Cincuenta Aniversario y Octava Asamblea del CMI
Crónica mensual
no. 5
UNA LABOR SANTA
Las iglesias ortodoxas, el CMI y la próxima Asamblea
Peter Bouteneff


Pulsen aquí para leer el texto in English en français auf Deutsch


Presentes desde el comienzo
En 1920, mucho antes de la Fundación del Consejo Mundial de Iglesias, el Patriarcado Ecuménico dirigió una encíclica "A las iglesias de Cristo en todo el mundo". Era un llamamiento del primer patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Oriente a todas las iglesias cristianas para que, dejando de lado toda desconfianza y amargura, examinaran juntas la naturaleza de la comunión que existe entre ellas a pesar de las diferencias doctrinales. En esa encíclica se instaba a tomar varias medidas concretas a fin de estrechar las relaciones entre las iglesias, y, en particular, a entablar relaciones e intercambios de índole diferente en amplios sectores de la vida eclesial. Entre estas propuestas prácticas se destacaba la formación de una "liga" o "comunidad", siguiendo el ejemplo de la recién fundada Sociedad de las Naciones.

Así pues, los ortodoxos estaban en el centro de la "efervescencia del ecumenismo", a comienzos del siglo XX, y ayudaron a promover la formación y la consolidación de los movimientos que, en 1948, aunaron sus fuerzas para constituir el Consejo Mundial de Iglesias.

La delegación ortodoxa en la Primera Conferencia Mundial de Fe y Constitución, Lausana, 1927.
(Tema Photo Oikoumene: Christian families/Orthodox)
Sólo siete años después de la publicación de la encíclica, la delegación ortodoxa en la Primera Conferencia Mundial de Fe y Constitución, celebrada en Lausana, en 1927, presentó una declaración oficial. En esta Conferencia inaugural de la Comisión de Fe y Constitución, "ala teológica" del Movimiento Ecuménico, los ortodoxos dijeron que aunque habían venido y participado "inspirados por un sincero sentimiento de amor y por el deseo de llegar a un entendimiento", habían comprobado con pesar que el contenido de los informes oficiales no concordaba con la concepción que tenía de sí misma la Iglesia Ortodoxa. Por esta razón, se veían obligados a abstenerse de votar en la conferencia.

Cabe destacar, pues, que desde los comienzos, las relaciones de los ortodoxos con el ecumenismo moderno se han caracterizado al mismo tiempo por el entusiasmo y el malestar, la alegría y el pesar, el estímulo y la crítica. Para poder explicar esta paradoja, pienso que sería útil que, como cristiano ortodoxo, comience por presentar a los ortodoxos.

¿Quiénes son los ortodoxos?
La palabra "ortodoxo" -que viene del griego y significa "creencia verdadera" o "gloria verdadera"- califica a dos grandes familias de iglesias autocéfalas (con gobierno propio), generalmente llamadas "ortodoxas" (calcedonias) y "ortodoxas orientales" (no calcedonias), que se consideran a sí mismas en una ininterrumpida continuidad con la iglesia primitiva establecida por Cristo y sus apóstoles. Las dos familias dividieron su comunión en el siglo V debido a una serie de razones de orden cultural, político y teológico. (Y si cabe esperar una reconciliación en un futuro próximo entre estas dos familias se deberá en gran parte a lo que hemos aprendido unas de otras gracias a nuestra participación en el Movimiento Ecuménico.) Históricamente, las "iglesias ortodoxas" (calcedonias) están establecidas en Asia menor, Grecia, Rusia, los Balcanes y Oriente Medio, en tanto que las "iglesias ortodoxas orientales" (no calcedonias) se encuentran en Armenia, Asia menor, Oriente Medio, India, Egipto y Etiopía. Sin embargo, debido, sobre todo, a los desplazamientos cada vez más frecuentes de poblaciones en el siglo pasado, la presencia ortodoxa se manifiesta en todo el mundo, con comunidades importantes y misiones florecientes en los cinco continentes.


La Iglesia Ortodoxa Armenia forma parte del grupo de iglesias ortodoxas de oriente (no calcedonias) mientras que...
(Tema Photo Oikoumene: Christian families/Orthodox; no. de ref.: 5852-2)

... la Iglesia Ortodoxa Rusa forma parte de las iglesias orthodoxas (calcedonias).
(Tema Photo Oikoumene: Christian families/Orthodox; no. de ref.: 6987-0a)

Los primeros tiempos de la Iglesia Ortodoxa tienen para nosotros una gran importancia y no sólo porque son antiguos. Como ortodoxos creemos en la continuidad de la fe, de la enseñanza y en una comunidad que existe desde que se formó la iglesia cristiana, y creemos, además, que esa continuidad es tangible y localizable. Cuando confesamos en el Credo Niceno-Constantinopolitano que creemos en "que la Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica", nos vemos a nosotros mismos como esa iglesia. Esto no significa que los ortodoxos limiten toda la verdad, toda la realidad de la iglesia, y toda la actividad del Espíritu Santo a su Iglesia. Pero sí creemos que los cismas históricos que han hecho que el cristianismo mundial esté actualmente tan dividido, se deben a una separación de las "creencias verdaderas" de la Ortodoxia. Es necesario aclarar este punto, porque es causa de una de las mayores dificultades en el encuentro entre ortodoxos y no ortodoxos y entre los ortodoxos y las instituciones ecuménicas.

La Iglesia, las iglesias y el Consejo Mundial de Iglesias
La palabra "ecuménico" procede del griego "oikoumene" que significa "todo el universo". Así pues, ecuménico significa universal. Sin embargo, aunque la palabra "oikoumene" predomine en el lenguaje del CMI, y figure incluso en su logotipo, las iglesias miembros la interpretan de diferentes formas. Simplificando, podríamos decir que para muchas personas, las iglesias cristianas de todas las tradiciones que existen actualmente -protestante, católica y ortodoxa- constituyen juntas la "iglesia universal". Pero para nosotros, los ortodoxos, la Iglesia Ortodoxa es la Iglesia Universal. Por lo tanto, para que sea posible una mayor unidad, el amplio consenso que existe dentro de la Iglesia Ortodoxa sobre las cuestiones de fe y de vida eclesial debería ser compartido por las otras iglesias. (Los católicos romanos consideran a su iglesia, y la unidad de la iglesia, de la misma forma.)

Sin embargo, reiteramos que los ortodoxos no limitan toda la verdad y la gracia a su propia iglesia. Y es precisamente el gozoso descubrimiento de todo lo que tenemos en común con otras tradiciones cristianas (como la fe en un Dios trinitario único, la fe en Jesucristo como Señor y Salvador) así como la identificación constructiva de lo que, en nuestra fe y nuestra vida, también es causa de división entre los cristianos en el día de hoy, que constituyen la razón de ser de nuestra participación en el Movimiento Ecuménico. Sin embargo, la tensión fundamental que existe entre estas dos concepciones de la iglesia universal, o "ecuménica", está en el centro mismo del ecumenismo moderno. Aunque, desde sus comienzos, esta cuestión ha sido abordada con mucho cuidado en los documentos normativos del CMI, sigue habiendo malentendidos y falta de sensibilidad, por no decir desinformación (por parte de los grupos ortodoxos y no ortodoxos que son exteriormente hostiles al CMI), en torno a esa tensión.

Tiempos decisivos
Estos son tiempos decisivos en la relación entre las iglesias ortodoxas y el CMI. Un signo doloroso de las tensiones que parecen ser cada vez mayores en estos últimos años fue la decisión de la Iglesia Ortodoxa de Georgia, en mayo de 1997, de retirarse del CMI. Todas las iglesias ortodoxas, sin excepción, juntas y por separado, están actualmente en un proceso de seria reflexión en relación con la naturaleza y el objetivo de su participación en el ecumenismo institucionalizado. ¿Cuáles son algunas de esas tensiones?

La situación ortodoxa
Muchas de las dificultades se han originado tras los recientes acontecimientos a nivel político. La caída del comunismo ha tenido como resultado un aumento repentino de la libertad religiosa y de las consiguientes oportunidades que ha inducido un reavivamiento de la espiritualidad y la vida eclesial, pero, al mismo tiempo, asistimos a un aumento del nacionalismo y la xenofobia, que impiden una actitud receptiva en relación con los esfuerzos ecuménicos. Entre los ortodoxos de Occidente, cabe señalar otras consideraciones que pueden contribuir a fomentar la desconfianza o la hostilidad por lo que respecta a la cooperación entre cristianos: emigrantes de países predominantemente ortodoxos, al igual que conversos de iglesias no ortodoxas, definen, a veces, su identidad ortodoxa destacando de igual manera lo que son y lo que no son. A todo esto podemos añadir también el creciente fundamentalismo que es un fenómeno mundial y atraviesa las fronteras confesionales.

El problema del proselitismo
Algunos ortodoxos piensan que la participación en el ecumenismo significa la aceptación del proselitismo. Creen que el ecumenismo, que entraña receptividad para con las diferentes iglesias cristianas, también significa una aprobación de la práctica de enviar misioneros a países con mayoría ortodoxa para "robar ovejas" o convertirlas, incitándolas a abandonar la ortodoxia. De hecho, como el proselitismo es, por naturaleza, una empresa claramente antiecuménica, el CMI ha condenado reiteradamente y concretamente esta práctica.

El clima en el CMI
En general, muchos ortodoxos tienen una dificultad cada vez mayor en adherirse a lo que ellos consideran como la idiosincracia y el programa del CMI. Cuando se examinan temas teológicos, sociopolíticos o morales/éticos, algunos tienen la impresión de que prácticamente no hay límites en la diversidad que se tolera. Para muchos, aunque el CMI no propone ni impone ninguna orientación propia, existe una tendencia de facto a empujar a los que sostienen posiciones teológicas o morales más conservadoras a colocarse a la defensiva. Existe una fuerte tendencia a celebrar el culto en las reuniones ecuménicas de formas que son ajenas a la sensibilidad ortodoxa. En breve, digamos que los participantes ortodoxos en el CMI tienen la impresión de que, debido a diversos factores, ellos son una minoría, a veces simplemente un grupo de interés especial, en medio de una amplia mayoría de protestantes.

(Teniendo en cuenta el otro lado de la balanza, es necesario reconocer que, desde la perspectiva de los no ortodoxos en el CMI, nosotros, los ortodoxos, podemos suscitar sentimientos de frustración cuando no de decepción. Nuestra identificación con la iglesia universal puede parecer arrogante, nuestra forma de trabajo puede parecer incoherente e irracional, así como nuestro pensamiento arcano y poco propenso a la autocrítica. Y a veces comprendemos sin dificultad cómo se perpetúa esa imagen que presentamos de nosotros mismos.)

Sin embargo, no sólo los ortodoxos viven esas tensiones y malestar, aunque, en cierta medida, constituyen el organismo de iglesias miembros del CMI que experimenta de manera más clara esas tensiones hasta el punto de que, en el caso de muchas iglesias, está en peligro su propia condición de miembro.

Una asamblea decisiva
Si estos son tiempos decisivos en la relación de las iglesias ortodoxas con el CMI, la próxima Octava Asamblea del CMI que se celebrará a finales de este año en Harare, constituirá también un momento decisivo. En un acontecimiento de esta índole habrá oportunidades de comunión y de descubrimiento, pero también puede dar lugar a una exacerbación de los problemas que he expuesto anteriormente. Como en asambleas pasadas, el culto tendrá un carácter a veces acogedor y a veces alienante. Una vez más, no habrá una celebración común de la eucaristía -la concepción ortodoxa del sacramento de comunión (que se considera la expresión suprema de la unidad en la fe) prohíbe compartir el sacramento con los que no son ortodoxos- y será nuevamente para todas las partes un motivo de dolor.

La Asamblea de Harare ofrecerá como atracción principal un foro abierto llamado "Padare" (palabra shona que significa "lugar de reunión"), y muchas de las cuestiones que se presentarán en ese foro pueden ser difíciles de entender o de aceptar para muchos ortodoxos. Aunque, oficialmente, el CMI no asume ninguna responsabilidad en relación con las presentaciones que tendrán lugar en el Padare, no será fácil distinguir entre el aspecto público de la Asamblea y las orientaciones del CMI. Y ya han comenzado a surgir problemas a este respecto: por ejemplo, algunas iglesias han reaccionado enérgicamente contra la autorización dada por el CMI a ciertos grupos homosexuales de presentar contribuciones en el Padare.

Por otra parte, la declaración normativa más reciente del CMI, Hacia un Entendimiento y una Visión Comunes del CMI, constituye un aspecto prometedor. Se trata de un documento que es fruto de una seria reflexión y ha sido redactado con mucho cuidado, y que refleja, al mismo tiempo, un proceso de reestructuración que afecta a todos los niveles de la actividad del CMI. Este proceso de evaluación y de adopción de medidas, que se examinará y aprobará en la Asamblea, puede ser portador de una relación más gratificante entre las iglesias ortodoxas y las otras iglesias del CMI.

Conclusión
Alegrías y penas
Los ortodoxos participarán en la próxima Asamblea en Harare y la observarán con mezclados sentimientos de esperanza y aprehensión, aceptación y crítica, esa paradójica mezcla de entusiasmo y consternación que ahora sabemos no es nada nuevo. Pero también sabemos que las tensiones están a un nivel muy alto.

¿Por qué continuar en el Consejo?
Habida cuenta del cuadro más bien desolador que he presentado, uno podría preguntarse con razón si yo pienso que los ortodoxos deberían seguir siendo miembros del Consejo. La respuesta es sí. La labor en favor de la plena unidad visible de los cristianos es una labor santa. Aunque nosotros como ortodoxos consideramos que la iglesia universal se encuentra dentro de la comunión de nuestra iglesia, daríamos pruebas de impiedad si no miráramos fuera de nuestra iglesia para afirmar y comprometernos con todo lo que, en los otros, es real y bello, con todo lo que viene de Cristo. Todos compartimos la responsabilidad ante Dios de discernir los factores de desunión entre cristianos que se deben meramente a malentendidos o a causas históricas y culturales de lo que corresponde al nivel de la teología y de la vida. En cierta medida, todo esto podría ser posible sin el Consejo Mundial de Iglesias. Pero el CMI es un instrumento único, la comunidad mundial más amplia que tenemos.


Una joven con su hijo en un hogar para madres solteras en San Petersburgo, Rusia, dirigido por un comité ecuménico.
(WCC/Peter Williams)
Los ortodoxos que tienen un sentimiento ambivalente en relación con el esfuerzo ecuménico, olvidan a menudo todo lo que sus iglesias se han beneficiado desde un punto de vista material de la asistencia que han recibido por medio del CMI. A parte de este hecho importante aunque prosaico, la posibilidad de encuentro con otros cristianos nos ayuda a avanzar en la renovación de la vida de nuestra iglesia que hoy tanto necesitamos. Cuando vamos a los foros entre cristianos a predicar nuestra gloriosa teología, salen a la luz nuestras fallas en el esfuerzo para vivir con arreglo a esa teología.
Y aunque no queramos admitirlo, muchos de los temas sociopolíticos y éticos/morales que están en el centro del programa de las actividades del CMI también deberían estar más en el centro de nuestras preocupaciones.

Las relaciones entre los ortodoxos y el Consejo Mundial de Iglesias suscitan esperanzas y problemas que surgen de todas partes. ¡Sin embargo esperamos que esta relación continúe con osadía, coraje, honestidad y buena voluntad!


El Dr. Peter Bouteneff es miembro de la Iglesia Ortodoxa en América y es uno de los secretarios ejecutivos de Fe y Constitución.


Información para jefes de redacción y periodistas

Peter Bouteneff queda a disposición para cualquier consulta o comentario. Periodistas de radio: tomen nota de que, a efectos de esas entrevistas, hemos instalado una línea RDSI en nuestro estudio de radio utilizando un Codec CCS M66I de 64K.

Si desean reproducir el artículo, deberán especificar el nombre del autor. Si lo desean también pueden acortar el artículo pero deberán añadir una nota explicativa. Les rogamos nos envíen un ejemplar de esas publicaciones para nuestros archivos. Muchas gracias.

También pueden solicitar fotografías para acompañar el artículo de Peter Bouteneff. El uso de las fotografías es gratuito siempre y cuando acompañen el artículo. Para otros usos se aplicarán las tarifas usuales del CMI.

Pueden obtenerse reproducciones de buena calidad de las fotografías que acompa&ntidle;an este texto mediante Internet o por correo normal. Para encargar una fotografía via Internet, puslen la foto de su elección, que les remitirá a nuestra página de entrada de Photo Oikoumene. Pulsen el tema correspondiente en el índice de Photo Oikoumene. Una vez ubicada su foto, completen el formulario anexo. Photo Oikoumene les enviará la fotografía por correo electrónico como archivo en anexo (resolución en 300 dpi, formato JPEG).

Si desean que les enviemos una diapositiva en color o una copia en color o en blanco y negro por correo normal, hagan una solicitud por correo electrónico a photo. Para cualquier pedido sírvanse especificar las siguientes referencias:

Delegación ortodoxa, Lausana 1927
Iglesia Ortodoxa Armenia, Nagorno-Karabagh (5852-2>
Iglesia Ortodoxa Rusa (6087-0A)
Madre soltera, San Petersburgo, Rusia (6118-5)

Si lo desean pueden telecargar los logotipos de la Asamblea y del 50 aniversario directamente de esta página; también podemos enviárselos por correo aéreo.

John Newbury
Responsable de Prensa e Información del CMI
Apartado 2100
CH-1211 Ginebra 2
Teléfono: (+41.22> 791 61 52/51
Fax: (+41.22) 798 13 46
Correo electrónico: media
Vuelta al índice de los Crónicas mesuales
Vuelta al índice de los documentos sobre la Asamblea
Vuelta a la página del CMI