Cincuenta Aniversario y Octava Asamblea del CMI
Crónica mensual
no. 3
¿Por qué una Asamblea?
porJean Stromberg


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Cincuenta años después de la Asamblea inaugural, celebrada en Amsterdam, el Consejo Mundial de Iglesias está preparando su Octava Asamblea. Esta Asamblea, cuyo tema será "Buscad a Dios con la alegría de la esperanza", tendrá lugar en Harare (Zimbabwe) del 3 al 14 de diciembre del año en curso.

Entonces
En 1948, el motivo para celebrar una asamblea estaba clarísimo: las iglesias se reunían para dar expresión visible a su búsqueda de la unidad. Fue un acontecimiento precursor, resaltado por el hecho mismo de ocurrir en los primeros años siguientes a la guerra mundial. Cincuenta años y siete asambleas después, el motivo que pueden tener las iglesias miembros del Consejo para celebrar una Asamblea no es tan evidente.

Las películas filmadas en la Asamblea de Amsterdam de 1948 ofrecen curiosas imágenes de una época diferente: desde la propia cinta, parpadeante, en blanco y negro, hasta las pesadas máquinas de escribir del servicio de mecanografía. Los días que se necesitaban para viajar a Amsterdam y el gran volumen del material preparatorio que debía leerse antes de la reunión hablan de un tiempo en el que la vida se movía a un ritmo muy distinto. El entusiasmo por los contactos internacionales, lo mismo que el optimismo, inseparable de los primeros encuentros entre cristianos de distintas confesiones, hicieron que aquella reunión mundial de las iglesias fuera un nítido primer paso hacia la unidad.

Amsterdam 1948
Ahora
En 1998, sin embargo, ya es habitual que los cristianos oren junto con cristianos de otras confesiones. Los viajes internacionales forman parte de la vida de un creciente número de personas. Las pantallas de televisión llevan a los hogares imágenes de todas partes del planeta. Las nuevas tecnologías de la comunicación y las redes de información facilitan contactos y recursos con los que ni siquiera se soñaba unos pocos años atrás.

¿Una solución mejor?
Después de tantos cambios ocurridos en estos 50 años, ¿siguen siendo útiles los grandes encuentros mundiales? ¿Hay acaso alguna alternativa a este tipo de reuniones, costosas y a menudo pesadas, a las que asisten personas procedentes de más de 100 países? ¿Sigue siendo necesario que el Consejo Mundial de Iglesias celebre una Asamblea?

Creo que sí. La Constitución del CMI prescribe que los delegados elegidos por las iglesias miembros se reúnan en asamblea cada siete años para elegir el Comité Central, examinar la aplicación de las políticas anteriormente adoptadas y determinar las políticas futuras.

Pero esta es una respuesta constitucional y, aún siendo correcta, no muy satisfactoria. Tal vez la Constitución, que data de 1948, no responde a los nuevos tiempos.

Encontramos una respuesta más contundente en la reacción ante una reciente propuesta, dimanante del proceso de estudio Hacia un entendimiento y una visión comunes del Consejo Mundial de Iglesias, encaminada a que el CMI dejara de celebrar asambleas.

Las iglesias miembros rechazaron abrumadoramente esa propuesta. Muchos de los que respondieron consideraban que la celebración de una Asamblea tenía que ver con la justificación misma de la existencia del Consejo Mundial de Iglesias. "Es en la Asamblea", manifestaba un dirigente eclesiástico, "en su amplia, aunque aún incompleta, reunión de personas en el culto y la oración común, donde más nos acercamos a la experiencia de la unidad visible de las iglesias."

De las numerosas respuestas recibidas se desprende claramente que el deseo expresado en Amsterdam de reunirse como señal visible de la unidad cristiana sigue siendo un motivo fundamental para las iglesias miembros que acudirán a la Asamblea de 1998.

El culto
Participar en los servicios de culto ecuménico en una Asamblea ha sido para muchos un anticipo de lo que imaginan o esperan que sea la unidad de los cristianos. Durante dos semanas, la Asamblea se convierte en una comunidad mundial de culto, donde resuenan cantos y se escuchan oraciones de muchas tradiciones y se realizan gestos simbólicos que trascienden el lenguaje. Esta comunidad reunida experimenta la libertad de transponer las fronteras culturales, confesionales y lingüísticas que habitualmente definen el culto congregacional.

"¡Participar en una Asamblea cambió mi vida!", es el testimonio frecuente en boca de personas que, como delegados, observadores o visitantes, han participado en la vida de una Asamblea. Esas personas piden encarecidamente que la experiencia continúe para que otros puedan vivirla.

La diversidad
Además de ser una expresión visible de la unidad cristiana, la Asamblea incorpora la rica diversidad de la iglesia del mundo entero. No siempre ha sido así. La solemne procesión, principalmente compuesta de hombres blancos y mayores con indumentaria clerical, que entraba en 1948 en la catedral de Amsterdam contrasta vivamente con la maravillosa pléyade de personas de diferentes países y culturas así como con la significativa presencia de mujeres y, cada vez más, de jóvenes que se darán cita en Harare.

Esta diversidad, a veces, puede parecer caótica. Algunos quizá incluso añoren los días en que había una teología "universal", cuando reconocidos expertos podían hablar con autoridad en nombre de todos. Así ocurrió con la preparación de la Asamblea de Evanston de 1954, para la que 24 eminentes teólogos trabajaron durante tres años en la elaboración del volumen preparatorio. ¡Hoy hay muchas más voces que escuchar!


Evanston 1954
La rica diversidad actual de las asambleas del CMI hace posible compartir sin exclusiones, como nunca antes, las muchas perspectivas de las iglesias del mundo entero. Tener en el mismo grupo de estudio bíblico de la Asamblea un sacerdote ortodoxo copto, un pastor pentecostal peruano, un maestro laico coreano así como otras personas procedentes de situaciones únicas y con experiencias únicas significa comenzar a experimentar la riqueza de la lectura de la Biblia desde la perspectiva del prójimo. Todos viven algún cambio en un encuentro de esta clase. Nadie está en el "centro", ni tiene toda la verdad. Cada uno llega a darse cuenta de la necesidad que tiene del prójimo para conocer a Dios más plenamente.

La memoria histórica
La reciente petición general de que se continúen celebrando asambleas del CMI es también un reconocimiento de la influencia que estas reuniones tienen a lo largo de los años. Las ciudades en que tuvieron lugar las asambleas anteriores -Amsterdam, Evanston, Nueva Delhi, Uppsala, Nairobi, Vancouver, Canberra - se recuerdan en la historia del ecumenismo como sinónimo de importantes reflexiones sobre un aspecto particular del pensamiento cristiano o de acertadas medidas que las iglesias supieron adoptar juntas.


Nueva Delhi 1961

Uppsala 1968
La Asamblea de Uppsala, por ejemplo, está inseparablemente vinculada a la preocupación por erradicar el pecado del racismo y a la iniciativa de poner en marcha el Programa de Lucha contra el Racismo. La imagen con que se asocia a la Asamblea de Vancouver de 1983 es la de la carpa de culto a rayas, que pone de relieve el lugar central que ocupó el culto en esa Asamblea, como lo sigue ocupando hoy cada vez más en la continua búsqueda de la unidad. En la carpa de Vancouver, el Arzobispo de Canterbury celebró la Eucaristía utilizando por primera vez en una Asamblea la Liturgia de Lima, fruto del histórico documento de convergencia sobre las tres cuestiones que tradicionalmente han dividido a la Iglesia: Bautismo, Eucaristía y Ministerio.


Nairobi 1975

Vancouver 1983

Canberra 1991
La Asamblea en pantalla
Las nuevas tecnologías de la comunicación y las redes de información, contrariamente a las previsiones de que podrían convertir las asambleas en cosa del pasado, están potenciando su eficacia. La preparación de una Asamblea puede ser hoy mucho más incluyente e interactiva en cada una de sus etapas. Los grupos de estudio locales, en todos los lugares del globo, no son únicamente una posibilidad sino una realidad creciente a medida que las cuestiones mundiales se interiorizan en las situaciones locales, con la ayuda de las nuevas redes de información.

La propia Asamblea no tiene por qué ser un acontecimiento distante al que asisten unos pocos representantes. Puede incorporarse a la vida de la iglesia gracias a la accesibilidad de los materiales, el intercambio de experiencias y la vinculación de los grupos de debate. En cuanto a la Asamblea de este año, quienes tienen acceso a Internet podrán seguir los acontecimientos día a día consultando el sitio web del CMI.

¿Convencidos?
¿Siguen siendo necesarias las asambleas? ¿Ha encontrado el Consejo Mundial de Iglesias otras soluciones?

No hay nada comparable actualmente en el horizonte que ofrezca una experiencia con tales posibilidades de cambiar la vida o que estimule la amplitud de la reflexión teológica. Nada hay aún que ofrezca una expresión tan clara y visible de la unidad que buscan las iglesias. Lo que hace mucho el Arzobispo William Temple llamó el "gran hecho nuevo de nuestro tiempo" sigue teniendo su expresión más plena en una Asamblea.

Jean Stromberg es Directora de la Oficina de Nueva York (Estados Unidos) del Consejo Mundial de Iglesias y Coordinadora de la Octava Asamblea.


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Amsterdam 1948 (1646)
Evanston 1954
Nueva Delhi 1961
Uppsala 1968
Nairobi 1975
Vancouver 1983 (2383-16)
Canberra 1991 (5050-29A)
Jean Stromberg (6216-16)

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John Newbury
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