

En cumplimiento de una de las recomendaciones dimanantes de este proceso se han estrechado los vínculos entre algunas sociedades misioneras de la India y las iglesias de ese país. También se ha solicitado al CMI que preste ayuda en relación con otros aspectos del seguimiento.

Comunidad y Justicia / Misión Urbana y Rural

La solidaridad con las comunidades pobres y excluidas y la participación en sus luchas por la justicia y una vida plena en la perspectiva del reino de Dios se consideran desde hace mucho tiempo parte integrante de la misión de la iglesia. En el seno del CMI, este trabajo se ha desarrollado a través de la Misión Urbana y Rural (MUR). Además de participar en situaciones concretas de sufrimiento y lucha -aplicando la metodología básica de facilitar la organización de comunidades locales que promuevan la dignidad y el respeto de sí mismo- se ha desarrollado una importante reflexión bíblica, teológica y misiológica desde la perspectiva de "los de abajo", con el fin de estimular el pensamiento y la práctica misioneros de las iglesias.

Luego de la reorganización del CMI en 1992, se convocó una consulta para examinar el programa de la MUR a la luz del mandato y el cometido misiológico de la Unidad II, analizar los principios básicos así como pautas y perspectivas para el futuro, y llegar a un acuerdo al respecto. Sobre la base de esta consulta, el grupo de trabajo de la MUR elaboró posteriormente una declaración sobre Misión y Evangelización - Contribución de la MUR a las Perspectivas Ecuménicas" y una serie de otros acuerdos sobre asuntos programáticos y orgánicos de la MUR. Estos documentos fueron publicados en URM Reflections'93, que sigue siendo un compendio de la concepción, la visión y el mandato de la MUR.

Las actividades de la MUR se desarrollan principalmente en seis regiones: África, América del Norte, América Latina, Asia, Europa y Oriente Medio. Durante el período que se examina, los esfuerzos desplegados por poner en marcha el trabajo en el Caribe no tuvieron seguimiento, debido a limitaciones financieras y de otro tipo. El trabajo en cada región es coordinado por un grupo de contacto, compuesto principalmente por organizadores comunitarios locales además de representantes de las iglesias y otras personas que colaboran en la reflexión teológica. Últimamente, los grupos de contacto han asumido una mayor responsabilidad en cuanto a la generación de recursos a nivel regional y nacional, reduciendo así su dependencia del CMI en materia de financiamiento. El cambio de enfoque iniciado a fines de la década de los 80 consistente en pasar de "proyectos" a "programas", sobre todo en relación con el financiamiento, quedó finalmente completado: los fondos ya no se envían a los distintos "proyectos" sino directamente a las regiones en relación con grandes temas elegidos a nivel nacional, regional o mundial pero expresados en programas locales.

Tres consultas organizadas por el MUR permitieron realizar una reflexión mundial sobre algunos de los problemas con que se enfrenta la gente empujada a la pobreza y la marginación:

  • La misión de Dios - 500 años de resistencia (Campo Grande (Brasil), 1992). Consulta con representantes de pueblos indígenas sudamericanos con ocasión del 500 aniversario de la conquista europea. Se examinaron ideas misiológicas que tienen origen en la experiencia indígena así como el significado de la solidaridad en ese contexto.
  • Organización de la comunidad en la perspectiva del reino de Dios (Seattle, 1994). Consulta destinada a realizar una evaluación crítica de la organización comunitaria como metodología básica de la MUR. Hubo un intercambio de historias relacionadas con la organización de comunidades locales y nacionales, que dio lugar a un diálogo entre los participantes sobre distintos modelos de organización. Se reconoció que no puede haber un modelo único de organización comunitaria, aunque se consideró importante y posible definir principios comunes.
  • El Evangelio y las culturas (Bangkok, 1996). Fue una consulta de "síntesis" destinada a compartir y examinar los aportes de estudios realizados en las seis regiones como contribución de la MUR al estudio mundial sobre el Evangelio y las culturas. El debate se centró en la vinculación entre cultura y poder: la búsqueda de identidad de las comunidades excluidas y minoritarias y los efectos devastadores para la identidad de una cultura de mundialización.

La Conferencia Mundial sobre Misión y Evangelización celebrada en Salvador (Brasil) planteó cuestiones teológicas que han sido tema permanente en la MUR desde Canberra así como nuevas cuestiones misiológicas. El trabajo y la reflexión futuros de la MUR estarán centrados en cuestiones tales como el significado de la identidad en la comunidad, el Evangelio como expresión de una contracultura opuesta a una cultura de violencia y exclusión, y las consecuencias de la mundialización en las comunidades marginadas.

El Evangelio y las Culturas

En la Asamblea de Canberra volvió a plantearse la necesidad acuciante de que las iglesias iniciaran un análisis teológico de la relación entre el Evangelio y las culturas. La falta de un marco ecuménico de entendimiento mutuo fue evidente a todas luces, lo mismo que la clara conciencia de la fragmentación creciente de las comunidades humanas en el mundo contemporáneo.

En su reunión de Evian, la Comisión de la Unidad II decidió que se iniciara un gran proceso de estudio sobre el Evangelio y las culturas (como sería definido más tarde), con objeto de comprender las consecuencias de un Evangelio que cuestiona las culturas en las que se arraiga, a la vez que es cuestionado por éstas, para que las iglesias y los cristianos puedan vivir y dar testimonio con autenticidad. El objetivo era capacitar mejor a las iglesias para la misión y la evangelización en los diversos contextos culturales de hoy. Se establecieron cinco campos de trabajo relacionados entre sí en lo que llegaría a ser uno de los programas más ampliamente conocidos del CMI durante el período.

1. Estudio histórico de las distintas maneras de encuentro del Evangelio y las culturas en determinados lugares. Durante los cuatro años del programa, en forma individual o colectiva se realizaron más de 20 estudios históricos relativos al encuentro entre el Evangelio y las culturas. Dieciocho de ellos se difundieron ampliamente en forma de folletos de 40 a 60 páginas, publicados en la serie del CMI sobre el Evangelio y las culturas.

2. Fomento de nuevos estudios sobre la interacción Evangelio/cultura en la vida de las iglesias locales hoy. Iglesias, organismos ecuménicos, grupos e interlocutores especiales (como las iglesias ortodoxas, la CMC y la MUR), organizaciones de iglesias (como la Alianza Reformada Mundial y la Conferencia de las Iglesias Europeas), instituciones teológicas y personas interesadas de casi 60 países emprendieron procesos de estudio y reflexión. En total, se recibieron más de 110 informes, reflexiones, ensayos y otros materiales, preparados específicamente en respuesta al estudio general. También se confeccionaron una breve guía del estudio, dos videos y otros materiales destinados a facilitar el comienzo de las discusiones. Un informe resumido de los resultados de muchos de esos estudios constituyó el material de base de los documentos preparatorios del trabajo de las secciones de la Conferencia Mundial sobre Misión celebrada en Salvador. Los cuatro puntos centrales del proceso de estudio se convirtieron luego en los subtemas de las cuatro secciones de la Conferencia.

3. Ayuda a las iglesias en relación con el intercambio de ideas sobre el tema en las diferentes culturas. Se organizaron dos grandes reuniones con jefes de departamentos y organismos de misión para promover un compartir intercultural de ideas y experiencias relativas al encuentro Evangelio/cultura dentro y a través de las redes de iglesias.

4. Creación de un marco para una hermenéutica ecuménica intercultural. Junto con Fe y Constitución, se realizó un trabajo sustancial destinado a crear un marco para una hermenéutica intercultural, en el que participó un grupo de teólogos y misiólogos que se reunió tres veces en un lapso de dos años.

5. Preparación de documentación sobre la relación entre el Evangelio y las culturas. Se ha clasificado y archivado abundante material aportado por los grupos y personas que participaron en el estudio, que constituye una invalorable fuente de referencia para futuras investigaciones y estudios. Prosigue la compilación de trabajos seleccionados por su importancia en la materia. Los valiosos artículos sobre diversos aspectos del debate Evangelio/culturas que aparecieron en los números de 1995 y 1996 de la International Review of Mission representan un importante legado.

Una de las actividades relacionadas con este proceso fue la relectura de la Biblia en un contexto cultural (como continuación del programa a largo plazo de estudios bíblicos del CMI, que finalizó con la partida del personal en 1992). En una consulta celebrada en Jamaica (1997), que reunió a un grupo representativo de personas dedicadas a la Biblia en distintos contextos eclesiales, cada participante presentó su encuentro con un mismo pasaje bíblico y el grupo en su conjunto analizó cómo se podría ayudar a las personas y las congregaciones locales a hacer otro tanto de manera auténtica.

Evidentemente, el momento era propicio para el tema del Evangelio y las culturas; en muchos casos la tarea consistió simplemente en aprovechar lo que ya estaba sucediendo. El proceso de estudio no fue interpretado como algo impuesto por el CMI sino como una oportunidad de abordar un asunto de enorme potencial para la renovación de la iglesia local y la pertinencia de su testimonio. Esto dio lugar incluso a que algunas iglesias y organismos ecuménicos (tales como el Consejo Canadiense de Iglesias) continuaran con el estudio más allá del período previsto de cuatro años. Los fondos disponibles no fueron muy abundantes, teniendo en cuenta que se trataba de un programa en el que participaban grupos de casi 60 países. Desde luego, fue muy importante la contribución aportada por las iglesias y los grupos.

Hay que reconocer que el estudio tuvo una serie de limitaciones. El plazo fue demasiado corto: algunos grupos sólo comenzaron a mostrar interés al acercarse el momento de la Conferencia; otros iniciaron los debates como resultado de la Conferencia. No se logró una participación sustancial de las iglesias ortodoxas a nivel local; tampoco se dio cabida suficiente a las perspectivas de los pueblos indígenas y las comunidades pobres (quienes llevaron a cabo el estudio fueron principalmente personas de clase media); y la dirección central de las iglesias demostró muy poco interés.

Es de esperar que se encuentren medios de continuar suscitando la reflexión de las iglesias sobre temas relacionados con el Evangelio y las culturas, para que aquéllas puedan comprender mejor las fuerzas culturales con que se enfrentan los cristianos en su vida cotidiana y la manera de abordarlas conforme al Evangelio.

Significado teológico de otras religiones
Este estudio, reconocido como una importante preocupación de la Unidad, se emprendió en cooperación con la Oficina de Relaciones Interreligiosas del CMI. Una primera consulta internacional (1993) permitió determinar la situación del estudio hasta la fecha, las cuestiones planteadas con mayor frecuencia y la manera en que el CMI podía abordarlas. Más tarde, algunas de estas cuestiones se examinaron a nivel regional, empezando por el sur de Asia. Teniendo en cuenta la relación intrínseca entre religión y cultura, los problemas relativos a la pluralidad religiosa se incorporaron al estudio sobre el Evangelio y las culturas y se examinaron en más de una ocasión en la Conferencia Mundial sobre Misión celebrada en Salvador.

Conferencia Mundial sobre Misión y Evangelización
Otro aspecto destacado del trabajo de la Unidad y estrechamente relacionado con el estudio sobre el Evangelio y las culturas fue la preparación y celebración (en noviembre-diciembre de 1996) de la 11 Conferencia Mundial sobre Misión y Evangelización (CMME) en Salvador, Bahía (Brasil), cuyo tema fue "Llamados a una sola esperanza - el Evangelio en las distintas culturas". Las conferencias mundiales del CMI sobre misión tienen lugar cada ocho a diez años con el fin de "ayudar a la comunidad cristiana a proclamar, de palabra y obra, el Evangelio de Jesucristo a todo el mundo, para que todos crean en El y sean salvos". El proceso de estudio mundial sobre el Evangelio y las culturas alcanzó su punto culminante en la Conferencia, que contribuyó así a centrar el análisis de la situación de la misión y a expresar claramente la naturaleza del testimonio cristiano al final del siglo.

En el intenso proceso de preparación de esta Conferencia, iniciado en 1994 con la designación de un comité de planificación por parte de la Comisión, participaron finalmente no sólo el personal de toda la Unidad II sino también muchos otros colegas del CMI y de otras entidades.

La Conferencia se desarrolló en la histórica ciudad de Salvador, en el nordeste del Brasil, que fuera uno de los principales puertos de entrada del comercio de esclavos y que rebosa de expresiones culturales y religiosas afrobrasileñas. Asistieron a la reunión 574 participantes procedentes de 98 países (y alrededor de unas 160 iglesias miembros) y de muchas culturas para mantener un intenso encuentro e intercambio de ideas sobre la interrelación del Evangelio y la cultura: cómo la cultura moldea la respuesta de los cristianos a la voz de Cristo y cómo los cristianos pueden ofrecer un testimonio auténtico en su propio contexto. Algunos de los aspectos más destacados de la Conferencia fueron:

  • la preeminencia del Sur, en particular la influencia de los indígenas y las personas de ascendencia africana;
  • el importante papel de las mujeres y de su experiencia y participación en la vida de sus iglesias y comunidades;
  • el contacto con una amplia variedad de expresiones culturales del Evangelio en el ámbito del "Festival Arcoiris del Evangelio y las Culturas" así como en los 27 Encontros (encuentros) donde se presentaron temas nacionales y regionales;
  • los estudios bíblicos (en pequeños grupos) y los cultos diarios;
  • el memorable y emotivo servicio religioso celebrado en el tristemente célebre muelle de los esclavos de Salvador, donde fueron desembarcados y vendidos entre seis y doce millones de esclavos hasta fines del siglo XIX.

El desarrollo del tema de la Conferencia estuvo a cargo del metropolitano ruso ortodoxo Kirill de Smolensko y Kaliningrado y la Dra.Musimbi Kanyoro, de Kenya. También se hicieron exposiciones conexas en el curso de dos debate en grupo sobre la interpretación de la Biblia en las distintas culturas y la Evangelización en relación con las culturas. Las deliberaciones principales se desarrollaron en cuatro secciones:
  • Un testimonio auténtico en cada cultura;
  • El Evangelio y la identidad en comunidad;
  • Las congregaciones locales en sociedades pluralistas;
  • Un Evangelio - múltiples expresiones.

La Conferencia emitió un mensaje y los participantes realizaron siete actos de compromiso específicos. Los informes de las secciones han sido ampliamente distribuidos y también se encuentra disponible el informe oficial. Estos resultados de la Conferencia tienen el potencial de influir en la renovación del entendimiento de la misión desde la perspectiva de la comunión de las personas con Dios y con sus semejantes en Jesucristo, en un mundo cada vez más fragmentado.

Entre las contribuciones al desarrollo de la teoría y la práctica de la misión, cabe mencionar el hecho de que la Conferencia "avanzó" en su percepción de la cultura, considerando que la religión es parte integrante de la misma. Si bien se sostuvo la necesidad de un enfoque positivo de la cultura, también se hizo alusión repetidamente a la ambigüedad de cada cultura. La cultura puede y debe ser cuestionada, particularmente en relación con sus elementos que niegan la vida.

Con la misma fuerza se afirmaron la necesidad y el derecho de vivir y celebrar la fe de acuerdo con cada cultura, reconociéndose tácitamente que toda inculturación implica en cierta medida una forma de sincretismo. En Salvador se examinaron criterios para discernir la obra del Espíritu de Dios en las culturas y se exhortó a eliminar las prácticas agresivas contra la espiritualidad de los pueblos indígenas.

Hubo acuerdo en cuanto a la necesidad de una visión holística de la misión y a la vocación esencial de las iglesias de expresar la unidad en la misión a través de relaciones de responsabilidad mutua y en formas que abarquen todos los aspectos de la vida.

Es evidente que tanto el proceso preparatorio de la Conferencia de Salvador como el pensamiento allí elaborado tienen mucho que aportar a la reflexión y el trabajo futuros sobre la naturaleza de la obediencia misionera cristiana.

CMC - Acción de las Iglesias por la Salud

El CMI ha seguido sosteniendo firmemente la convicción de que la salud integral es una dimensión esencial de la promesa divina de reconciliación en el mundo. En un contexto mundial en el que la vida ha perdido su valor y donde domina una cultura de la muerte, esta concepción llama a las iglesias a expresar claramente su ministerio de curación. El mandato general de la Unidad en esta esfera fue, pues, animar y capacitar a las iglesias para que den una respuesta eficaz.

La disminución de los recursos y la necesidad de que el CMI reformulara con mayor precisión sus funciones prioritarias dieron lugar a un serio recorte de los programas en esta esfera. Pese a todo, se realizó un trabajo importante, y en la futura estructura del CMI se seguirá prestando explícitamente atención a la problemática de salud y curación. Se presentan a continuación los lineamientos principales de las actividades programáticas.

Dar los medios necesarios a las iglesias para que puedan llevar a cabo su ministerio de curación. Si bien se llevó a cabo cierto trabajo mediante seminarios como el de Bossey (1992) sobre "Medicine and Theology: Can They Get Together?", la meta principal de este programa fue capacitar a las iglesias para la investigación participativa en sus comunidades locales y acompañarlas en esa labor. Esta metodología fue particularmente valiosa porque permitía realizar transformaciones al tiempo que se examinaban y analizaban cuestiones concretas. En Uganda, Tanzanía y Zaire (hoy República Democrática de Congo) se obtuvieron alentadores resultados gracias a los esfuerzos concertados de iglesias y organismos. Estos resultados, a su vez, se multiplicaron mediante visitas de estudio Sur-Sur a personas de otras regiones del mundo.

En reuniones especiales, como la celebrada en Phnom Penh (1994), se examinaron asuntos específicos, por ejemplo, los derechos humanos y la vulnerable situación de la mujer. Además, en el marco del Decenio Ecuménico de Solidaridad de las Iglesias con las Mujeres se prestó apoyo a proyectos relativos a las mujeres y la salud.

Aumento de la capacidad institucional para una atención de salud basada en la comunidad. Uno de los puntos centrales de las actividades encaminadas a aumentar la capacidad fue la formación de personal auxiliar -agentes de salud y de la comunidad- sobre todo en África y América Latina.

En cooperación con la Conferencia de Iglesias del Pacífico se realizó un esfuerzo sostenido por despertar la conciencia sobre los problemas relativos a la salud mediante enfoques de base comunitaria. En 1993-19944 se organizó una serie de seminarios y talleres en Tonga, Kiribati y las Islas Cook para determinar problemas de atención de salud (especialmente en relación con el VIH/SIDA) y buscar medios de compartir los recursos y organizar procesos de seguimiento.

Las actividades de coordinación y creación de redes contaron con un considerable acompañamiento y apoyo. Así pues, el equipo de salud prestó asistencia al lanzamiento de la Afri-CAN, una red de organismos, centros, grupos e instituciones de salud de África, y ayudó al Consejo Latinoamericano de Iglesias a establecer su programa de salud de la comunidad e higiene del medio.

Difusión de la problemática de salud y curación. Contact, la conocida publicación de la Unidad sobre la salud, ha sido uno de los principales medios de fomentar la participación de la comunidad en la esfera de la salud así como el debate sobre la naturaleza del ministerio de salud y curación de las iglesias. La revista, que aparece seis veces por año en español, francés, inglés y portugués (tirada: 15.000 ejemplares), ofrece información sobre enfoques actuales, innovadores y valientes de la promoción de la salud y el desarrollo integral.

Se esperaba continuar publicando Contact dentro del CMI, pero debido a consideraciones financieras y a la inminente partida de personal ha sido preciso buscar un arreglo descentralizado. La Unidad está estudiando una solución que permitiría publicar Contact gracias a una asociación multilateral de colaboración en la que el CMI seguiría desempeñando una función.

Coordinación de los servicios de salud relacionados con las iglesias. Desde sus comienzos, una de las preocupaciones principales del programa de salud y curación del CMI ha sido fomentar la colaboración entre los servicios de salud relacionados con las iglesias en los países del Sur y fortalecer el papel de los organismos de coordinación sanitaria establecidos por las iglesias. A fin de dar seguimiento a esta tarea, la Unidad ha hecho hincapié en las visitas a las asociaciones cristianas de salud (ACS), los contactos con las organizaciones donantes y consultivas, la participación en la evaluación de determinados aspectos de los servicios de salud, y el intercambio de información y la promoción de perspectivas de las iglesias en los foros mundiales dedicados a asuntos de salud. Un logro modesto pero significativo fue la publicación de un directorio de ACS en 1996.

En 1995 tuvo lugar en Tanzanía una consulta mundial de organismos de coordinación sanitaria para examinar el cumplimiento de los acuerdos alcanzados en una reunión similar celebrada en Nueva Delhi en 1991. Los organismos participantes estudiaron la cuestión de las perspectivas y los valores cristianos respecto a la salud y la curación en situaciones de depresión económica y casos de programas de ajuste estructural, y se comprometieron a un mayor apoyo mutuo.

Complementando los esfuerzos mencionados, dirigentes de las ACS y ministerios de salud denominacionales de África occidental se reunieron en Togo en 1996 para examinar las características de los sistemas nacionales de salud y la contribución de las iglesias a ese respecto. Se prestó especial atención al contexto multirreligioso de los programas considerados.

Se emprendió un estudio de tres años de duración de determinados servicios de salud relacionados con las iglesias de once países de África y Asia en un esfuerzo por determinar qué es lo que los hace viables, habida cuenta de las demandas y las condiciones socioeconómicas actuales. En el estudio se procuró identificar modelos y factores que determinan un probable "éxito" así como averiguar qué es lo que "los más eficaces" hacen de manera diferente y cómo lo hacen. Se espera que el informe correspondiente (que será conocido a fines de 1998) sea útil particularmente para los hospitales "en situación de riesgo".

Programa de productos farmacéuticos. El equipo de salud realizó un enorme trabajo mediante un programa farmacéutico destinado a hacer tomar conciencia del tema de los medicamentos esenciales y promover la formación en el uso racional de los medicamentos. El programa intensificó su trabajo de acompañamiento a las iglesias, sobre todo en África, abordando temas tales como la privatización de la atención de salud, los donativos de medicamentos, la gestión famacéutica y la compra conjunta de medicamentos. También se hizo hincapié en el desarrollo de los recursos humanos locales a través de talleres nacionales.

Debido a consideraciones financieras y de otra índole, se decidió trasladar este programa altamente eficaz a África, en forma de programa copatrocinado, bajo la responsabilidad conjunta de una red de asociados. Desde junio de 1997, el programa opera desde Nairobi, manteniendo al mismo tiempo una vinculación con el CMI.

Estudio sobre el SIDA
Solicitado por el Comité Central en 1994, el estudio sobre el SIDA fue uno de los logros más reconocidos de la Unidad durante este período. El CMI ya había entablado relaciones importantes e iniciado una labor significativa en esta esfera, pero su ámbito se amplió considerablemente en respuesta a los pedidos de ayuda de las iglesias para hacer frente al dolor, el miedo y la ignorancia anejos al SIDA. El grupo consultivo encargado de llevar adelante el estudio planificó un proceso de dos años, durante los cuales -a través del trabajo de subgrupos- se abordaron los ámbitos de teología y ética, la atención pastoral y la iglesia como comunidad terapéutica, y la justicia y los derechos humanos. Cada subgrupo elaboró su propia metodología, sin dejar de aprovechar el trabajo realizado por otros e incorporando además a las comunidades locales y las personas afectadas por la pandemia de SIDA.

En las etapas finales del estudio, la Comisión acordó la preparación de una concisa declaración sobre el VIH/SIDA que pudiese comunicarse a las iglesias; en setiembre de 1996, el Comité Central aprobó la declaración "El SIDA: respuesta de las iglesias", y recomendó el informe del estudio a las iglesias.

Love in a Time of AIDS: Women, Health and the Challenge of HIV ( El amor en tiempos de SIDA: las mujeres, la salud y el desafío del VIH/SIDA) por Gillian Paterson, se publicó en la Risk Book Series del CMI. En 1998 se espera publicar una guía de estudio sobre temas relacionados con el SIDA destinada a las congregaciones. Los problema relacionados con el SIDA fueron también el tema de varias consultas en las que se examinó la respuesta de las iglesias a ese tremendo desafío. De particular importancia en este sentido fueron las consultas con las iglesias de Rumania (1997) y con representantes de las iglesias ortodoxas de África (1998).

Si bien la Unidad continúa respondiendo a los pedidos de materiales para ayudar a los ministerios de las iglesias que se ocupan del SIDA, el verdadero éxito de este trabajo radica en que son ahora ellos mismos quienes lo llevan a cabo en su mayor parte.

Formación de Todo el Pueblo de Dios

En su empeño por cumplir el mandato de colaborar con las iglesias para que todo el pueblo de Dios pueda crecer en la fe con miras al testimonio y el servicio comunes en el mundo, la Unidad se basó en un rico legado de actividades educativas realizadas dentro y por intermedio del CMI. Ese legado tuvo nueva expresión en varias importantes actividades en la esfera de la educación.

La educación cristiana en Europa central y oriental . El programa de Educación recogió esta urgente preocupación, que había sido planteada por primera vez en la reunión del Comité Central celebrada en Moscú (1989): se necesitaba la ayuda concentrada de la familia ecuménica para las iglesias de Europa central y oriental, en un momento en que éstas padecían graves carencias en materia de educación y formación en la etapa poscomunista.

El programa comprendía tres fases, dándose prioridad, al principio, a las iglesias ortodoxas:

  • Elaboración de programas de estudios. En 1994 se llevó a cabo en Chipre un importante simposio en el que participaron representantes de iglesias ortodoxas para analizar el estado de la educación cristiana en las iglesias en contextos poscomunistas, examinar logros y perspectivas, y establecer pautas para un programa de educación religiosa ortodoxa.
  • Formación de líderes y educadores. Diez personas participaron en un programa de contactos de un mes realizado a mediados de 1994 en parroquias, talleres, centros monásticos y un instituto litúrgico-pastoral de los Estados Unidos. El objetivo era ampliar sus perspectivas y posibilidades, y capacitarlas para ser multiplicadoras de esa experiencia.
  • Diseño/redacción de cursos. Profesores de religión y diseñadores y redactores de textos de enseñanza se reunieron en un taller en Finlandia (1995) para aplicar teorías y metodologías al planeamiento, la redacción y la presentación concretos de las lecciones.

Este amplio esfuerzo contribuyó sensiblemente al considerable avance de las distintas iglesias ortodoxas en la realización de su ministerio docente. Lamentablemente, gran parte del trabajo con otras iglesias de la región debió ser postergado en espera de que mejorara el clima ecuménico a nivel local. No obstante, los continuados esfuerzos realizados en Polonia y la República Checa acabaron por fructificar en importantes iniciativas.

Se espera dejar este programa en manos de las iglesias ortodoxas mediante la creación de un centro interortodoxo de documentación y formación en 1999.

Educación cristiana en sociedades religiosa y culturalmente pluralistas. El reto de afirmar la identidad cristiana manteniéndose sensible y abierto al prójimo de otras religiones en un contexto pluralista ha pasado a ser una preocupación prioritaria del ministerio de educación de muchas iglesias en los últimos años. La Unidad ha asumido un papel preponderante, promoviendo nuevos enfoques de este tema. Su programa tenía dos componentes: uno dirigido a los maestros de escuelas dominicales, maestros de religión en colegios, educadores de adultos, colaboradores de las parroquias, redactores de programas de estudios y profesores de seminarios; el otro destinado a mujeres especializadas en distintos aspectos del trabajo de la mujer, mujeres profesionales y amas de casa que viven en contextos interreligiosos.

Durante 1994 y 1995 se celebraron reuniones en Oriente Medio, África, Asia, Estados Unidos, Europa y las repúblicas del Asia central. Cabe destacar especialmente la reunión de Tashkent, en la que por primera vez dirigentes religiosos y docentes cristianos y musulmanes se sentaron juntos para examinar medios de aprender acerca de sus respectivas religiones e iniciar un proceso de educación y formación. El paso siguiente de este trabajo con las regiones será ayudar a las iglesias a evolucionar hacia modelos y enfoques educativos interreligiosos.

Se realizó un fructífero trabajo a través del programa para las relaciones entre cristianos y musulmanes en África (Procmura), que alentó la celebración de reuniones y talleres para que mujeres cristianas y musulmanas de nivel de base consideraran los aspectos religiosos y otros aspectos de la salud de la mujer y aprendiesen a convivir con personas de diferentes religiones.

Además, el equipo de educación continuó proporcionando recursos humanos y conocimientos técnicos sobre metodologías educativas y elaboración de programas de estudios para la convivencia en contextos multirreligiosos a varias instituciones, movimientos educativos y órganos ecuménicos.

Espiritualidad ortodoxa e imágenes de la mujer. En cooperación con el Instituto Ecuménico de Bossey, el programa de Educación organizó una serie de tres seminarios en los que participaron mujeres ortodoxas y no ortodoxas (y algunos hombres), con el propósito de que aprendiesen y se apoyasen mutuamente. El tema del último seminario (1997) fue "La autoridad y la comunidad de mujeres y de hombres". El programa asignó un lugar importante al intercambio de experiencias de la vida cotidiana, previéndose que las mujeres relataran historias de espiritualidad de sus respectivos contextos.

Educación familiar. El trabajo programático en esta esfera continuó hasta 1994. En ese momento, la disminución de personal hizo que la Unidad revisara la naturaleza de su papel en la educación familiar. Luego de esta evaluación, se decidió no mantener el cargo. En 1993 se publicó un manual para trabajadores pastorales titulado Crisis and Caring in the Family (Crisis y atención en la familia).

Se realizaron más tarde dos importantes reuniones sobre temas relativos a la educación familiar. La primera (1995) examinó algunos de los problemas más apremiantes relativos a la familia. La segunda (1997) se ocupó de las estrategias, métodos y materiales que utilizan las iglesias en la educación familiar. Asimismo, se analizó de qué manera los educadores pueden acompañarse mutuamente dentro y más allá de sus respectivas regiones, y qué orientaciones podrían darse a los que están introduciendo o desarrollando programas en esta esfera.

Educación popular de adultos. Inspirado en el legado de Paulo Freire sobre la alfabetización de adultos y la "educación liberadora", este programa acompañó varias iniciativas de educación popular, sobre todo en el Sur. Se prestó apoyo a la formación de líderes mujeres y jóvenes, la educación para la democracia y la evaluación de metodologías de educación popular.

En 1994, se llevó a cabo un gran proyecto de evaluación de los distintos enfoques de la educación popular en África, Asia y América Latina. Uno de los resultados destacados de esta evaluación fue una consulta interunidades (1995) que dio lugar al informe "Living in Spaces with Open Doors" (Vivir en espacios con puertas abiertas), en el que se indican posibles orientaciones futuras de la educación popular de adultos y se subraya la importancia de la diversidad cultural en esa educación, particularmente en relación con las mujeres.

A causa de la superposición de este programa con programas similares de otras unidades (especialmente la Unidad III) , sumada a la crisis financiera, se decidió no proveer el cargo que quedaría vacante a principios de 1996. Es de esperar que luego de la Asamblea se pueda volver a atribuir a este programa la importancia que tenía.

Creación de redes e iniciativas en colaboración. En los últimos años se ha observado un notable incremento de los contactos así como fructíferos intercambios con movimientos, instituciones y organismos que se ocupan de la educación. Especialmente importante fue el encuentro con superiores de congregaciones religiosas en Roma (1996) con el fin de examinar los objetivos de las instituciones educativas relacionadas con las iglesias. Esa reunión, cuyo anfitrión fue el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, será seguida por un segundo encuentro a mediados de 1998 en Ginebra.

Education Newsletter. La Unidad continuó publicando este boletín entre dos y tres veces por año, como una manera de estimular la reflexión sobre las dimensiones de la educación. El boletín, que fue evaluado en 1997, trata generalmente temas específicos, y este enfoque parece ser bien recibido por su amplia gama de lectores. Se está estudiando la posibilidad de difundir el boletín y otros materiales educativos a través de la Internet.



El objetivo de este informe ha sido resumir lo esencial del trabajo de la Unidad en un período marcado por cambios y ajustes de gran alcance. Aunque la reducción de personal hizo necesario reorientar o disminuir muchos esfuerzos importantes, la Unidad logró cumplir sustancialmente sus mandatos fundamentales.

Actualmente se llevan a cabo intensos debates y preparativos para conseguir una transición sin problemas hacia la nueva estructura del CMI, lo que permitirá que el rico bagaje de conocimientos y experiencia ya adquirido se exprese de maneras nuevas y creativas, en provecho de las iglesias y el Movimiento Ecuménico al acercarse al fin del siglo.



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